Sábado, 21 de septiembre de 2019

¡Me quiero jubilar!

La frase más repetida últimamente en el ámbito sanitario es: “me quiero jubilar”, esto era impensable hace unos años, la mayoría de trabajadores de la sanidad pública se sentían orgullosos y a gusto ejerciendo su profesión. ¿Pero a qué se debe este cambio? principalmente al entorno laboral y las condiciones tan penosas en las que se ejerce el trabajo en Hospitales y Centros de Salud. El estrés, la falta de personal y las cargas de trabajo tiene mucho que ver con el ¡basta ya!. Se han acumulado demasiados sentimientos de frustración, insatisfacción, desmotivación y desánimo difícil de describir. En todas las categorías profesionales, personas con capacidad para seguir trabajando, buscan la salida laboral de la jubilación voluntaria como única solución a una situación inaceptable e  insoportable, además, evitan seguir viviendo en la incertidumbre sobre el futuro de las jubilaciones ante propuestas tan disparatadas como las del Bundesbank alemán que propone elevar la edad de jubilación hasta los 69 años y a las que el Gobierno español mira con simpatía y que no tiene otro objetivo que el de favorecer alargar la vida laboral de los trabajadores, esta es otra consecuencia más de la importante oleada de jubilaciones anticipadas.

El Gobierno del Partido Popular, ha prolongado la edad de jubilación a los 67 años a través de una Reforma del Sistema Público de Pensiones que entre otras medidas, exige una carrera mínima de 35 años de cotización para acceder a la jubilación anticipada voluntaria y 33 años cotizados en el caso de la jubilación anticipada forzosa y la jubilación parcial. Estas medidas han vulnerado los derechos adquiridos de muchos trabajadores que tienen que prolongar su vida laboral, pero que a pesar de la pérdida económica que supone una jubilación anticipada, respecto a lo que vienen percibiendo en activo, toman la decisión de jubilarse.

El Estatuto Jurídico del Personal Sanitario establece que la jubilación forzosa se declarará al cumplir los 65 años, pero se podrá solicitar voluntariamente, prolongar la permanencia en el servicio activo hasta cumplir, como máximo los 70 años, está decisión dependerá de los Planes de Recursos Humanos de cada Comunidad para que se apruebe la continuación a seguir trabajando. Vaya por delante decir que estoy plenamente de acuerdo en que la gente se retire cuando le llega la edad, por regla general las capacidades físicas y cognitivas disminuyen como proceso natural del envejecimiento y aunque, en algunos casos pueden ser tan productivos como uno nuevo hay que dejar paso a la gente joven que viene con ganas y, en algunos casos con más formación porque la experiencia se coge rápidamente, las plantillas envejecen y es necesario rejuvenecerlas. Dicho esto, debo destacar y denunciar la hipocresía y cinismo con la que suele hacer gala la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León sobre el sospechoso procedimiento de favoritismo y amiguismo que aplica para otorgar la prologa hasta los 70 años de los trabajadores que lo solicitan, tenemos ejemplos claros en Salamanca, mientras por un lado se obligaba a jubilarse forzosamente a algunos médicos, sin valorar las necesidades de sus unidades, por otro se otorgaba prologas a médicos que su único mérito y actividad era vivir un retiro dorado en un despacho atendiendo su móvil y viendo el periódico  cada mañana, una manera de agradecer los silencios y servicios políticos prestados, casos como éstos provocan falta de respeto a todos los profesionales sanitarios, además de alentar los procedimientos judiciales de profesionales que desean seguir trabajando más allá de los 65 años, sobre todo a los que se le otorgó la prologa antes de establecer la jubilación forzosa.

La actual situación que se vive en la Sanidad Pública española evidencia, una vez más el fracaso de los procesos de gestión propios de los Recursos Humanos y que están repercutiendo en el conjunto de la política sanitaria.