Martes, 12 de noviembre de 2019

La siesta

¡Qué calores!... Los que venimos padeciendo desde un tiempo a esta parte,se oía comentar estos días a personas ya entradas en años recordando a otros calores de hace más de setenta años. Vamos… de cuando el frío era frío, el calor era calor y los ríos y arroyos llevaban agua en cantidad, que además se podía beber.

Pero hay una diferencia amigas y amigos; hace setenta años, no había casi frigoríficos y menos televisión que entretuviese y para paliar la sed había que beber agua del botijo que previamente se ponía al  “fresco”  en el lugar más frío de la casa. También era imprescindible la siesta a la sombra para paliar la “calorina” del medio día y poder huir de los inmisericordes rayos solares.

Ahora… andan diciendo los expertos que: “ Una siesta de 20 minutos es salud, porque potencia la memoria y descarga la ansiedad”. Y además dan cuenta entusiasmados de los 10 beneficios que aporta el “echarse la siesta” todos los días del año.

Pero tengo que aseverar, aún estando de acuerdo en lo que dicen: QUÉ HAY SIESTAS Y SIESTAS. Pues no es lo mismo las que nos “echábamos” mi amigo Félix y yo a la sombra de un carro de labor aparcado en las eras del pueblo de Poveda de las Cintas,  allá por el año de 1946… con las que ahora hago al estilo de Camilo José Cela con “pijama y orinal” con la tele puesta y leyendo hasta que llegan las primeras cabezadas… ¡donde va a parar…!

Mi amigo Félix era “pigorro” por aquel entonces, en una casa fuerte en el pueblo y yo estudiante en vacaciones veraniegas. El era hijo del señor Constancio, herrero del lugar, de cuando las fraguas tenían su categoría pues eran los lugares de reunión y “mentideros” oficiales de la actualidad al no haber televisión, ni móviles, ni zarandajas varias .Allí se hablaba simplemente de lo divino y humano.

Yo recuerdo aquellas siestas en las eras, a la sombra acogedora de un carro de labor, después de haber estado toda la santa mañana, en el acarreo de las mieses y luego trillando la parva en vueltas infinitas. Siesta que, a veces era interrumpida por las moscas “cojoneras” y alguna avispa insaciable buscando presa, que turbaban la paz de aquellas inolvidables tardes del verano castellano.

Ahora, como decíamos; ha vuelto el calor cuando hay frigoríficos, televisión e innumerables artilugios electrónicos varios que entretienen; pero se perdió el botijo, se dejó de oír el sonido monocorde de las “moscas cojoneras” de la siesta en las eras; Félix y yo, afortunadamente aún con las carencias que conlleva, somos muy mayores y en las eras ahora se ven, en lugar de carros, monstruos de chapa que vomitan trigo a raudales. Con el WhatsApp y demás inventos las noticias llegan al momento y no hay que ir a la fragua (que tampoco se podía, pues no hay) para estar al día en las noticias de lo divino y humano… ¡Que dado como está la sociedad actual, hablar de lo divino y humano… será tiempo perdido”.

Persiste, el que yo siga “echándome la siesta” todos los días con  “pijama y orinal” (esto último es un decir)… y eso que era ignorante de los beneficios que tiene esta costumbre española tan comentada en el extranjero. Bien dice mi esposa y es cierto que: Que yo, el día que no me “hago” la siesta…. “no soy el mismo”...

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas