Sábado, 21 de septiembre de 2019

Marear la perdiz

En estos últimos días (¡Y los que quedan!) hemos visto, escuchado y oído las propuestas de los numerosos pesos pesados (palabra adecuada) de todos los partidos políticos. Algunos también han leído la columna de Raúl del Pozo en la que dice… “La expresión “marear la perdiz” es ya un lugar común, y la enhilan a cada instante todos los sujetos (políticos y tertulianos) en conversaciones “bajas y desmayadas” como dice El QUIJOTE.

‘No… no voy a ser yo, quien incida más en ello, entre otras cosas, porque esta opinión de---Reflexiones en voz baja---nació con la idea de ser: amena, distendida y amable. Pero si debo decir que: “Que hace ya mucho tiempo les pregunte en sendas entrevistas a dos amigos del alma; lo que para ellos era la metáfora, tantas veces repetida de “marear la perdiz”. El primero, educadamente aunque serio, me dijo: ”Marear la perdiz es lo que le sucedió a un conocido, que era por aquel entonces, guarda jurado, en un pueblo y que aprendió unos conejos a los furtivos y lleno de, buena voluntad, se los llevó al señor secretario del lugar. Este un tanto sorprendido, preguntó: ¿qué hago con ellos? ---y el guarda le respondió---Déselos a las personas más necesitadas en el pueblo---Se le ilumino la cara al funcionario y aseveró; ya sé… ¡Para el señor médico, el señor cura, los señores maestros y el aguacil. ¡Todos los demás del pueblo tienen cuernos!

Después, ante el asombro del guarda, el buen hombre explicó que: “Con lo de los cuernos,  quería decir, que todos los demás habitantes tenían vacas y cabras. El guarda se fue tranquilo.

Y ahora yo pregunto: ¿Será esto “marear la perdiz”?... esta metáfora que explica el hecho de perder el tiempo inútilmente, con tretas y circunloquios como técnica dilatoria o… lo será lo que me contó el segundo entrevistado, después de un largo silencio.---Pues para mi “marear la perdiz” es: ”Cuando antiguamente en el pueblo y en las aperturas de vedas, los cazadores se ponían en las cuatro esquinas del término y tenían a las perdices volando hasta que estas se cansaban y se posaban en los lugares más imprevisibles… ¡con decirte que una vez se posó una en el bonete del señor cura!...

Ja, ja… espera que me lo crea!

---Puedes hacer lo que quieras; pero te aseguro que tengo explicaciones más increíbles.---

Y, ya puestos así; volviendo a lo nuestro, lo más cercano y necesario y visto y oído lo escuchado anteriormente. Lo que yo quiero es que llueva… ¡YA!... bien por intersección de la VIRGEN DE LA CUEVA u otros santos de la corte celestial, que haberlos haylos…”que por las laderas del monte bajen copetados los regachos, y los arroyos desemboquen buenos caudales en los ríos y que los navajos de la vega sean puros charcales”… ¡Que llueva, que llueva… la Virgen de la cueva!

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas