Jueves, 22 de agosto de 2019

Varios días de septiembre

Rosa Valdeón dimitió de sus cargos en la Junta

8/septiembre/jueves

Grandes días festivos en Castilla y León. Salamanca, Palencia, Valladolid…En honor de santos y vírgenes. Loados sean todos y todas, que la fiesta, en estos tiempos dolorosos, suponen un bálsamo para el pueblo. En Valladolid hacen un milagro y juntan a un santo con una virgen.  Se celebra La Virgen de San Lorenzo. En un principio choca, una virgen y un santo al unísono. Pero todo tiene un sentido. No hay muchos casos toda España porque cada virgen tiene su nombre en exclusiva: Virgen del Carmen, Virgen de la Concha, Virgen de Montserrat, Virgen de los Reyes, Virgen de las Nieves, Virgen de la Macarena,  Virgen de la Fuensanta, Virgen María Auxiliadora, Virgen del Canto, Virgen de la Roca, la Virgen del Monte,  Virgen del Tobal, Virgen de la Peña o Virgen de Covadonga. ¿Cuál es la clave de Valladolid? Pues que el Patrono de Valladolid era San Mateo, 21 de septiembre, pero como en esa época llovía mucho y las ferias y fiestas, corridas de toros incluidas, se veían deslucidas, el Ayuntamiento de la ciudad decidió en 2000 adelantar la fecha al 8 de septiembre, Natividad de la Santísima Virgen. Nombrada en su día Alcaldesa Perpetua de la ciudad esta fecha fue también la de su Coronación Canóniga. Como la Virgen está en la iglesia de San Lorenzo el nombre actual, esa unión indisoluble, tiene una lógica aplastante. Y desde entonces las fiestas han asegurado la protección de la Virgen, y del Santo, su seguro servidor. Y desde entonces pocas veces se han aguado los festejos. 

   En estas fechas las ferias y fiestas se extienden por toda España, y especialmente por Castilla y León, como en Salamanca, una ciudad que mezcla la luz del oro de su piedra con la alegría de la gente en las calles, las corridas de toros y la gastronomía popular en las casetas distribuidas por todas las calles y plazas. Los toros, por supuesto, forman parte intrínseca de la ciudad, incluso toros indultados, como este año uno lidiado por Juan del Álamo. Salamanca, su enorme dehesa, encinares por doquier, acogen varias ganaderías de prestigio. Queda claro en su viejo lema: “Salamanca: arte, saber y toros”.

     Ver los toros en el campo es una de las imágenes más impactantes que se pueden quedar en la retina. Los “animalistas”, los enemigos de la tauromaquia, no quieren entender que para que exista el toro bravo en el campo, cuatro años como mínimo a cuerpo de rey, necesita de la lidia taurómaca. Es cierto que en la plaza hay momentos duros, crueles, como cuando al toro se le pica, se le ponen las banderillas y se le mata. Pero el problema surge porque sin ese ejercicio en el que el toro muestra su bravura, y la desarrolla, no habría manera de crear al toro bravo, ese cuya estampa en el campo es inigualable. El único animal “salvaje” que no se deja domeñar por el hombre. El toro bravo no acepta las tretas que envuelven al león, al tigre o al leopardo cuando los meten en un circo. No. El toro bravo es otra cosa. Su bravura no se domeña. Sólo en la plaza los toreros lo consiguen, a duras penas, en una “pelea” con la vida de por medio. Por eso de cuando en cuando los toros se llevan a algún matador por delante. Como recientemente a Víctor Barrio, un torero de Segovia al que “Lorenzo” le mató en el coso de Huesca. En Valladolid, en la plaza del Paseo Zorrilla, le hicieron un homenaje, al que acudieron los mejores toreros del momento, como José Tomás, Morante de la Puebla, Talavante o Enrique Ponce. Han sido muchos más de los que pensamos el número de toreros que han fallecido a lo largo de la historia por la cornada de un toro, casi sesenta. Y todos han dejado un poso de tragedia inolvidable. Desde Pepe Hillo hasta Víctor Barrio, pasando, entre otros,  por Gallito, Granero, Sánchez Mejías, Manolete, El Yiyo o Paquirri son ejemplos al que se ha unido en este verano del 2016 Víctor Barrio. Más de un “animalista” ha mal entendido el sentido de los hechos y las cosas y en las redes sociales enviaron mensajes alegrándose de la muerte del torero. Los amantes de los toros, y la gente de sentido común y corazón humano, rechazaron estas misivas y lamentaron la muerte del torero. La España de la sangre, del odio, virulento y sequizo, sigue su curso, sin que el tiempo, la educación y el comer todos los días tres veces sirva para cambiar las tendencias. No soy un fanático de los toros, no voy a las plazas, como en su día fui, ni escribo crónicas de toros, como en su día hice, pero mantengo ese espíritu que obedece a la llamada de la historia, de las emociones, de la libertad y del respeto. Por eso creo que si un día las corridas de toros deben desaparecer que sean los hechos los que lo decidan; el día que la gente no vaya a las plazas de toros a ver las corridas la “fiesta” morirá sin más, sin leyes y sin imposiciones. Algunas poblaciones del País Vasco, y en Canarias, y en Cataluña, han suspendido las corridas. Pero los catalanes mantienen “los correbous”, fiestas populares con toros de corte poco edificante, lo que es una contradicción, porque es más lesivo al sentido “animalista” estos espectáculos sin reglas que las corridas de toros ordenadas por ley y según la guía de la autoridad competente. Y repito: si un día mueren las corridas desaparecerán los toros del campo, de las dehesas, de entre los encinares, y dejarán de ir de un lado para otro esas figuras grandiosas, esas fieras pacíficas, a paso tranquilo, inocente, durante el día y a la luz de la luna.

 

9/septiembre/viernes

 

   Retomado ya el “picoteo” siento que las  vacaciones han sido largas. Ya me apremia la necesidad de contar el día a día. En el fondo todos somos unos “cotillas”, unos pobreshombres  que necesitamos darnos a conocer. Buscamos la gloria del recuerdo como el día espera la noche.

    Hoy cumple años Isidro Navas. Le deseo lo mejor y que Dios le traiga muchos hijos. Me contesta por wasap que soy un cabrón y que los tenga yo, y a ser posible alguno conflictivo. Su respuesta me demuestra que ya nada es igual que antaño, y que la vida ha cambiado. Debe tener razón; mi experiencia me dice que  los hijos siempre son una fuente de complicaciones: de niños dan guerra y de mayores problemas. Pero son la sal de la vida, de nuestra vida, de mi vida.

     Las fiestas patronales en muchas poblaciones de Castilla y León llenan la pantalla de la televisión cercana. Las imágenes nos llevan siempre a pregones, bailes regionales y gastronomías populares. Grandes paellas comunales y toros por todas las partes. Es la España eterna, la que no puede cambiar porque lleva en las entrañas la sangre torera, el peligro y la provocación a la razón. Los medios de comunicación se hacen eco del Toro de Tordesillas, que ha pasado a mejor vida. Ya está prohibido que le den muerte al estilo medieval, es decir, con lanzas. Hace ya muchos años escribí un artículo en El Norte de Castilla que titulé ¨Tradiciones bárbaras”, y en él denunciaba el hecho de que bajo la tradición se ampare en el siglo XXI todo tipo de aberraciones contra el toro. Alguien subió a la red el artículo e hizo fortuna. Mi teoría era sencilla: la tradición merece un respeto, pero no lo puede justificar todo; hay tradiciones que deben cambiar, amoldarse a los tiempos que vivimos. Que la tradición hay que protegerla y mantenerla, de acuerdo, pero siempre y cuando no choque con el raciocinio más elemental. Ha habido tradiciones que el tiempo se las tragó porque la evolución cambió los conceptos del hombre. Los españoles somos carpetovetónicos, por herencia de siglos, pero eso no quita que nos vayamos puliendo, encontrando otros parámetros culturales. No siempre he encontrado comprensión ante esta sencilla teoría. Pero, curiosamente, los taurinos ortodoxos me piden que siga insistiendo porque consideran que voy por buen camino porque ellos – aunque no pueden decirlo en voz alta – entienden que ese tipo de festejos lo único que generan es un mal irreparable a la tauromaquia tradicional y verdadera, la que llevan a cabo los matadores de toros en las corridas por derecho en las plazas de toros. El “Toro de la Vega” ha pasado a llamarse el “Toro de la Peña”. Ya sin lanzas por medio. El decreto de la Junta de Castilla y León prohibiendo “el torneo” fue un acierto. A veces demostramos que somos capaces de la salir de la caverna. ¡Aleluya!

 

 

10/septiembre/sábado

 

   Se conoce la noticia de que ayer la Vicepresidenta y portavoz de la Junta de Castilla y León, y consejera de Trabajo, Rosa Valdeón, dio positivo en un control de la Guardia Civil de Tráfico. Volvía de Madrid y el control se lo hicieron en Morales de Toro, en Zamora.

   Por la tarde concedió una rueda de prensa en la que asumió su responsabilidad, pidió disculpas a los ciudadanos y a sus compañeros de gobierno y dejó entrever que dimitiría de sus cargos. Así lo dio a conocer horas después tras hablar personalmente con el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera.

    Se supo también que adelantó a un camión de forma poco ortodoxa, lo que le pudo costar un accidente grave al tocar a una rueda del camión con la parte trasera de su vehículo. Afortunadamente, el problema se quedó en el grado de alcohol que se le detectó después y cuya causa tendrá la evolución habitual, como cualquier ciudadano, al renunciar al aforamiento al que tendría derecho.

   La pena de todo es que Rosa Valdeón, que representaba lo mejor y más noble de la política, ha tenido que abandonarla. Un desastre que cuando alguien destaca por su ética, por su coherencia y por su preparación deba marcharse. ¡Con la cantidad de maulas y sinvergüenzas que hay! Rosa Valdeón fue alcaldesa ocho años de Zamora y también consejera de Familia. Médico de profesión, ahora le espera la vuelta a su viejo trabajo. Toda la suerte del mundo. A todos nos puede pasar lo que le pasó a ella. Pero tenía una responsabilidad política y debía dar ejemplo. Esa circunstancia ha cambiado también el presente, y tal vez el futuro, del poder en la Junta de Castilla y León.

 

11/septiembre/domingo

 

    Un día muy especial. Se conmemora el 15 aniversario de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. Un acto terrorista impensable, inimaginable, que cambio nuestras vidas para siempre. Desde entonces vivimos en una especie de Tercera Guerra Mundial donde los ejércitos son dos: los islamistas más crueles y recalcitrantes y el resto del mundo. Una guerra distinta en forma de miedo, de actos criminales inclasificables y sin un frente concreto donde dirimir las diferencias por la vía de las armas. Ya nada es igual. En muy pocos años los islamistas de Al Qaeda se han distribuido en mil marcas y franquicias incontrolables. España fue uno de los primeros objetivos porque no nos enteramos bien, y a tiempo, de qué estaba pasando. 192 muertos y 800  heridos en Madrid el 11 marzo de 2004 nos despertaron del letargo. Recientemente estos criminales han descargado su ira irredenta en Francia y Bélgica. Pero donde menos se espera siempre resucita la culebra islamista. En España ETA dejó de matar, pero como si nos persiguiera la maldad, empalmamos la tragedia con los asesinatos yihadistas. Cruel destino.

   Veo reportajes en televisión de “las torres gemelas” que me devuelven al día de los hechos. Salía yo del recinto de la Feria de Muestras de Valladolid y en el hall había varias pantallas de televisión, como si fuera un estudio de realización. Acompañaba a Teresa Viejo, conocida periodista nacional que presentaba durante la semana un programa de las Fiestas de Valladolid en la televisión regional, de la que yo era jefe de programas. Nos quedamos mirando las imágenes y dije: “¿ qué es esto?, no es una película, no es King-Kong en el Empire State!!!.” Y de pronto un avión impacta contra la otra torre gemela...Pregunté “¿pero esto es ahora mismo?” Teresa estaba desorientada, como todos, no entendía nada, y hacía todo tipo de conjeturas. Hasta que escuchamos a Matías Prats en “Antena3” y nos situó en la realidad de la noticia. Terrible. Empezamos a ver como había gente que se lanzaba al vacío desde lo alto. Impresionante. Sobrecogedor. Antes el vacío que morir quemados por el fuego.  Yo dije: “el calor hará que esto se venga abajo; los aviones han quedado dentro de los edificios y el keroseno se ha convertido en una tea que doblará todos los materiales, hierros, aceros y lo sea”. Otras personas, al lado nuestro, decían que no, que las torres no podían derruirse, que era imposible. No pasaron unos minutos cuando empezó a derrumbarse, como si fuera de cartón, como una fogata de artificio, la primera torre. Después cayó la segunda. Era el 11 de septiembre de 2001. Quince años no es nada. Pero es un mundo.

  También el 11 de septiembre siempre nos lleva a Catalunya. Los catalanes – y catalanas, como dicen los nuevos lingüistas políticos – celebran la Diada. Su día patriótico, el homenaje a Rafael de Casanovas. Un día que se ha convertido en una manifestación independentista. Los políticos catalanes quieren la “desconexión” de España y ya no respetan a ningún partido, ni a ningún ciudadano, que no apueste por la independencia. CDC, el partido de Jordi Pujol y Artur Mas, se ha pasado del nacionalismo moderado y pactista con el “Estado Español” a la “caverna”. Hasta ha cambiado el nombre. Ahora quiere llamarse Partido Demócrata Catalán, pero ha sido impugnado. Veremos en que queda el cambio de nombre que intenta borrar un pasado de ladronicio ahora descubierto.

   El “independentismo” no acepta ya la Constitución del 78. Dice CDC (PDC) que tienen “derecho a decidir”, un derecho que no existe en ninguna ley. CDC, primero se separó de UDC, el partido democristiano liderado por Durán Lleida, deshaciendo unas siglas históricas: CiU. La corrupción de los Pujol, y robos varios descubiertos que afectaron a la burguesía dirigente catalana, fue creando un caldo de cultivo que terminó por horadar el “Régimen”. Porque lo de CiU en Cataluña llegó a ser un “Régimen”, aunque no lo quieran aceptar. Pero era un “Régimen” que se entendía con los gobiernos de España gracias a prebendas y momios varios. Pero todo se rompió. Zapatero, el Presidente desastre del Gobierno de España, prometió a los catalanes que lo que aprobaran en su reforma del Estatut iría a misa y, claro, los catalanes dijeron “esta es la nuestra, vamos a romper con España, vamos a hacer un Estado propio”. El Tribunal Constitucional mandó al carajo todo y los catalanes, con razón, se enfadaron. Les habían tomado el pelo. Y es que la Constitución del 78 sigue ahí, vigente y vigilante, y nada podrá hacerse nunca sin cambiarla, sin renovarla. El Parlament catalán puede hacer las leyes que quiera, faltaría más, pero siempre y cuando no vayan en contra de la Ley mayor, la Ley de Leyes, que es la Constitución. Zapatero encendió un fuego que ahí sigue, aunque los socialistas le echan la culpa al PP por recurrir al Tribunal Constitucional. ¿ Acaso si en el PP consideraban que lo aprobado en la reforma del Estatut no era lo correcto debió callarse? O sea: que el PP hizo su trabajo y el Tribunal Constitucional le dio la razón. Luego no iban muy descaminados.

     A partir de ahí los catalanes se enfadaron, repito, con razón, porque quedaron como Cagancho en Las Ventas, o sea: sin matar el toro y en comisaría. A partir de ahí se prepara la “marimorena” y todo se convierte en un despropósito, como es la pertinaz intención de los catalanes queriendo hacer un referendum que saben que no pueden hacer porque no lo permite la Constitución de 1978.

   Cuando digo los catalanes me refiero a los independentistas, porque hay otros, del PSC, C,s, PP y gente multicolor, que no siguen al resto y que en las últimas elecciones autonómicas consiguieron más votos que los secesionistas. Pero como éstos tienen más diputados en el Parlament hacen caso omiso a todo. Es más: el President Puigdemont, un periodista de Girona venido a más (o menos) porque Mas así lo quiso, se sigue empeñando en lo imposible y no diciéndole la verdad al personal.

    En esta Diada escuché a un independentista decir que lo que ellos respetan es la decisión que emana del Parlament de Catalunya, y nada más, porque ahí radica la voz del pueblo catalán. Se olvidaba el independentista que el Parlament de Catalunya existe merced a la Constitución del 78. O sea, sin Constitución del 78 no habría Estatut y sin Estaut no habría Parlament y, por tanto, de ahí no emanarían leyes. Luego, la solución pasa por otro consenso para renovar la Constitución del 78 que marque las líneas nuevas. O eso o no hay nada que hacer. Que los políticos catalanes dejen de vender burras a su gente, que ésta deje de comprarlas y que las cosas se sitúen en su contexto y su realidad. Las manifestaciones del 11 de septiembre, siempre “históricas”, seguirán su curso sin más, como un día festivo, de reivindicación, con mucha bandera, mucha declaración patriótica y mucha euforia, pero poco más. Hasta el año siguiente.

    Esto es muy serio. España no es una entelequia, que es el Estado más viejo de Europa, a pesar de nuestros desmanes y contradicciones, y que no se puede romper porque lo digan los independentistas catalanes, por muchos “collons” que tengan. Vamos, que por ahí no. Por el seny, por el diálogo, por el acuerdo, por el consenso, sí. No hay más camino. Ni por mucha CUP rompedora y mucha Colau ambigua que exista. ¡Que, no, Puigdemont, que no!      

 

   15/septiembre/jueves

 

   Día desapacible. El tiempo ha traído lluvia, que bien que se necesitaba. Cuatro meses ha estado sin llover. Paseo con Rumbo, inquieto e incansable. Tira de mi y me lleva lanzado. Cada día me saca a pasear. Es un compañero fiel que no me deja sólo ni un segundo. Cuando miro los ojos amarillos y redondos de Rumbo, fijos en los míos, como en una constante pregunta, me acuerdo de algunas noticias sobre perros maltratados, y me pregunto ¿cómo es posible que haya personas tan crueles y malditas?