Lunes, 23 de septiembre de 2019

La poesía en campo abierto

Y viene sucediendo en Morille en las jornadas del PAN. Es un lugar medio mágico aquel y asemeja un ritual (lo es a cada año, y van catorce ya). Allí entre huertos, árboles y cercados donde pacen tranquilos caballos, hay unas pequeñas gradas adonde se ubica el público, y un grupo de poetas a pie de hierba desgrana textos en español y portugués. Y hasta un joven poeta menor de catorce años se metió al público en el bolsillo con las maduras reflexiones de un adolescente. Estupenda tarde de verano.

             Tenía aquello algo de ritual antiguo. Respetuoso y sencillo. Y un hermanamiento internacional de lenguas que no necesitaban de traductores. Sólo el calor del verano podía molestarnos algo. Y todo entre estupendos y variados poemas y microrrelatos. Desde lo más sencillo en modo de copla popular hasta profundas reflexiones filosóficas y existenciales. Para pensar y comparar vidas y modos estéticos.  Esa es la cultura de base participativa y barata. La cultura que hace cambiar el rumbo a una tediosa tarde de verano. Aprovechar unos poéticos pensamientos de los otros que vienen en tropel para hacernos meditar. Para ayudar a reflexionar juntos. Toda esa magia que hay en los ritos compartidos. Hermanar, compartir ideas bellamente expuestas. Escuchar eufonías aunque vengan en un idioma diferente. Haber casi presenciado la puesta de sol y respirar el aire puro del campo. Todo un lujo. Una fiesta con gusto.

              Al volvernos, con alguno de los poetas a cuestas en nuestro coche, una reflexión sincera de uno de mis buenos amigos que confesó que hasta se le había hecho muy corta la casi hora y media de recital. Algo para repetir sin duda.