Sábado, 15 de junio de 2019

Miróbriga

Donde mejor se mide el pulso de una ciudad es a través de sus calles. Ayer esta vieja ciudad salmantina parecía gozar de excelente salud. Sus calles del centro llenas de vida, de movimiento, a lo largo de toda la mañana de viernes, mostraban el sano corazón y las limpias arterias de un núcleo tan vivo y saludable. Ya se hacía bastante difícil el aparcamiento desde bien temprano (y es que nos empeñamos en llevar el coche hasta lo más cercano al centro, mea culpa por eso). Los comercios, los bares, las oficinas bancarias. Todo un ir y venir. Lugareños y turistas y casi toda la población de la socampana allí metida. Mitad ocio, mitad gestiones y negocio. Cierto caos romano sí que había en la circulación por sus calles centrales. Pero dentro de lo normal cuando los vehículos circulan por zonas semipeatonales y los peatones hacen slalom entre ellos. Aunque todo cordial y paciente. Y tan lógico para no sentirse incómodos unos y otros. Sin atisbo de crispación alguna, como debe ser en ciudades cosmopolitas, tolerantes y turística.

                Por allí que nos dejamos perder a lo largo de la estupenda mañana. Unas interesantes exposiciones en el marco del palacio de los Águila. Y gentes de todas edades que subían y bajaban las escaleras del viejo palacio. Y volví a escuchar portugués como un idioma natural y cercano que me reconfortó. Señal de que Ciudad Rodrigo siempre estuvo cercana y abierta a esa realidad cultural y social (y también económica) que tenemos al oeste. Yo, que anduve por allí varias veces a lo largo de mi vida, siempre me sorprendió ese puente (más importante casi que el puente sobre el Águeda) social y cultural que siempre hubo entre Portugal y España a través de la histórica Miróbriga. Y que aún parece funcionar de maravilla. Como todas esas ciudades mestizas, acogedoras, intercambiadoras de cultura, diferentes, adonde las fronteras son más inventos administrativos que elementos separadores reales. Esa mixtura de lenguas y sangres que ayer (como casi siempre por sus calles) identifican la buena salud que suele consagrarla desde bien antiguo. Aunque parte de su memoria esté escrita entre visibles impactos de granada de morteros y tan estructurada y ordenada arquitectónicamente en modo de fortaleza. Pero eso también (toda su ancha y difícil historia) forma buena parte del atractivo de ahora.