Sábado, 21 de septiembre de 2019

Finales veraniegas

Quizás sea la nostalgia propia del fin del verano, pero una se pone un tanto melancólica y hasta con absurdos remordimientos de conciencia. Quizás porque el grado de frivolidad con la que se abordan las cuestiones que nos afligen ya alcanza límites insospechados o quizás porque hay que preparar la vuelta al cole y tiemblo solo de pensar en convertir a la niña bonita en un camello caravanero bajo el peso de libros, cuadernos y bolis. Que sí, que uno se pregunta cómo es posible que hayan pasado dos meses de verano y la cosa siga igual: faltos de gobierno, de soluciones para Siria, para la horda de refugiados, para la pertinaz sequía y hasta para los incendiarios... Menos mal que no es que nos quede Portugal con su superficie quemada, sino que hemos tenido una polémica que llevarnos a la boca con aquello del burkini y unas cuantas alegrías por aquello de las Olimpiadas. Menos da un canto rodado, verdaderamente, y nos emocionamos con los triunfos españoles, las canastas, las carreras, la raquetita de badminton y hasta las cintas de la gimnasia rítimica... los años olímpicos nos regalan imágenes hermosas, historias de superación de esas que nos siuen emocionando y nos hacen hasta recuperar la esperanza en el esfuerzo. Pero claro, aparte de eso, el resto continúa siendo como una travesía del desierto por las procelosas aguas de la inercia. Y así seguiremos.

        O quizás no, porque están las elecciones gallegas y vascas para animar el cotarro político de un otoño en el que, o se pacta, o se convocan nuevas elecciones para acabar de aburrir al personal. Y todo en medio de políticos de vacaciones, reyes desaparecidos en combate, funerales de postín y cuerpos en bikini para desafiar al burkini... Vamos, como si no hubiera mañana o sólo tuviéramos ganas de quedarnos en la superficie de las cosas y que lo único importante del verano fueran estas fotos de la Preysler en bañador. Somos cansinos hasta para esto. En fin, ya puestos a entrar en la polémica del verano la única conclusión a la que llego es que una mujer que no desea mostrar su cuerpo por la razón que sea, no se plantea ir a la playa o lo hace a horas intempestivas. Cada uno es libre de bañarse cubierta de lo que desee, pero en esta cuestión hay quizás un fondo de soberbia extraña. Y algo a mi entender absurdo porque no puedes esconder un cuerpo mojado así te cubras cual tienda de campaña. Una mujer convencida de la obligación de no mostrar su cuerpo no se bañará en la playa, con lo cual, a mi parecer, el burkini es una solución absurda que de ningún modo puede prohibirse, porque demasiado hemos peleado para ir por ahí despelotadas como para andar ahora poniendo trabas... eso sí, teniendo muy en cuenta que semejante solución es un absurdo. Vístete de buzo y que viva el neopreno. Ya ven en qué acaban las polémicas veraniegas y los corrillos políticos... si es que no tenemos nada más que llevarnos a la boca, por favor, a ver si empieza el curso escolar y hasta el judicial y conseguimos salir de la inercia veraniega... qué cansinez, por Dios.

Charo Alonso