Sábado, 15 de diciembre de 2018

Groserías

Decir que el nivel de zafiedad e ignorancia de la información en los medios de comunicación españoles ha aumentado hasta cotas que rayan la indecencia, es posiblemente constatar una realidad que infecta también a la política profesional  (vivero, no casualmente, de que se nutren esos mismos medios), la cultura y en general un desarrollo social (por así llamarlo) que se ha convertido en la peor instancia del más barato posibilismo.

Dejada en manos de mediocres la gestión de lo que otrora fue alimento de la libertad, la información, y burocratizada hasta niveles de necedad e insignificancia la esencia de lo que pronunciaba antaño la condición humana, la cultura, el contenido y la naturaleza de lo que está impregnando la mentalidad de los jóvenes, y los no tanto, en cuanto al desarrollo de su libertad y la maduración de su condición social, se ha convertido en una indigerible bola de mendacidad, interés económico, mal gusto, grosería y vacuidad.

A esa dolorosa constatación de la perversión y abaratamiento del lenguaje, precisamente donde éste debería ser más cuidadosamente utilizado,  y a la imparable trivialización y grosera vulgarización de la expresión en los medios de comunicación, se ha venido uniendo, hasta formar parte indisoluble de esa papilla de ofensiva nadería que suministran los pomposamente llamados ‘informativos’, la pura manipulación de contenidos.

Sin duda condicionados por los intereses de los propietarios, accionistas, prestamistas, consejeros o esbirros de los dueños de los medios, el contenido de la mayor parte de las noticias publicadas y difundidas en España alcanza tal nivel de manipulación, tendenciosidad y tergiversación, que se hace muy difícil entrever siquiera atisbos de una información veraz, contrastada, clara o al menos aproximadamente parecida a la verdad. Desde la información de la política nacional, uno de los temas, como ser ha dicho, que nutren a la prensa española de mentidos y desmentidos, circulares, admoniciones, poses y otras estrategias partidarias de adueñamiento de titulares, y que constituyen uno de los ejemplos de anti-periodismo de más flagrante bochorno del mundo occidental, hasta la vergonzosa parcialidad y tendenciosidad de las “informaciones” relacionadas con países y gobiernos de todo el mundo contrarios a los avariciosos intereses de los medios, abrir hoy día un periódico, escuchar un informativo radiofónico o asistir a las representaciones de los informativos prime time de la televisión, constituyen ejercicios de temple, entereza y flema que sólo en algunos rincones de la Red –cada vez menos- es posible conjurar.