Martes, 12 de noviembre de 2019

Metáfora

Leí  hace unos días en una entrevista que la hacían a una señora al regreso de sus vacaciones de verano, recién incorporada a la rutina laboral. Y su respuesta fue: “Para mí volver es terrible; llegué hace unos días y me quiero morir”… ¿O sea?... Que la señora además del “terrible” estrés pos-vacacional, sufre también de “metáfora” que es el engorro de: “perder el tiempo inútilmente, con tretas y circunloquios con técnicas dilatorias” y… ahí lo dejo.

Se lo conté a mi amigo Paco, buena persona pero con el “colmillo un tanto retorcido” y curado de muchos espantos; que con su estilo recio comenzó diciendo: ¡Jo… con la señora! Y continuó desgranando; “A mis recuerdos vienen aquellas cuadrillas de segadores y segadoras, venidos desde Galicia y que en precarias condiciones de hacinamiento, cumplían, de sol a sol, su trabajoso cometido, volviendo después a su tierra no sin haber dejado en los pueblos castellanos, mucho sudor y mucha nostalgia”.

Y me pregunto… ¿Esos hombres y mujeres, justificadamente, si que tendrían derecho a ese estrés que me dices y a tener también; desgana, tristeza y fatiga, insomnio y dificultades para relacionarse, al volver a Galicia?... Pero volver de unas vacaciones placenteras, a “cuerpo de rey” y quejarse amargamente de reanudar su trabajo habitual, es  una metáfora, “perdiendo el tiempo inútilmente, con tretas y técnicas dilatorias”.

Me ha dejado anonadado mi amigo Paco. Yo también me asombro cuando veo en televisión, escucho en la radio y leo en los periódicos a esas personas “derrotadas”, hombres y mujeres, que cuando manifiestan su rechazo a todo lo que suponga reanudar su trabajo habitual se escuden en algo, que se ha bautizado como síndrome pos-vacacional… “Toma ya… Sinceramente pienso, que todo este estrés es consecuencia de no haber podido estar en una playa tranquila, sin el riesgo de ser “pisoteados” por los que buscan sin miramientos, la primera línea del mar o la mar… O, los viajes de ida y vuelta y las esperas en los aeropuertos. Y lo más importante; la lucha diaria en el buffet del hotel, ¡antes de que se acaben los langostinos!.  Eso condiciona y luego viene, lo que viene… la METÁFORA… EL ESTRÉS…

Y vuelvo al principio: Para trabajo duro, el que hacían los segadores, que sin ninguna sombra, aguantaban resignados una dura jornada de sol a noche y luego a dormir en un pajar, sobre “cama de paja”. Eso sí, con el botijo a la sombra de un haz de mies, eso que no faltase. Decía un buen amigo mío con socarronería habitual: ¡Cuanta sed quitó el botijo… casi tanta como hambre el tocino!.

O… ¿Será también una METÁFORA?... ahí lo dejo.

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas.