Martes, 20 de octubre de 2020

Deuteronomio

 

Ayer dediqué la tarde a leer el Deuteronomio. Cierto es que una tarde no da para tanto, pero fue una especie de lectura a vista de pájaro en la que iba seleccionando lo para mí más granado de tan vasto texto.

Suena raro que sin ser estudiosa de los temas bíblicos viniera a dar al Antiguo Testamento, y más concretamente a la parte de la que hago referencia. Fue un imprevisto cruce de cables en mi cerebro, como un cortocircuito que me llegó de golpe. Y como los poetas nos nutrimos más de una vez de flashes que nos vienen a cuento de nada ( podemos llamarlo golpe de inspiración), me agarré a ello en la creencia de que me habría llegado por alguna razón.

En mi época de estudiante, los estudios de religión abarcaban todo, si bien lo más intensivo era sobre el Nuevo Testamento y la doctrina de la Iglesia. El Antiguo Testamento lo estudiábamos de una forma esquemática, conociendo todo pero sin profundizar en cada uno de sus componentes, de forma que los nombres de los libros y su clasificación no nos son extraños. A ver cuántos jóvenes ahora reconocen de qué va este artículo por el título. Supongo que pocos.

Pues bien, fue venirme Deuteronomio a la cabeza y ponerme a ello.

Por decirlo de una manera rápida y sencilla para los que no conozcan este libro, es una segunda ley de Dios en una serie de normas en las que Moisés advertía del respeto al pacto de la Alianza. Ya lo de Moisés es dudoso porque en el contenido se reflejan hechos históricos correspondientes a 300 años después de su muerte.

Hay que tener en cuenta que este libro lo es también del Tanaj hebreo, el último de la Torá, que constituye la base y el fundamento del judaísmo.

Dentro de los capítulos y los apartados en los que se divide, Moisés narra la historia de Israel, exhorta a la obediencia, advierte contra la idolatría, recapitula la promulgación de la ley, profetiza y...llego al capítulo 12 a partir del cual ya empiezo a tomar nota.

Debió ser muy, muy duro someterse a estas normas. Aquella época para mi es comparable a la de la Inquisición, con la amenaza de aquellos horribles castigos empapados de una crueldad que a duras penas puedo creer salidas de la mente de quienes hablaban “en nombre de Dios”. Y más terrible aún me parece que estas “enseñanzas” son las mismas que, casi al pie de la letra, están aplicando los fanatismos radicales que todos conocemos en pleno siglo XXI.

Copio algunos ejemplos extraídos de las hojas del libro:

 

12:2 Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso. 
12:3 Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar. 

13:15 irremisiblemente herirás a filo de espada a los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y también matarás sus ganados a filo de espada. 
13:16 Y juntarás todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios, y llegará a ser un montón de ruinas para siempre; nunca más será edificada. 

 

17:5 entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán

17:7 La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti.

22:21 entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti. 

22:22 Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel. 
22:23 Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella
22:24 entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti. 

28:22 Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. 

Para temblar.

Doy por supuesto que nadie que me lea piense que escribo este texto como conocedora del tema. No llego más allá de una manifestación de asombro, curiosidad y por supuesto perplejidad al ver como el hombre ha tenido la osadía de hablar “en nombre de Dios” y atribuirle tan devastador doctrinaje con otros libros y éste, cuyo nombre se me vino a la cabeza sin ton ni son, o quizá con el ton y el son de que yo pudiera escribir mi opinión de esta semana.