Miércoles, 26 de febrero de 2020

Escritores entre rejas

   Google celebra hoy su mayoría de edad. Hace 18 años, el 27 de septiembre de 1998, sus progenitores Larry Page y Sergei Brin presentaron en sociedad este motor de búsqueda que contribuye a hacer de internet un instrumento de comunicación extraordinariamente eficaz y versátil. Me gustaría creer que gracias a la red de redes nunca más podrá imponerse la censura, que tenemos garantizada la libertad de expresión porque no es viable poner puertas al campo digital. Pero todavía persiste la persecución criminal a los discepantes en el Tercer Mundo y los países de influencia comunista, como Cuba y Venezuela; no digamos ya en Corea del Norte, donde el acceso a internet es vetado a los ciudadanos y apenas existen unas decenas de sitios webs de contenido propagandístico y estrictamente controlados por la dictadura. Recojo aquí un fragmento actualizado de mi libro ¿Globalización o incomunicación? en el que aludo a las penas de prisión que desde que existe la escritura han sufrido innumerables escritores.

   

         A lo largo de la Historia han sido muchos los escritores perseguidos, encarcelados o ajusticiados por molestar a los poderosos. La mayor represión la sufrieron los enemigos de los dos mayores sistemas totalitarios del siglo veinte, el comunismo y el nazismo. Además de millares de periodistas, novelistas, poetas y dramaturgos torturados y asesinados, la lista de los escritores que sufrieron concretamente penas de encierro sería interminable, aunque los conocidos por el gran público sean muy pocos: Ana Frank, Max Jacob, Boris Pasternak, Solzhenitsyn...

      Las delaciones por odio o envidia han sido causa frecuente de encarcelamiento. Ya en el siglo dieciséis Fray Luis de León sufrió la represión inquisitorial con dos años y medio de cárcel. En la posguerra española, entre otros, Miguel Hernández y Buero Vallejo. Vargas Llosa ha llegado a afirmar que cuanto peor está un país, mejores escritores tiene. Juan Rulfo comparte esa opinión: “Claro, creo que la insatisfacción es la que lanza al escritor hacia algo. Hay fenómenos inusitados: Haití estuvo produciendo una obra literaria muy buena en la época de Gobernadores del Rocío, de Jacques Roumain, fabulosa novela, época de Stephan Alexis; los dos estuvieron presos y murieron en la cárcel”.

      Entre los autores que estuvieron entre rejas por conductas ajenas al hecho literario figuran Maquiavelo, el Marqués de Sade, Cervantes, Lope de Vega, Oscar Wilde y Paulo Coelho. El paradigma de Miguel de Cervantes, capaz de escribir entre los barrotes de unas celdas apestosas de Argel y de Sevilla algunas de las páginas más valiosas de la Literatura occidental, no es precisamente un caso aislado. Lope de Vega pagó con la cárcel y posteriormente el destierro una denuncia por libelo presentada por el padre de una de sus amantes. Quevedo estuvo cuatro años entre rejas por denunciar la corrupción del conde duque de Olivares, y Mateo Alemán pasó por impago de deudas dos años largos en la cárcel de Sevilla, donde se documentó para los personajes de Guzmán de Alfarache. Antes que ellos, el Arcipreste de Hita había escrito El libro del buen amor “en prisión de cal y canto”. El psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera aporta una consideración interesante: "El aislamiento permite una visión en perspectiva; por eso, tantas obras importantes se han escrito en la cárcel".  

     El precio que debe pagarse por la libertad es proporcional a la meta que uno desee conquistar y a los obstáculos que se interpongan en el camino. Los obstáculos más graves y difíciles de afrontar son los prejuicios, mitos y dogmas. Cabe ser libre careciendo de recursos básicos, y convertirse en el último de los esclavos en medio del poder, el boato y las riquezas. Para la creatividad artística, la verdadera libertad reside en el cerebro y el corazón. Disfrutemos de ello ahora que podemos escribir libremente.