Miércoles, 23 de octubre de 2019

Seguid esperando

Cuando la cantante Giriyadevi llegó al teatro en el que iba a dar su recital, se lo encontró vacío. Su empresario le había jugado una mala partida, como venganza personal por supuestos agravios, y había suprimido el espectáculo sin informarle. En consecuencia, nadie había acudido.

La cantante no se inmutó. A la hora exacta subió al escenario y se puso a cantar todo el programa ante el anfiteatro vacío. No tenía ante sí más que filas de sillas, pero cantó como si le aplaudieran miles de admiradores. Era su trabajo, y ella lo hará bien.

La historia tiene un final feliz, la voz de que la cantante estaba cantando se extendió rápida por la ciudad y el  recital acabó con el teatro lleno  (Carlos G. Vallés S.J).

El que confía en sí mismo, en su profesionalidad, no se desanima ante las jugadas sucias de los otros. No importa la cantidad de personas; no importa que el teatro esté vacío. La artista siguió cantando, a pesar de no ver a nadie; confió y esperó tiempos mejores, a que la gente volviera, porque sabía que fe y esperanza caminan juntas.

A muchos se les marchita la esperanza ante las dificultades de la vida. Sin embargo, hay otras personas que renacen de sus cenizas, esperando gozosa, paciente y confiadamente. Hay una gran certeza y una gran dicha en el que espera, apoyado en la seguridad de conseguir lo que se anhela.

La esperanza cristiana se apoya en Dios, ese Dios que nunca falla, porque “es imposible que Dios mienta” (Hb 6,18), porque “El permanece fiel” (2Tm 2,13). La esperanza se fortalece en Jesús, “pues todas las promesas hechas por Dios han tenido su sí en Él: y por eso decimos por Él “Amén” (2 Co 1,20)

Esperar supone tener paciencia y confianza. Somos amigos de la prisa, de la eficacia, de la impaciencia. Igual que el labrador tiene que aguardar pacientemente a que llegue el tiempo de recoger los frutos, así quien desea cosechar, tendrá que armarse de mucha paciencia para que los problemas puedan solucionarse, para que el otro pueda crecer, para que uno mismo pueda cambiar.

Hay que confiar en el Dios de nuestros padres, quien condujo al pueblo a la Tierra Prometida y que hizo madre a la estéril. Esperar en Él que tiene una solución para cada cosa, pero cuando Él quiera y como Él quiera.

Y mientras llega la solución, orar con fe, con insistencia, con perseverancia. A veces no se reza porque no se cree en el poder y en la fuerza de la oración. La oración es la única fuerza que tenemos.”La oración es la fuerza del ser humano y el lado débil de Dios” (San Agustín).

En estos días la Diócesis de Salamanca está celebrando  las sesiones finales de la Asamblea Diocesana. A lo largo de dos años largos se ha vivido un tiempo de gracia especial en tres fases: tiempo de enamorarse, tiempo de soñar, tiempo de construir. La tarea no ha terminado, es tiempo de seguir sembrando y alzar los ojos y ver los campos de seguir orando y confiando en el Señor y, por supuesto, seguir trabajando. Es bueno seguir esperando, aún en contra de los presagios  de los profetas que anuncian tiempos recios de calamidades y catástrofes.