Miércoles, 12 de agosto de 2020

García Maffla: Esquirlas para instantes perdurables

El poeta Jaime García Maffla

I.

 

Esquirlas para instantes perdurables y/o pequeñas semillas fecundas, como granos de mostaza, resultan los poemas de Jaime García Maffla : han sido debidamente (íntimamente) seleccionadas para que crezcan y crezcan en el corazón y en la memoria de quienes a ellas se acerquen como atentos lectores-receptores : importa la esencialidad del verso y no la contorsión o extensión que, muchas veces, asfixia el decir poético, restando un voltaje imprescindible para la conmoción y el aprendizaje de esa otra realidad que el autor insufla en sus textos.

 

Contención que luego, cuando es entrañada por el lector, origina un estallido, una onda boreal : así los poemas de este colombiano nacido el 44 del siglo anterior. Lo suyo, su sembradío de versos, resulta ser Arca de pequeñas lumbres alimentadas por un hondo sentir y pensar en dosis adecuadas. Las dosifica con la sana intensión de no prostituirlas : las raciona, al extremo de irlas ofreciendo a cuentagotas, tan de tanto en tanto como si buscase no hacerle tachaduras al calendario, atento a la expansión perpetua de lo futuro, de aquello que traspasa las fisuras del Tiempo:

 

Hoy me ha mirado el pasar a un pasado

Lo presente en la hora que a través mío pasa.

 

 

II.

 

Con sosiego ha ido escribiendo una obra rotunda, ‘condenada’ a ser reconocida por tirios y troyanos que aún hoy prefieren guardar silencio. En esta antología, García Maffla no sólo ofrece muescas, apetitosas partes de creaciones más amplias : también los reordena a su libre albedrío, sin someterse a pautas cronológicas de cuando fueron pergeñados y publicados : le basta con señalar que el marco temporal de gestación total va del año 1972 a este 2016.

 

El poeta suele pasar días del mes en su retiro de Guaymaral, y allí se puso a distribuir sus invocaciones existenciales en diecinueve compartimentos de un mismo bergantín que en la rada muestra no sólo su esbelto perfil exterior, sino lo más trascedente, la sala de maquinas, el interior de versos que desentumecen porque cada uno de ellos es resurrección (de la Palabra) y contraseña, gestados siempre bajo el silencio de las grandes ocasiones:

 

No quiero más sosiego
Que el de lo silencioso en el silencio

 

 

III.

 

Decía Aurelio Arturo, poeta respetado por García Maffla, “los días que uno tras uno son la vida”. De esto se trata; de la Vida vivida al margen de caravanas sonámbulas; de las heridas que muchas veces no cierran, de la carne y del espíritu : hasta de las rosas podridas o las dentelladas que, en perfecta disciplina y sin previo aviso, van hincando el cuerpo del escriviviente.

 

Por esto, en la poesía de García Maffla  – toda ella germinada para la sobrevivencia – encontramos pasión, entrega plena, casi un sacerdocio respecto a la palabra poética y a la propia amada; respecto a la vida y al ejercicio sacral de lo que se ama. Una muestra totalizadora de ambos frentes determinantes bien la podemos constatar en el texto ‘Del juglar a su amada’, donde el caleño se confiesa: “¿Querías un monje? Ya lo soy,/ Mírame consagrado al rito de tu lecho./ No ejerzo mucho la imaginación/ Sino más bien me paso el día mirando/ Cómo va deslizándose el tiempo por la luz./ Mis emociones son como el jardín que cuidas,/ Visibles todas y dispuestas en surcos./ Me apego mucho a las hojas que escribo,/ A las pocas palabras que puedo redactar/ Porque me vienen desde no sé dónde, no las sueño/ Aunque sí las espero a la hora del Ángelus./ No sé si existo pero estoy contigo,/ Soy parte de tus cosas y mi alma está en paz”.

 

Y, a pesar de engaños y desilusiones, el poeta mantiene incólume el castillo de su esperanza:

 

Esa quimera acoge,
Pues la imagen labrada
De tu eterno presente por tu vida
Vive con quien en ti quiere la vida.

 

 

IV.

 

Entremos a la Herida, al avance enloquecido de puñales que a diario lanzan las jaurías : el meollo de la vida es herida : la vida, siempre en la cuerda floja, se encalla en la llaga que no cicatriza, en el llanto indeleble tras la zafra de contados instantes felices. Pero el poeta trasciende murmullos y venenos, se oculta tras la impalpable estructura de su creación o en la propia piel del viento que expande sus palabras.

 

García Maffla no es de esos vigías que prestan toda su atención hacia el brillo de la luna. Ni mucho menos : lo suyo se edifica hacia adentro, hacia la inaudita verdad que acontece al interior del hombre desgarrado o entristecido, del poeta que llega a cuestionar el por qué  la Diosa blanca o el Ángel tutelar se fijaron en él y le inocularon el virus de la Poesía:

 

El encanto y la pausa del encanto;

Rocío matinal que hiere y deja

Sobre el herido la estación, la queja

De la herida y la seña del quebranto.

 

El peso de la memoria y las conexiones existenciales junto al anclaje espiritual : refutación a los instantes resplandecientes y señales de lo visible desencarnado : pero su visión se desdobla hacia adentro, roza la piel del alma mientras sigue en su búsqueda y ora: “Señor:/ He de cumplir con este día,/ Si es que lo aguardas,/ Si es que está entre Tus planes.// Déjame, pues,/ Ya no por mí ni el iris de mis ojos,/ Sino en ofrecimiento,/ Para seguir las líneas del mapa de tus manos…”.

 

Presencia del Misterio y presencia de la Herida en este miliciano del amor que parecería estar expectante de conocer cuántas piedras le lanza la vida, días tras día. Por ello la cita del principio, su declaración de intenciones, para él mismo y para sus congéneres:

 

 Vive si puedes;

Ahora, si puedes,

vive…

                                                                                                                                                 

 

V.

 

Nadie está libre de un desierto interior, urgido del alma cuando estima que le resulta imposible salir del laberinto. Así, García Maffla rebalsa lo que otros fingen no sentir. Entonces anota: “¿A qué vivir? Ahora se pregunta; fragmentos/ Sus días son, tras el ensueño a penas duras/ Recogidos, aliento el de sus semejantes hecho herida/ O imbatible puñal para la herida,/ Y la mirada suya, la de su corazón, luz/ De sus ojos, un universo desplomado”. Pero estamos ante un fervoroso amante de la vida, y lo confirma para que no nos confundamos: “Amo la vida, sí,/ Dios mío./ Aunque no sé si crea/ En tu Ángel de perfecta belleza y esperanza”.

 

En tal sentido, a pesar de heridas y desengaños; a pesar de desamparos y de plegarias que no se ven, el poeta reconoce tener una tabla de salvación que le ha acompañado la vida entera:

 

Sé que existen los versos
Y que los he amado desde niño.

 

Absolutamente moderno porque parte de lo clásico, Jaime García Maffla es un poeta del presente y de lo porvenir. Para mí, como aprendiz, resulta un honor inmerecido el que me haya pedido unos apuntes previos a sus diamantes en verso. El filósofo español Emilio Lledó entiende que las palabras son la posibilidad de inmortalidad, de hacer latir la memoria, la vida. Nuestro poeta – de Cali y del mundo – lo esculpe de esta forma magistral:

 

Entonces las palabras
Serán esa palabra,
Hoja caída de una rama eterna,
Que hemos de oír en labios del Silencio.

 

Que así sea.

 

Agosto y en Tejares (2016)

 

Alfredo Pérez Alencart

Universidad de Salamanca

 

 

 Los poetas Juan Manuel Roca, Lucía Estrada, Jaime G ... affla y Jotamario Arbeláez. Foto Zenia Valdelamar  poetas Juan Manuel Roca, Lucía Estrada, Jaime G ... affla y Jotamario Arbeláez. Foto Zenia Valdelamar Los poetas Juan Manuel Roca, Lucía Estrada, Jaime G ... affla y Jotamario Arbeláez. Foto Zenia Valdelamar

Los poetas Juan Manuel Roca, Lucía Estrada, Jaime G ... affla y Jotamario Arbeláez. Foto Zenia Valdelamar TRES POEMAS DE LA ANTOLOGÍA

 

HERIDA DEL JUGLAR

 

 

Lo dije siempre y de ello me convenzo,

Que la ocasión nunca se nos ofrece

Ni se nos acomoda,

Y que la estrella fija de todo nacimiento

Discurrió por el nuestro y desatina

Hasta el presente desde entonces.

Que la fortuna en creces, si en dobleces rica,

Cuando el cauce descubre de nuestras aguas diáfanas

No lleva ni convida su curso, ni se vuelve o pregunta

O raciocina, vuelve

Su mirada a los lares que a nuestro lar vigilan.

 

NOMBRES

 

 

Detenidas las barcas...
Los marineros
Pintan los nombres,
De sitios o mujeres en la proa,
Tejen las velas rotas.
Hay  voces y en el fondo del agua
Están los residuos del viaje.
El sol cae benévolo
Pues todavía es la mañana.
Han hecho un alto,
Como los hombres y el deseo.
Las barcas detenidas
Ahora navegan por el tiempo
Que acaricia sus quillas
Con ese amor alado de las ondas.

 

LA POESÍA

 

                    A: Indrán Amirtanayagám

 

No haces ya
Los versos, no los haces.
Tal vez la poesía
 Sea sólo una forma de señal
De los atardeceres de tu alma.
Mas no compones,
Ni dices ni callas.
Tal vez por compañía
Has de tenerla o por consolación
Que es
Vana estadía la tuya en las palabras,
Como en  tu paso,
Si es que dejas huella.
Acaso

Un recuerdo o un amor o un adiós,
Pues ya no sabes
En cuál lugar de ti estás ahora.
                      

 

 

ENLACES PARA DESCARGA LIBRE DE LA ANTOLOGÍA

http://www.crearensalamanca.com/wp-content/uploads/2016/08/herida-del-juglar-antologia-intima-de-jaime-garcia-maffla.pdf

 

https://www.academia.edu/27887197/Herida_del_Juglar._Antolog%C3%ADa_Po%C3%A9tica_%C3%8Dntima_1972-2016_Jaime_Garc%C3%ADa_Maffla_2016_

 

https://issuu.com/hebel.ediciones/docs/2016_-_herida_del_juglar_-_jgm_

as Juan Manuel Roca, Lucía Estrada, Jaime G ... affla y Jotamario Arbeláez. Foto Zenia Valdelamar