Jueves, 29 de octubre de 2020

No todo vale

 
Es la primera vez que comienzo mi desahogo semanal enmendándome la plana a mi mismo. Y sin que sirva de precedente voy a hacerlo. No soy tan pretencioso como para creer que rectificar es de sabios, ni mucho menos. Cambiar de opinión es simple y llanamente de personas normales, de individuos terrenales, primarios o secundarios. 
 
Rosa Valdeón debe de seguir representando a Zamora y a todos los castellanos y leoneses en las cortes regionales. Lo debe hacer porque ya ha pagado el alto precio de la coherencia, porque parece que mucho de lo que se cacareaba negro sobre blanco y pixel sobre pixel era una fanfarria nauseabunda perfectamente aderezada, y porque como ciudadano ni me siento traicionado, ni vilipendiado ni asqueado por su error personal, que no político. Y por que no, por que no quiero que gane la podredumbre prefiero que gane la luz.
 
Y dicho esto no puedo dejar pasar, con el bello aún de punta, las palabras de Juan Vicente Herrera haciendo pública defensa de la zamorana y lanzando un pulso sin precedentes hacia dentro, hacia la inmundicia que le rodea y que habita en su partido. Esa que ha jaleado, participado y se ha preocupado, de presentar el incidente automovilístico de Valdeón como una película de ciencia ficción con el único fin de hacer daño, de borrar del mapa político a quien ven como obstáculo para sus abordajes.
 
Ole por Herrera. Que no tiemble, que no dude, que tenga claro que llegar hasta el fondo de todo esto, exigir responsabilidades y señalar a los culpables del vil linchamiento, es el primer paso para limpiar el Partido Popular de todo lo que representa lo peor de la política. Sus palabras no deben de quedar solo en eso, Herrera debe actuar. Por que no todo vale. No puede dejar pasar tanta ignominia, tanto juego de tronos de cuarta. Debe poner orden, sin anestesia, sin temblores y sin dobleces. 
 
Igual es el momento de que Herrera haga en Castilla y León lo que Rajoy no hace en España.
 
Jamás vi al presidente regional, y no han sido pocas las veces que he coincido con el. Dejar de lado su carácter reflexivo, leal y taimado, para agarrar sin temblor alguno tanto desprecio hacia quienes han aprovechado la flaqueza para embarrar a la que era su segunda.
 
Y es que a veces cuando a algunos medios, cuentan que bien azuzados por sus alter egos políticos, se les va la mano de esta manera. Corren el riesgo de provocar el efecto contrario del que pretenden. Daba la impresión que la dimisión no era suficiente, había que proceder al destierro absoluto.
 
Parece que Valdeón ni iba a 170 kilómetros por hora, ni se saltó no se cuantos controles, ni estuvo a punto de provocar el vuelco del camión con el que se rozó. Además huele a chamusquina, que unos y otros, otros y unos, alardearan de atestado policial cuando ni la interesada lo concocía.
 
Parece que Valdeón va a tomar la vía de la legalidad para limpiar lo que han intentado ensuciar por otros caminos, sin duda, más efectistas. Ha reaccionado con celeridad, con lógica, de la mejor manera para decir basta al "todo vale". Y de paso, igual algunos medios tienen que dar explicaciones ante un juez de donde sacaron semejantes barbaridades.
 
Puede ser que a algunos se les haya borrado la sonrisa de la cara viendo el lío que se avecina.  Y su privada alegría se haya tornado en aguda preocupación. Puede ser que la retirada del terreno de juego de Rosa Valdeón no salga tan barata a quienes se apresuraron a desmochar a la ya ex vicepresidenta regional intentando hacer picadillo de la zamorana.
 
Me constan las innumerables muestras de apoyo, de cariño que Rosa Valdeón ha recibido. No es para menos. Porque al final lo que parecía una metedura de pata con consecuencias, se ha tornado en algo muy distinto y con muchos más matices.
 
Ha dejado entrever la larva de algo más oscuro. Una larva que se ha convertido en una crisálida horrorosa. La de un partido sin timón, sin rumbo, donde la supervivencia y la ambición solo tiene el camino descarnado de los sillones. Un sendero maquiavélico que ya va siendo hora que sea clausurado y enterrado, porque ni en la política ni en la vida "todo vale".