Jueves, 29 de octubre de 2020

Camino Soria

 

Menuda se ha liado, y no es para menos, con el nombramiento del ex ministro Soria,  falaz y paradisíaco el. Ahora representa a la España que mintió en el Banco Mundial, ahí es nada, y a razón de doscientos cincuenta mil dólares al año, libres de impuestos, toma ya.

Deben de temblar por los pasillos de la sacrosanta institución crediticia cada vez que les mandamos un españolito, pero da igual cuando el premio por tener que salir por la puerta de atrás de la política y engañar tiene tan suculento destino.

A mi turbado juicio lo de Soria le parece una obscenidad ética de grado superior, un mojón como un piano de grande. Y si fuera poco, alumbrado con alevosía, casi nocturnidad, y ejecutado con calculada distancia electoral.

No voy a entrar en lo legal, que posiblemente será ajustado a derecho, a las capacidades, no sé si tanto al mérito. Pero en esto de la corrupción, corruptelas y demás mangoneos, la falta de moral de conducta o de cierta deontología, sangra tanto como llevárselo crudo.

En estas lides da igual el daño que se le haga al partido, es indiferente que huela horrorosamente mal o que  este tipo de maniobras no hagan más que corroborar la idea que muchos tienen de los populares hoy en día. Da igual.

No bastó lo de Rita Barberá y su patada hacia arriba en el Senado. Poco importa el retiro áureo y parisino de un ministro nefasto y su esposa, que más da. Al final Soria solo ha mentido,  intentando ocultar sus negocios “offshore” mientras es ministro de industria, pero eso no es delito, no lo es. Pero en cualquier democracia medianamente madura es motivo suficiente no solo para dimitir, si no para no ostentar confianza alguna en puestos de representación.

La culpa es de quien es, del paciente Rajoy. Que le ha dado a su amigo canario lo que quería a pesar de todo. O que le ha compensado por una supuesta vendetta, vaya usted a saber. Todo lleva cocinado meses, pero no se anunció hasta que falló su investidura.

Lo que más me extraña es que nadie le ponga colorado y le diga que esto no es de recibo, que debe de pensar más en su partido, en sus afiliados, en esos millones de votantes. Y menos en sus amigos, en los personalismos y los intereses de moqueta.

Ahora los “hombres de partido”, esos que si rechistan no los mandan precisamente al Banco Mundial, nos vendrán con lo del merito, la legalidad, que no es una cuestión politica, que tiene derecho, y demás milongazas de argumentario precocinado y grasiento. Pero solo he escuchado a dos políticos que le han puesto un poco de dignidad a esta locura. Solo Juan Vicente Herrera y su vicepresidenta, Rosa Valdeón, ha mostrado públicamente su rechazo a esta cacicada que solo favorece a un ex ministro arrogante con esta tierra. Y me temo que serán los únicos, pero ahí radica su mérito.

Lo que me queda claro es que  los votos no sirven para esto, que Rajoy sigue sin espejo, y que piensa en terceras elecciones desde hace tiempo. Ya lo intuí tras su flácido debate de investidura, pero con este nombramiento ha marcado los tiempos para que cuando haya que votar de nuevo el temporal haya amainado, y el caos podemita solucione todos los problemas.

Aunque siempre hay momento para la dignidad, el decoro, para  dar marcha atrás. Y que ese camino Soria que se ha abierto se cierre con honra. Pero si fuera así, no sería más que otra triste y decepcionante declaración de intenciones.