Domingo, 25 de octubre de 2020

Cuatro

Después de unos meses de voluntario abandono de mis escritos (que tanto he echado de menos) me estaban dando ganas, sin excederme en acritud, de emprenderla a cachetazos en forma de letras contra  algunos personajes de esta Salamanca de nuestros amores, querido lector, empeñados en convertirse en protagonistas por sus dichos, sus continuadas tontunas, absurdas acusaciones a la autoridad y ese deje de engreída sabiduría de la que hacen gala y presumen desde que se sientan en un sillón público. No merece la pena, a sus palabras… oídos sordos. Y si dimite como si no, algunos escaños están vacíos permanentemente, al menos de contenido, por mucho que físicamente  se vean ocupados en plenos y comisiones de pago.

Tampoco le corresponde a este “escribidor” exigir a las autoridades, y al ayuntamiento como responsable primero, que le ponga el cerrojo definitivo a un local de esta ciudad, junto a la Plaza Mayor -la más hermosa de todas las plazas- abierto por un extraño permiso toda la noche, de bacanales sin cuento y escandaleras, que tienen a los vecinos de la zona en un sin vivir, sin dormir del mismo modo, y a los salmantinos todos y a los miles de turistas que nos visitan en asombro permanente. Una gresca hoy, el fin de semana otra y de forma cuasi permanente cada alborada.

No merece la pena, te llevas disgustos, te miran de malos modos, con inquina. Es por ello que me chifla, me “enechiza” hablar de rincones, casas, monumentos, de personas normales que caminan nuestras calles, de los hermosa que es esta ciudad… Y de cuando en vez, que dicen en mi pueblo, irme en descubierta anotando en mi libreta de alambre enrollada un cúmulo de vergüenzas con las que tropiezo al caminar. Cuatro eran de las que en este día, festividad de san Cosme y san Damián, pretendía escribir, a renglón seguido denunciar y por último lamentar su estado por la dejadez de los que mandan ahora y han mandado a lo largo de los años, muchos, desde el siglo pasado; pero se me agota el papel, el espacio asignado, lo dejo para el lunes siguiente. Comienza en la Rúa y las cuatro vergonzantes situaciones se agolpan en un espacio reducido, no más de cuatrocientos pasos…