Jueves, 29 de octubre de 2020

El adiós de Valdeón

Cuando se mete la pata se paga. Rosa Valdeón la metió, tenía que dimitir y lo hizo. Lo dejó entrever en una rueda de prensa tan franca como confusa. Quizás porque no había nada preparado, tal vez por lo acibarado de la situación, o por lo que supone exponerse,  dar la cara e ir de frente una vez más. Pero ahora era ella la protagonista.

No voy a almibarar el hecho, ni siquiera creo que debería de seguir en las cortes regionales. Ahora bien, si esto va de listones, por rapidez y determinación, su ejemplo nos dejaría con una clase política inmaculada en menos que canta un gallo.

Pero a mi juicio esta debería ser la cota más baja de la susodicha moldura, la simple lógica de la consecuencia. Ahora, que visto el nivel, como alguno resbale en esta bendita tierra no vuelve a levantarse del listonazo que se lleva.

Valdeón representaba muchas cosas dentro del Partido Popular, era un ejemplo del político de hoy, de lo que un servidor denomina como político de recebo. Algún día les contaré mi teoría entrevetada de la tipología política. Pero lo que encarnaba era ese paso adelante, esa humanización de un Partido Popular necrosado, atrofiado por la ilógica,  a veces desleal y con pánico a los índices.

Esos mismos dedos índices que intentaban resetearla con la vitola de sucesora, con esa máxima de que quien primero suena nunca es. Pero creo que se equivocaban en este caso, y la zamorana llevaba un año con el joystick de toda una comunidad entre sus manos.

Ya he manifestado que creo que se debería dejar su escaño, pero también opino que su valor, su talla y su capacidad no pueden pasar desapercibidas al Partido Popular. Pero si finalmente sigue en las Cortes no es solo por su competencia política. Imagino que ni ella ni muchos querrán dar el gusto a ciertas miserias, pero es que en esto de los asientos el famoso listón anda por los suelos. Porque entre los casos similares que siguieron en el trono, los que lo consiguieron a pesar de los pesares, y otros que los multiplican  sin ponerse encarnados, el caso que nos ocupa no desentonaría en absoluto.

La salida de Rosa Valdeón además de por sus propios actos, es indirectamente la victoria del lado oscuro. Ese que espera, que diseña, que bebe de nuestros impuestos mientras despejan sus caminos en vez de allanar los nuestros. Como he leído en algún sitio en estos días, la jauría le tenía ganas. Y la jauría la tenía dentro.

Fue Herrera quien la libró de ellos sabiendo que era capaz, muy capaz. La rescató de un exilio tramposo que no devaluó su valor político y la dio mando en plaza. Para mi Valdeón representa la resistencia ante lo injusto, lo inmoral y lo amoral. Y en algunos casos, como el de Soria, la voz de la calle y de sus propios votantes. 

Rosa la hizo y la pagó. Pero en ese mundo en el que se mueve, no todos los que la hacen la pagan.

Las malas lenguas, tenebrosas y tendenciosas, dicen que esto no la habría pasado si no se hubiera bajado del coche oficial como hacen otros. Chismorrean que hace unos días criticaba el nombramiento de Soria y ahora es ella la que dimite… Yo creo que es simplemente la mácula personal de una política consecuente, que tiene mis simpatías, y que ha dejado un hueco pero también una impronta, y porque no, un listón.

Castilla y León pierde una buena política, honesta, coherente, de extraordinaria valía. Y no lo digo yo. Es lo que opinan sus oponentes políticos y buena parte de sus correligionarios. Por algo será.