Sábado, 21 de septiembre de 2019

La Chicharilla

¡Vamos hombre… La chicharilla, que es un insecto, lleva siempre encima una Bacteria; la xilella fastidiosa (de nada me extraña el apelativo) que tiene heridos de muerte a millones de olivos que son objeto de sus preferencias destructoras; aunque no desdeña a otras especies donde elegir presa, cerezos, acacias, cítricos y vides. Nunca había “actuado” en Europa, pero… ya lo hizo en Italia, concretamente en Lecce, donde casi 12 millones de olivos, tres millones centenarios, han sido devastados y han quedado catalogados como zona infectada por esta Bacteria asesina a la que nombran como el “ébola de los olivos”.

Como decía, la Bacteria esta “viajando” por el sur de Italia a bordo de este insecto, la chicharilla espumadora, nombre español o en América donde se la conoce por “escupitajo de los pastos”. Un castizo diría; que el verdadero nombre sería… ¡Un ca… con pintas.

Y cuento todo esto en mis reflexiones en voz baja, (aunque es más largo, destructivo y doloroso de lo de aquí he expuesto)… dado que tengo un olivo en la parcela de Villaflores, un olivo que es objeto de mis preferencias, hasta el punto de que el día que muera, parte  de las cenizas  de mi cuerpo; serán esparcidas en su base. Me ocurre que siempre que “cuento” este deseo a los amigos y algún conocido, me apostillan: ¡Hombre Anselmo, que te quedan muchos años de vida!... Ya quisiera; pero la realidad es que a los 82 años de edad y aunque el hombre siempre está buscando el elixir que le otorgue la inmortalidad, los años arrastran dolencias asociadas inevitablemente al envejecimiento del organismo. Más vives, más envejeces.

Decía, que tengo un olivo que llegó desde “Hornacinos”, allá en El Cerro. Un olivo del alma, lleno de recuerdos de la infancia y juventud, de miembros de la familia y amigos que ya desaparecieron en el camino de la vida. Y que por todo ello me joroba,  pero que mucho, que la dichosa chicharilla con su Bacteria a cuestas lo “machacase”.

Esto se lo cuento a un nutrido grupo de vecinos en el pueblo; entre los que se encuentra José, que tiene fama de tener el “colmillo un tanto retorcido”  y qué rencoroso y con mala uva me espeta sin reparos… ¡Anda… que para un olivo que tienes, menuda pérdida!

Me hace daño, pero no me “arrugo” y sabedor de sus tendencias políticas le cuento un sucedido en un mitin de elecciones locales en un pequeño pueblo:  “Una vez, compañeros de tú tendencia política dieron allí una charla. El orador entusiasmado le decía a voz en grito, si llegamos al poder, a los ricos del pueblo les quitamos sus tractores y coches y… también sus vacas y hasta las bicicletas… En ese momento desde la concurrencia salió una potente voz que dejó al orador sin palabras… ¡las bicicletas No… que yo tengo una!

Como yo… un solo olivo.

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas.