Martes, 9 de marzo de 2021

La Salamanca rural agoniza

Este curso escolar se ha iniciado en la provincia de Salamanca con el cierre de ocho escuelas rurales, que han tenido que candar sus puertas por tener menos de cuatro alumnos y, entre ellas, este año toca incluir una de nuestra zona, la de Bogajo.

Este hecho, que se viene repitiendo cada año con distintos pueblos como protagonistas, no hace sino evidenciar la agonía en que está sumida la Salamanca rural, donde el relevo generacional brilla por su ausencia, y donde la emigración a otras tierras causa estragos, vaciando de gente joven los pueblos.

En el partido judicial de Vitigudino, este proceso está más acusado si cabe, fruto de que nuestra zona es la más castigada por la despoblación dentro de una provincia que, ya de por sí, encabeza los datos de pérdida poblacional en la autonomía, apenas superada por León y Zamora.

De este modo, este año ha sido Bogajo el que ha visto cómo se cerraban sus escuelas, el año pasado le tocó a Saucelle, y en años precedentes a muchos otros pueblos de la zona, que han visto cómo se quedaban sin colegio local en la última década, entre ellos mi pueblo, Guadramiro.

Pero la lista es larga y, de hecho, en el noroeste salmantino el caso raro es aquel en el que el pueblo posee aún escuelas abiertas, tratándose ya de centros rurales agrupados que aglutinan a alumnos de varias localidades.

Villasbuenas, Encinasola, Valderrodrigo, Guadramiro, Barceo, La Zarza, Cerezal, La Peña, La Vídola, Sanchón, El Milano, Saucelle, Mieza, Vilvestre, Ahigal, La Redonda, Moronta, Peralejos, Puertas,… son algunos de los nombres que jalonan la larga lista de pueblos que perdieron su escuela por falta de alumnado, una lista apenas frenada por algunos de los municipios más populosos de la zona que aún mantienen sus centros abiertos, aunque surtiéndose de alumnos de localidades aledañas.

La pérdida de servicios en nuestra zona, por otra parte, es consecuencia directa de una despoblación que galopa a sus anchas, ante la pasividad de una población a la que le da igual lo que le pase a su tierra. El salmantino ha asumido que irse fuera es lo natural y le importa un cuerno lo que suceda con Salamanca. Si exiges un futuro para esta sacrosanta tierra lo habitual es que te topes con alguien que te llame “pesado”, o que te espeten la típica frase de “a mí eso me da igual, yo soy ciudadano del mundo”, como si los salmantinos no fuésemos del mundo, o como si, por ello, no tuviésemos raíces o tuviésemos que avergonzarnos de ellas.

Por otro lado, es curioso que muchos padres y abuelos se quejan de vez en cuando de lo lejos que están sus hijos o nietos, pero no buscan las razones de que aquí no haya trabajo, ni exigen una inversión más fuerte en la tierra. Tienen asumido que protestar no sirve para nada, que levantar la voz ante una injusticia es algo malo y que emigrar es lo natural, cuando no debiera ser así.

Sin duda, no se puede avanzar con el derrotismo que hay instalado por bandera en nuestra sociedad. Ni se puede avanzar dando la espalda a Portugal, con quienes apenas tenemos pasos y tenemos cerrada la vía férrea (como lo está la de la Plata también en el oriente provincial).

En este sentido, el puente de Masueco resulta muy necesario, pues desde Fermoselle hasta La Fregeneda no hay ningún paso hacia Portugal que permita el tránsito de vehículos pesados (Saucelle solo permite el paso de los de pequeño tonelaje), hecho que debería subsanarse si queremos facilitar el comercio y posibilitar que haya algo de industria en la zona.

Lo más lamentable, en todo caso, es que cuando se reclaman infraestructuras necesarias en el noroeste de Salamanca se alude permanentemente desde la Junta a las dificultades orográficas, pero sinceramente, no veo que otras administraciones pongan esas excusas cuando se trata de tirar puentes o hacer túneles en zonas de complicada geografía, como País Vasco, Asturias, Cantabria o Galicia.

Sea como fuere, la despoblación está siendo la tumba de los servicios sociales en el noroeste salmantino, escudándose en ella la Junta cada vez que pretende recortarnos servicios. Así, cuando quisieron cerrar las urgencias nocturnas en Villarino o Barrueco, cuando suprimieron la plaza médica de Brincones, o ante el hecho de que no haya una ambulancia de Soporte Vital Avanzado en el noroeste salmantino, la Junta ha alegado continuamente que hay poca población.

Claro, que también podemos pensar desde esta zona que cuando se nos insertó en esta autonomía éramos el doble de habitantes y que, a lo mejor, ahora tenemos menos población precisamente por las políticas junteras. No estaría de más recordar, asimismo, que la Junta es la administración de cuantas nos gobiernan que posee más competencias (por aquello de que no escurran el bulto señalando a otros puntos lo digo).

Esto nos podría llevar a la conclusión de que lo que hay que cerrar precisamente es una autonomía como la de Castilla y León, que se ha mostrado inefectiva e inoperante para los intereses salmantinos y, en general, para los del ahora llamado ‘Oeste de la comunidad’, que no es otra cosa que la Región Leonesa de toda la vida, que se ha convertido en el territorio con menos jóvenes de toda Europa. Que la Junta nos explique cómo hemos llegado a esta situación.