Viernes, 22 de noviembre de 2019

Fortaleza Política (1ª Parte)

Es el momento de hacer valer la idea.

Lo que no ha afectado a la economía por la falta de Gobierno, lo va a hacer la crisis política.

En España no tenemos aún asumida la importancia de los partidos políticos. Su estructura y su aportación es vital para la existencia de nuestro sistema y la falta de fortaleza política pone en evidencia el sistema que nos sostiene. Tras 40 años de dictadura, fue tan importante la existencia de partidos que debieron ocupar un lugar predominante en la Constitución: está recogida su existencia y su actividad en el artículo 6. Por algo será.

Pero tras casi otros 40 de Constitución, aún no se conoce la fortaleza constitucional, de poderes públicos, de participación y acción política, pilares en los que se sustenta la fortaleza de nuestro sistema y que depende de la fortaleza política.

La crisis del PSOE es dañina para todo el sistema democrático y económico. A pie de calle un alto porcentaje de nuestra sociedad no sabe discriminar entre diputado, presidente del Gobierno, Ministro o, si quiera, identificar a los Presidentes de las Cámaras Baja o alta. No saben diferenciar, en definitiva el poder legislativo y el ejecutivo. Todo ello apoyado por una confusión malintencionada de los partidos políticos para justificar sus estructuras internas y asimilarla a las estructuras del poder ejecutivo. Mandar es lo que importa y no representar. Un sistema político que dota de fortaleza sistémica a la democracia y al ejercicio del control del país debe cargarse de mayor responsabilidad.

Tras dos elecciones, aún no sabemos que, lo que hemos elegido es parlamentarios en las cámaras. Diputados y Senadores que deben elegir sus propios órganos de Gobierno y, en el caso del Congreso, votar al candidato a la Presidencia del Gobierno, pero no necesariamente de entre los presentes. El candidato debe ser aquel que posea, a criterio del partido que se reúne con su Majestad, las cualidades apropiadas para ser Presidente del Gobierno y que logre, mayoría en la votación en el Congreso tras la propuesta de su Majestad. Así es como el legislativo determina su poder frente al ejecutivo, poder de nombramiento y poder de cese, según en qué condiciones.

De aquí nace el problema y la confusión. El candidato a Presidente del Gobierno es candidato cabeza de lista del partido político en la circunscripción donde se reciban más diputados, por definición en Madrid, con la salvedad de los partidos nacionalistas. Ya se mezcla, líder de partido, con líder de los parlamentarios con líder del congreso y con líder del gobierno.

Es momento de, tras la actual situación, tomar importantes decisiones. Las elecciones a las Cámaras deben ser verdadera elección del poder legislativo. Por circunscripción provincial, con elección en listas abiertas para determinar quiénes verdaderamente se implicarán por los intereses de su provincia. Desde ese momento, la elección de sus órganos de Gobierno, con los que son el 3er y 4º poder del Estado tras el Rey y el Presidente del Gobierno.

Esos candidatos en listas a Cortes deben contener el que será el Presidente de la Cámara  o anunciarse por el partido como candidato/a a la presidencia de dicha cámara. Va a ser un fuerte poder del Estado y quien regule qué leyes deben emanar y fomentar el desarrollo económico, social y estructural del país. Es por esto que perfectamente debe poder ser un lugar político donde se encuentren las diferentes tendencias y posiciones de la sociedad. La sociedad del siglo XXI ya no está tan polarizada. Ya no existe la derecha y la izquierda, los liberales o los progresistas, ni los conservadores. El votante busca un partido con el que identificarse y a quien demandarle el cumplimiento o la defensa de sus intereses, aun cuando no se exige un mandato imperativo. Aunque muchos no los vean más que como meras amenazas, los que más cumplen este cometido en el parlamento son los partidos nacionalistas. Consiguen modificar presupuestos, normativas sobre comercio, industria, exteriores o fomento e infraestructuras. Siempre se les ha presentado como sátrapas que sacan del Gobierno todo lo que quieren, pero no están más que haciendo aquello para lo que se les ha elegido, legislar acomodando lo legislado a sus intereses. Eso deberían hacer todos. ¿Acaso hemos visto algún cambio legislativo de calado en estos últimos años que favorezca a Salamanca? No, si no más bien lo contrario: Real Decreto sobre el porcino, leyes sobre educación, ley de Presupuestos Generales del Estado (donde no se recoge la consecución de la autovía en su conexión con Portugal o el desdoblamiento de la Nacional 620 a su salida hacia Zamora). Ni que decir tiene la falta de oposición a reformas educativas y presupuestarias tan duras que han impedido que más jóvenes vengan a estudiar a Salamanca o que impulsen y favorezcan la atracción de personas a Salamanca con una buena planificación y organización de un 800 centenario de la Universidad de Salamanca en condiciones. Unas Cámaras que, de funcionar para lograr su cometido, propondrían leyes e impulsarían peticiones de obligado cumplimiento al Gobierno.

Un Parlamento puede funcionar perfectamente sin Gobierno o con un Gobierno limitado por cualquier cuestión, pero no al contrario, como hoy día se demuestra. Por lo que convocar elección tras elección no es de recibo ni necesario. Algo debe demostrarnos esta situación: que la fortaleza política no depende del líder de un partido, como está sucediendo estos días.

Pedro Sánchez no puede ser presidente del Gobierno si no lo es ni de su propio partido. La falta de poder le puede llevar a que, como sería lógico según el planteamiento anterior, varios o la mayoría de los diputados de su grupo voten a favor o se abstengan para la existencia de Gobierno. Todo esto en la misma lógica de que Mariano Rajoy ni debiera haberse presentado a una reelección ni a una segunda sesión de investidura tras esconderse en un partido y unas siglas donde se alojan cientos de trabajadores ciudadanos y afanados empresarios que están haciendo verdaderos esfuerzos por salir de la crisis y de forma honrada.

Reformemos, en esta primera parte que propongo, las Cámaras para hacerlas estables y mantener el ritmo del funcionamiento del país y actualizar la función legislativa para adecuarla a los deseos y las demandas de los ciudadanos. Del mismo modo, para asegurar la situación del país en la toma de decisiones que afectan a nuestra imagen en el exterior y las amenazas que llegan de fuera.

Demostremos que la constitución recoge la fortaleza política del país asumiendo que el poder reside en el pueblo y en sus parlamentarios en primer lugar y que la pluralidad política existe en la formación de las leyes en segundo lugar.