Lunes, 19 de agosto de 2019

Asamblea Diocesana, tiempo de renovación para la iglesia de Salamanca

En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.

Evangelii Gaudium

Esta Iglesia particular salmantina está llamada a dar un salto de altura hasta el encuentro y la configuración con Cristo; a vivir sin reservas el hondo misterio de la Iglesia; a salir con corazón abarcante a la misión alegre y misericordiosa, esperando al Señor que viene para hacerlo todo nuevo.

Documento de trabajo de las sesiones finales de la Asamblea

Hace tres años que se publicó Evangelii Gaudium, ha sido una hoja de ruta para una nueva primavera en la Iglesia, invita a renovarse, a no repetir, a reinventar, a salir a las cunetas de la vida. Francisco prefiere una Iglesia accidentada y en “salida” que encerrada en sus muros y seguridades. Una Iglesia misionera y evangélica, que no condena al mundo y se pueda embarrar con los más empobrecidos y aquellos que están tirados en las cunetas y las fronteras. En su exhortación no insistía en dogmas, ni obediencias, Francisco subrayaba con todo su ser, una “revolución de la misericordia y la ternura”. Quiere que cada cristiano renueve y realice un encuentro personal con Jesús, experimentado con hondura la alegría y poder salir de los muros y egoísmos a anunciar esa experiencia de gozo. De la Iglesia en “salida” depende el futuro para llegar a todos sin excepción, donde cada persona, creyente o no, rico o pobre, alejado o cercano, pudiera sentirse como en casa. Francisco ha dado la palabra todos los católicos de todos los continentes, a la gente de a pie, voz a los que no tienen voz, realizando también un llamamiento a las Conferencias Episcopales de todos los rincones del mundo.

En Salamanca, Don Carlos, el Obispo de la Diócesis, recogió la llamada de Francisco para realizar una auténtica renovación misionera y convocó una Asamblea Diocesana hace casi dos años. Durante este tiempo se ha venido trabajando en toda la Diócesis en parroquias, unidades pastorales, arciprestazgos, conventos de religiosos y religiosas, fraternidades laicales, profesionales, profesores, sacerdotes, grupos de catequesis,  todos con el mismo objetivo: Poner a la Iglesia de Salamanca en “salida”, abierta a la sociedad, misionera, alegre y que sepa llegar a los más necesitados y periferias de la ciudad. La fase final comenzó el día 8 de septiembre en la Catedral y culminará el 8 de octubre en el santuario de la Virgen de la Peña de Francia. Las sesiones plenarias comenzaron el día 15, celebrándose los días 16 y 17 de septiembre; 22, 23 y 24 de septiembre y 29-30 de septiembre y 1 de octubre, donde se discutirán y se concretarán las propuestas de los diferentes grupos. En esta sesión final están presentes 236 asambleístas, laicos, religiosos y sacerdotes, representando a toda la Diócesis, a los diferentes sectores pastorales y Consejos diocesanos.

El borrador con las propuestas que se ha presentado a la Asamblea, son el trabajo de casi dos años de muchas personas y parroquias, donde las diversas Comisiones han elaborado tres ponencias: “renovación espiritual”, “renovación pastoral”, “renovación estructural”. A este diálogo, reuniones y trabajo de casi 2000 personas, hay que añadir incluido las sugerencias propuestas en los Encuentros “Sanadores y motivadores” y “La Iglesia quiere escucharte”, encabezados por don Carlos, el Obispo con diferentes colectivos de la provincia de Salamanca: Inmigrantes, pueblo gitano, parados, desahuciados, pobres, familias sin vivienda, trabajadores, asociaciones vecinales, familias, políticos, mundo universitario, mundo rural, periodistas, mundo de la salud, Cáritas, Manos Unidas, etc. Su redacción final lo ha elaborado la Comisión permanente de la Asamblea, formada por miembros de las tres comisiones, presidida por Don Carlos y Tomás Durán, Vicario de Pastoral, realizando un generoso y espléndido trabajo., no sólo de lo ya realizado, también de las propuestas de los delegados en su fase final.

Los Asambleístas y responsables lo quieren vivir esta Asamblea Diocesana como un tiempo oportuno, un Kairós, que anima a “enamorarse de nuevo” y volver al amor primero de Jesús ; a “soñar” una Iglesia diocesana discípula y misionera; y a “construir” una Diócesis que ahonde en una reforma en las personas, comunidades e instituciones. Un trabajo que no terminará en estas sesiones finales, deberá desarrollarse y llegar a todos los rincones de esta nueva Iglesia local misionera, que ya va iluminando  pequeños cambios y logros. Muchos laicos, sacerdotes y religiosos la están viviendo con alegría, con ilusión, con ganas de hacer de vivir una Iglesia en salida y misionera en base a la misericordia. Se sentir en la ilusión, en las palabras, en las ganas de cambiar y caminar juntos, no solo en las personas presentes en la fase final de la  Asamblea, muchos cristianos de base la sienten suya y ven en ella una necesidad para los próximos años. Ya es un logro grande sentarse hablar, orar y programar un futuro  juntos, una hoja de ruta para nuestra Iglesia local laicos, religiosos y sacerdotes. Todos implicados desde la diversidad y en comunión caminar juntos, a implicarse juntos en la Diócesis, para llevar a buen puerto esta renovación y soñar una Iglesia en “salida” y misionera.

La Asamblea se sitúa en pleno Jubileo de la Misericordia, fuente de alegría, de serenidad y de paz, tiempo propicio para la Iglesia para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes. Comentaba Francisco en Evangelii Gaudium, “Sin la misericordia, hoy tenemos pocas posibilidades de insertarnos en un mundo de «heridos», que tiene necesidad de comprensión, de perdón, de amor. Por eso no me canso de invitar a toda la Iglesia a la «revolución de la ternura»”. Francisco abrió la Puerta Santa en el 50 aniversario del Concilio Vaticano II,  donde en una de sus constituciones, Lumen Gentium (nº 8), recordaba que la Iglesia requiere siempre purificación y un determinado tipo de reforma (Ecclesia semper reformanda), un dejar lastre para que se haga visible el verdadero rostro Jesús y su misericordia.

La Iglesia de Salamanca está llamada desde ese encuentro con Jesús, a salir al mundo con el corazón abierto y a renovarse sinceramente, con la alegría del Evangelio,  ensanchando horizontes, recorriendo nuevas sendas, volcándose en las cunetas de nada en su anuncio, en su pastoral, en sus estructuras, nada debe carecer de la misericordia, verdadero rostro de Dios.