Jueves, 12 de diciembre de 2019

Píldoras para el silencio

Pílulas para o silêncio (Píldoras para el silencio, 2014) de Clauder Arcanjo recoge la cosecha de una paciente siembra en el transcurso del tiempo. Se adivina detrás de cada página momentos de reflexión, de diálogo, de apuntes en borrador, a los que acudió su autor más de una vez. Sin lugar a dudas, esta breve suma de sabiduría nació de un recogimiento volcado a una literatura conformada por narrativas antropológicas, sociológicas, filosóficas, poéticas, etc.

La estética del libro cautiva la atención. Luce un portento editorial. De otro lado, entre los sesenta y un capítulos encontramos algunos con nombres sugerentes, tales como «Praia do Segredo» («Playa del Secreto», cap. xxi), «Assanhamento» («Atrevimiento», xxviii), «Mensagem de protesto» («Mensaje de protesta», xxxiii), «Heresia» («Herejía», xxxvi), «Esperança adiada» («Esperanza aplazada», xlii), etc.

El libro se imbrica en el trabajo editorial de Sarau das Letras, Mossoró-RN (Brasil) y de Trilce Ediciones, Salamanca (España). El lector está ante una cima de un proyecto literario de envergadura, que rescata obras de valor inapreciable para la vida cultural de las sociedades.

Pílulas para o silêncio tiene traducción y prólogo de Alfredo Pérez Alencart, de quien suscribimos que «hay hermosas piezas líricas, como esta: ‹Destello de vida, pedazo de sonrisa en medio del barro de la tragedia cotidiana. Halo de luz en el meollo de la extensa y temida oscuridad. Gota de risa en la piedra arañante del dolor. ¿Tu nombre? Resurrección.» En otra parte, Alencart ilustra la poética de Arcanjo mediante el credo poético de Miguel de Unamuno de sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.

A continuación, presento un resumen de estas olímpicas píldoras brasileño-españolas, bajo la forma de un poema. Todos y cada uno de los versos, incluido el título, recuperan la obra de Arcanjo.

 

Tener o ser, esa es la cuestión

 

Escribir y (d)escribir es mi sino. Trágico, infinito y lírico sino.

El destino ata y desata, pero solamente el hombre libre

es dueño de la cuerda. Quien cambia la libertad por el pan,

acaba preso y sin pan. Si me encuentro, me pierdo

en las cunas de la memoria. Si me pierdo de mí,

me hallo en la esquina de los olvidados.

Escribo para llamar a mis fantasmas.

Concluyo que soy esclavo de ti para ser feliz en mí.

Hasta ayer. Sin embargo…

Nada en la ventana. Hasta ayer, tu recuerdo, tu imagen.

Borrosa, escurriéndose dentro de mí,

tal como las gotas de lluvia lavando los cristales.

Tal vez haya abrigo solamente para aquellos

que perdieron todo tratando de salvar al otro.

Todas las obras que quedarán siempre fueron edificadas

en medio del ruidoso cacareo de los insolentes pesimistas.

Doblo la esquina de lo previsible y, sorprendido y feliz,

me doy de frente con la cosecha de lo absoluto.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como decía un amigo de la secundaria: Sonido de aplausos, por favor… Antes del viaje al silencio meditativo del que se recogerán tesoros que no podrán dejarse ocultos.