Sábado, 31 de octubre de 2020

La defenestrada democracia

 

Todo está dicho sobre el momento que atraviesa España en este sin vivir político en el que llevamos adobados desde hace casi un año. Tan adobados estamos que rezumamos pimentón y orégano por todos los poros, y ya nos consideramos expertos en dar todo tipo de opiniones, coherentes o no, porque con tanta ida y venida, acuerdo y desacuerdo, debate y trifulca, cada español tiene hecho su propio discurso. Eso es bueno, porque disponemos de una información exhaustiva que nos facilita la elección del partido que pensamos puede cumplir nuestras expectativas y al cual daremos nuestro voto.

Y votamos. Votamos según ese criterio formado y según nuestro pensamiento, también formado, y según nuestro derecho.

¿Y qué ocurre cuando salen los resultados? Que la democracia se defenestra en boca de los perdedores, y en lugar de respetar en lo que esa democracia ha devenido, estallan en insultos hacia los votantes del partido ganador, no importa cuál.

Estos días estamos con la resaca de los resultados de las elecciones en Galicia y las Vascongadas. Y no hay derecho. No hay derecho a que en los medios de comunicación y en las redes sociales se lean frases como “Galicia está inmersa en el subdesarrollo y el caciquismo de siempre”.

¡Pero bueno! ¿Subdesarrollo y caciquismo?

Desde luego que, a la vista de esto, el realmente subdesarrollado es quien así habla. ¿Galicia subdesarrollada? ¿Pero cuántas décadas hace que no va esta persona, y las que piensan como ella, por Galicia?.

Borregos, descerebrados, hijos de perra, calificativos de tan bajo calibre que solo se pueden pensar dos cosas: o la victoria de un partido destroza las neuronas de los electores contrarios o todavía no se ha digerido bien la palabra democracia.

¿Por qué no somos capaces de asumir que en democracia hay libertad de pensamientos y de voto? ¿Por qué no aceptamos que otros piensen diferente y que además puedan ganar unas elecciones sin calificarlos de borregos, ignorantes, subdesarrollados y etc.? ¿Por qué tenemos tan mal perder que perdemos hasta la vergüenza?

Quiero pensar que son una minoría los que reaccionan tan torpemente, los que no respetan esta democracia tan esforzadamente conseguida, los que están cegados por su exacerbado ego, los que, en fin, nunca han sido ni serán verdaderos demócratas, sino penosos y trasnochados dictadores para los que en la España de hoy no puede ni debe haber cabida.  

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