Lunes, 11 de noviembre de 2019

Sin compañera de baile

Llegan las fiestas de Salamanca, con sus luces de cohetes, su aroma a casetas, sus sonidos de conciertos y sus entregados ciudadanos.

Como todas las fiestas patronales, los protagonistas son sus gentes. En unos sitios las peñas, en otros las paelladas, en otros más o menos toros, orquestas gigantes o discotecas móviles, cada vez más protagonizadas en su organización por los ciudadanos. Disfrutamos cada día más de las fiestas porque las hacemos nosotros a través de Gobiernos más participativos. Aunque las autoridades siempre se reserven el oscuro objeto del deseo de contratar cómo y por cuanto quieren, el contenido cada vez más está en manos de las demandas de los ciudadanos. Los Gobiernos abiertos, a veces por el miedo de que su inflexibilidad suponga perder unas elecciones, han facilitado que, a través de diferentes fórmulas, los habitantes no sólo hagamos llegar nuestros deseos para fiestas, si no que directamente elijamos el contenido de las mismas. Son unas fiestas de todos.

Las fiestas de Salamanca se hacen con las demandas llegadas de colectivos que van desde nuestros mayores, muy bien organizados con sus asociaciones, a los estudiantes, últimamente recogidas sus demandas a través de algunas formaciones políticas. Grupos de personas e incluso individualidades conforman las solicitudes de cómo dinamizar una ciudad que apuesta por unas fiestas patronales volcada en actividades de calle. La ciudad es una urbe para disfrutar en la calle, Salamanca incluso brilla de noche.

Sin embargo, esa frase tan manida de los políticos de “de todos y para todos” no se cumple en estas fiestas patronales. Esta edición, y ya son muchas, vuelve a quedarse atrás en cuanto a todos para los que serían las fiestas. Los estudiantes universitarios que dan color, vida, emoción y fortuna a esta industria cultural, se los olvida privándoles del disfrute de la ciudad en unas fiestas de todos. El curso escolar, cada vez acaba antes y, en el caso que nos trae aquí, cada vez empieza más tarde de lo que debería. Descoordinación de fechas que incomodan a propios y extraños en una búsqueda de una comodidad laboral que, tras 2 meses de vacaciones estivales, no se entiende. Algunos sacan excesiva partida del dicho: “me engañarán en el sueldo, pero no en el trabajo”. Y así es. Que los contratos universitarios son cada vez más precarios es palmario. Se cobrarán 600€ al mes, en algunos casos, pero entre empezar en octubre (casi) y acabar en junio, pasando por puentes, Navidades, Semana Santa, congresos, intercambios y jornadas de menos de 5 días a la semana, con la permisividad del equipo directivo, poco más hay que hacer. El trabajo y más el académico, es una vocación.

La descoordinación de los inicios de curso en esta académica ciudad que van desde el día 5 de septiembre para Medicina y Farmacia, al 12 para los de segundo curso en adelante y al 19 para los novatos, además de no tener sentido, se enmarca en una negativa a que los estudiantes disfruten de las fiestas, vayan integrándose en el día a día de la ciudad, conozcan sus rincones con las nomenclaturas de las zonas de las “casetas”.

Valladolid ha ido dando un sentido a sus fiestas patronales. Primero las adelantó para hacerlas coincidir con las de Salamanca y este año ha adelantado el inicio académico para que las fiestas sean algo de todos. Pucela ya tiene a todos sus protagonistas en la calle y Salamanca se queda sin compañeros de baile. Salamanca es una ciudad culta, docta y hospitalaria, pero a veces el título de sabia hace por no querer aplicarlo, aunque pueda merecidamente. Hay que apuntar maneras a que la ciudad retome la dinámica de una actividad universitaria. Que los estudiantes vivan en Salamanca desde primeros de septiembre a mediados de julio. Pagan sus pisos por ello, les encanta nuestra ciudad, quieren cualquier motivo que les sirva de excusa para poder quedarse y no se les da. Se les está privando a ellos y se está privando a la ciudad. Queda poco, esperemos que pronto puedan tomarse decisiones futuras con tanta visión como, por ejemplo ha sido el evento StartUp Olé. De los pocos eventos de la USAL que, a mayores de su éxito intrínseco, ha supuesto una gran decisión el situarlo en la agenda de Fiestas de Salamanca. Para propios e invitados se enmarca en un momento afable, donde los acuerdos llegan a mejor puerto y las personas disfrutan más de una negociación en un ambiente distendido que bajo el corsé del marco o la necesidad. Igual que para los estudiantes, que no sólo vienen a recibir formación, vienen a hacer sociedad, relaciones, en definitiva a ser adultos.

El 2018 y su trayectoria hasta alcanzar la fecha debe venir acompañada de actos culturales, educativos, formativos, pero además de inmersión social, festiva y colaboracional. Si las fiestas son un éxito, los eventos y efemérides también de la mano de un trabajo social integrador con la ciudad que lo acoge. Las próximas Ferias, a estas ya se llega tarde, deben trasladar la USAL a la calle con sus estudiantes, sus académicos y sus allegados, trasmitiendo el 2018 y atrayendo a público de cualquier índole.