Jueves, 22 de agosto de 2019

Los trapos sucios se lavan en el comité central

A mí mi señora madre me enseñó que los trapos sucios se lavan en casa. Y ahora ni eso, cuando uno de mis trapos está ya repugnante, lo tiro y punto, que no es cuestión de guardarlos eternamente como hacía mi abuela. En mi casa se ha reciclado avant la lettre, vamos, que lo que no servía se hacía trapos, y hala, a quitar el polvo, a lavar, a retorcer y a secar el trapo. Cuantas camisetas que yo amaba con pasión acabaron limpiando cristales. Lo de la fragmentación era algo muy de la casa, aprovechar, ahorrar,  hacer trapos. Hasta para rellenar cojines, o hacer con las trizas de un corazón algo memorable. Mi abuela y mi madre rasgaban y reutilizaban, yo recogía los pedazos y hacía un puzle como se pudiera. Cachitos de ropa queridísima y rotísima que acababan enjuagando el fregadero. A mí la humildad me la han inculcado desde chica. Polvo eres, trapo serás por muy caro que hayas resultado. Vamos, la vanitas de mi casa era el trapo. Y como estoy hecha un trapo este fin de semana, me temo que voy a cambiar el tema político por el largo de la falda de los modelos reales. Todo muy adecuado a este tiempo después de los gastos escolares ¿Convertirá Doña Letizia su ropa en trapos para limpiar cristales?

         Errejón e Iglesias son modernos y le dan a las redes sociales para no juntarse en una reunión de esas en las que a Sánchez nadie se atreve a decirle lo que luego se casca en los medios. No les culpo, a ver quién es el guapo que dice en un claustro lo que suelta por los pasillos en petit comité. Yo no, soy una deslenguada un tanto cobardica o más bien, políticamente correcta. Miento, cuando he tenido que dejar clara mi postura ha constado en acta, pero claro, a lo peor yo me jugaba un par de miradas malas, no un puestazo cuando llegue al gobierno el jefe. Esto de la política es decir sin  comprometerse, cualquiera critica, que luego me mantienen eternamente en la poltrona de la comunidad autónoma. La discrepancia está mal vista. Lenin borraba a sus excompañeros de fotos, Stalin, de la faz de la tierra. Iglesias parece que va a hacer una purga, y de sobra sabemos todos que el que se mueve, no sale en la foto, lo digo porque aparte de Susana, que tiene bula, el resto que se calle o sino, que se atenga a las circunstancias tipo Madina. El pensamiento único es lo que impera.

         Por eso, la bronca de Errejón e Iglesias me parece saludable. No se reúnen en el Comité Central, se tuitean mientras están por ahí o de plano en el baño, para que todo sea más informal. Uno puede estar de acuerdo con uno u otro y hasta mediar en el asunto, y algo muy saludable,  no se tienen miedo. A Errejón, como decimos en México, le vale madres, y a Iglesias le sale un aliado en la persona de Monedero, ese que se fue pero que parece que no quiere irse. Vaya, que todo es abierto y plural, hasta de puro exhibicionismo. Rajoy tiene los maitines de comunión colectiva, aunque sea de ruedas de molino; Pedro tiene a los discípulos traidores ¿Seré yo, Maestro? Y Podemos tiene una desfachatez desarmante. Que el elector elija, por lo pronto, yo a hacer trapos, que es muy saludable, eso sí, en cuanto limpie los cristales, seguro que llueve, como en Galicia, o como en el País Vasco, y nunca, imagino, a gusto de todos.

        

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez