Jueves, 20 de junio de 2019

Reunión de vecinos

Con el inicio de curso llegan los coleccionables, las matrículas para el gimnasio, los buenos propósitos, las chaquetas y, cómo no, la reunión de vecinos.

Este año estreno comunidad. Será una reunión exactamente igual pero con nuevas caras. Y con mucha más gente, eso seguro. Y es que yo vengo de un edificio sin ascensor ni garaje en el que compartíamos la escalera de las cinco alturas diez familias, cinco de la mano izquierda y cinco de la derecha. Pero las reuniones eran idénticas a las que tiene todo hijo de vecino en el universo patrio. Un calco de lo que será la del próximo viernes en mi nueva comunidad donde vivimos 83 familias con garaje y ascensor. Uno de esos originales residenciales que han dado ahora en levantar rodeados de vallas, cámaras y vigilantes con la excusa de defenderse no se sabe muy bien de qué ni de quién y que en realidad para lo único que sirven es para confinarte en un recinto cerrado para forzarte a convivir más de lo estrictamente recomendable con un numeroso grupo de personas a los que no has elegido. Esto sin contar lo de la pista de pádel, la sala comunitaria y la piscina… ay, la piscina.

Decía que estreno reunión de comunidad, que es diferente, pero es la misma. Y lo sé porque he recogido del buzón la convocatoria de la administradora de fincas. Que si aprobación de cuentas, que si cambio de la junta directiva, que si no pagan los de tal piso, que si otro quiere poner una antena, que si patatín, que si patatán. En resumen, que en la reunión hablarán hasta cansarse aquellos a los que no les dejan meter baza en casa, que servirá para que los amargados esparzan su bilis y suelten todas sus frustraciones en público canalizándolas en, qué sé yo, los niños que hacen ruido o que si hay que cerrar con doble llave el portal, o que si el pago de lo común tiene que ser individual o que si en el garaje alguien aparca las bicis en un lugar habilitado específicamente para vehículos a motor. Porque, eso sí, en dichas juntas, a los redichos se les sale el pedanterío por los poros. A mí, qué quieren que les diga, entre los que retuercen el diccionario y los que tiran de cánones, me hacen pasar un buen rato. Espero que la administradora de fincas respete el horario y no prolongue tanto como cuando juega el Real Madrid un partido de Champions.