Jueves, 20 de junio de 2019

De Oteguis, tangas y burkinis

Dándole vueltas a la cosa de la actualidad, muy dilectos lectores míos, compruebo un tanto asustada que hemos pasado el verano muy felices cual perdices sorteando los auténticos problemas inmersos en zarandajas inútiles como la mamarrachada esta del burkini, los pactos electorales, los correos de Clinton… y dejando a un lado que, cuando una empresa de deshechos o neumáticos va mal acto seguido arde, que cuando las cosas se hacen peor un terremoto supone más muertos, que el auténtico problema no es una señora que va a la playa, sino una mentalidad que cambia de sitio detestándolo con furia homicida. Las montoneras de escombros que arden, que se convierten en asesinas, que se bombardean… ese, ese es el verdadero problema. La falta de soluciones a la convivencia, a la conservación de los bosques, al cuidado que debe suponerse viviendo encima de una falla… pero claro, nuestros políticos, todos, son gente de miras estrechas dedicados a la gilipollez más absoluta. Y nosotros tan contentos. No nos importa lo de los pactos, ni el hecho de que haya gente aún en la precariedad más absoluta y una Europa que no toma decisiones, nos da igual que una religión nos tome por imbéciles, que arda Galicia y se prendan asquerosas instalaciones que deberían estar precintadas. Total, si a los que debe preocuparles el asunto miran a otro lado, ya me dirán qué hacemos nosotros.

         Nosotros después de todo somos sensatos. Nos la suda Otegui porque creemos en la justicia aunque los procesados por estafa estén viviendo maravillosamente. Si Rato no devuelve ni un céntimo, a ver quién defiende que un señor inhabilitado para cargo público se cuestione presentarse de preside de su comunidad de vecinos. Irrelevante. Rato debería cobrar el salario mínimo interprofesional hasta el día que se muera y a Otegui, que le hagan secretario del AMPA del cole de sus hijos, pero nada más, Irrelevante del todo la cuestión, como el dichoso burkini. Lo siento, pero lo de Otegui es tan ridículo como la niña bonita diciendo a todo que es injusto cuando resulta que en esta su casa –la de ustedes- mando yo porque soy la madre, la que paga la hipoteca, la compra y hasta el wiffi. Vamos, que pataleé el señor y los islamistas cuanto quieran, que no les servirá de nada. O debería no servirles, que ya sabemos que la justicia es ciega y a veces un tanto caprichosa, para unos existe la amnistía fiscal y las trampitas en forma de SICAV, y no miro a ningún actor de esos que se las dan de embajadores de UNICEFF y de defraudadores del fisco que, en realidad, somos todos. Otegui que se haga youtuber o comentarista político y que deje de dar la barrila, y las señoras que van a la playa que lo hagan como quieran, que ya pensaremos nosotras cómo ir enseñando las piernas en sus países de origen. En fin, que yo a Otegui y a las del burkini les mandaba a Brasil a hacer una cura de tanga, uno para que se relaje y piense en otra cosa que no sea la seda del lendakari y otras para que disfruten del sol y la playa que Dios nos ha dado. Y mira que es incómodo  el tanga, oigan, tanto como el burkini o el nacional soberanismo, afirmo…

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez