Miércoles, 24 de julio de 2019

Tiempo de incertidumbres

Es como si la incertidumbre quisiera apoderarse de nuestras vidas y de nuestra sociedad, en esta entrada a ese nuevo ciclo de todos que es el curso. Porque, más que por años, vivimos por cursos, vamos de curso a curso, en ese tiempo cíclico que nunca es igual, ya que en sus entresijos se esconde ese tiempo lineal de la historia, que va del pasado al futuro.

            Más que de incertidumbre, habría que hablar, en plural, de incertidumbres, porque son muchas las que parecen estar atenazándonos. La incapacidad de llegar a formar un nuevo gobierno; posiblemente, por ese vicio de las mayorías absolutas, de la imposición –dañina siempre– de una sola perspectiva a la hora de elaborar y ejecutar las leyes educativas, laborales, de seguridad ciudadana, etc.; en lugar de tener la generosidad de llegar a acuerdos y hacer que tales leyes tengan en cuenta las perspectivas de los distintos sectores sociales.

            Y esta es una incertidumbre que no es menor, si va acompañada de otras, como la desmoralización social que la corrupción produce, y más si no se ataja y si no hay voluntad real de hacerle frente, sino más bien de taparla y esconderla, como si aquí no hubiera pasado nada.

            Y la falta de perspectivas laborales de amplios sectores de la población. Y los problemas de desahucios y de precariedades de todo tipo que sufre una parte no pequeña de nuestra sociedad…, toda esa suma de elementos hace que se nos imponga, en el inicio de este nuevo curso, esa sensación de incertidumbres que impide abordar el existir individual y colectivo con ese ánimo necesario, para que todo vaya adelante.

            Y es que hay en la sociedad un anhelo callado, pero muy presente, de que la sociedad española, de la que todos formamos parte, necesita un tiempo nuevo de regeneración, de rupturas con arraigados vicios que se han enquistado entre nosotros, de cerrazones que no conducen más que a callejones sin salida.

            De ahí que sea hoy, más necesario que nunca, como conjuro frente a tantas incertidumbres, el inicio de un tiempo nuevo de regeneración, marcado, no por esa feroz competitividad que deja a tanta gente en la cuneta, sino por una cooperación que traiga nuevas ilusiones, nuevas perspectivas, capaces de ir erradicando, con la participación de todos, todos esos paralizantes vicios que aniquilan la sociedad, y para ir abordando esos problemas reales que nuestras gentes tienen: la necesidad de trabajo, de vivienda digna, de una educación abierta, de un disfrute real de las libertades sin extrañas y oscuras amenazas, de una convivencia abierta y tolerante, etc.

            Y a este nuevo tiempo de regeneración que nuestra sociedad necesita, nos gusta relacionarlo con la conquista de esa sociedad abierta, sobre la que ya hemos escrito en otras ocasiones.