Domingo, 18 de agosto de 2019

Pensando, pensando III

Para este último  y rapidísimo repaso a algunos hitos del pensamiento, que en mi opinión pueden ser de interés, he reservado a dos de mis más admirados pensadores: Friedrich Nietzsche y Fernando Savater. El primero porque creo que ha sido injustamente tratado y mal interpretado durante año al ser objeto de manipulaciones intencionadas con el fin de vincularle a la ideología nazi, llegando a calificarlo de filosofo maldito. El segundo por sus admirables dotes pedagógicas y su extraordinaria capacidad para hacernos entender lo complejo de forma sencilla.

Nietzsche vivió una infancia rodeado de mujeres, madre, hermana, abuelas y tías, en un ambiente rigorista, escasamente intelectual y de una religiosidad estricta. No disfruto de buena salud ya que las enfermedades la minando año tras año y disponía de escasos medios económicos. Pernoctaba en modestas pensiones, comía mal y soportaba una aplastante soledad, pero fue en esas duras circunstancia cuando su pensamiento fue más lúcido y floreciente y escribió algunas de sus grandes obras: Humanos, demasiado humanos; Aurora; La gaya ciencia; Así habló Zarathustra; Más allá del Bien y el Mal; El ocaso de los dioses. En estas obras el autor expone su “filosofía del martillo”, con ella trata no tanto de percutir y destruir aquello que impide el progreso del nuevo hombre como de ponerlo todo en tela de juicio, de sospechar de lo establecido para distinguir entre verdad y falsedad.

Si por algo es recordado este filosofo instalado en “la filosofía de la sospecha” es el grito de su profeta Zarathustra en el mercado - ¡Dios ha muerto! – y por su definición del “superhombre”. Aunque para comprender bien esto hay que tener muy en cuenta que Nietzsche no pretende hablar a la razón del hombre, él quiere dirigirse a sus sentimientos, a su pasión, a su imaginación.

Zarathustra se sorprende de la pasividad de los ciudadanos cuando irrumpe en la plaza del mercado gritando ¡Dios ha muerto, Dios ha muerto!. Se sorprende porque él esperaba que eso supusiera una gran revolución y sin embargo todos siguen a lo suyo. ¿A quién pediremos ahora favores, a quién pediremos perdón por nuestras culpas, cuál será el origen de nuestras desgracias? ¿A quién adoraremos? El pensador alemán estruja a fondo esa muerte, no desea que el trono dejado vacante por el Dios de los cristianos sea ocupado por ningún otro, para que así el hombre pueda ser realmente libre. Otra vez a vueltas con la libertad.

Yo creo que Nietzsche, en esta especie de versión personal y crítica de los antiguos profetas hebreos, no se refiere a la muerte un Dios concreto sino a que es necesaria la muerte de todos los “dioses” que esclavizan al ser humano de una u otra forma. La obra en la que Nietzsche nos presenta el mensaje del nuevo profeta, se convierte en la nueva Biblia nietzscheana, donde las referencias directas e indirectas a los textos sagrados son constantes, aunque el mensaje sea completamente opuesto.

Si Dios ha muerto de verdad, el hombre debe hacerse cargo de su vida y su destino, debe crear su futuro, debe decidir lo que debe hacer, tiene que superarse a sí mismo y transformarse en un superhombre. Un superhombre que sea capaz de superar la muerte de todos sus falsos ídolos. Aunque muchos le han tachado de ateo y enemigo de Dios, en mi opinión paso toda su vida buscándole desesperadamente y creo que tiene un gran valor quien se atreve a buscar la verdad a toda costa sabiendo que siempre supone asumir grandes riesgos, incluso el de encontrarla.

De mi admirado Fernando Savater, habría mucho que contar, pero empezaré por decir que dos de sus obras Ética para Amador y El valor de educar, deberían ser de obligada lectura en los institutos y desde luego para todos los profesionales de la educación. Didácticos, de lectura y comprensión sencilla pero llenos de contenidos valiosos y útiles para gozar de lo que él denomina “saber vivir”.

La primera de las obras citadas se la dirige a su hijo Amador y la escribió a petición de muchos amigos que eran profesores de instituto y necesitaban un texto base para la asignatura de Ética. Por su puesto recomiendo su lectura íntegra, pero destacaré un párrafo genial de su última página: A través de mí, la ética lo único que puede decirte es que busques y pienses por ti mismo, en libertad sin trampas: responsablemente. He intentado enseñarte formas de andar, pero ni yo ni nadie tiene derecho a llevarte a hombros.

Y para terminar estos pensamientos “veraniegos” cuyo hilo conductor ha pretendido ser la libertad, esa que todos soñamos disfrutar, un fragmento del epílogo del segundo ensayo recomendado: ¿Se ha dado cuenta, señora ministra, de que cuanto menos preparación cultural auténtica tiene alguien más dinero necesita gastar para divertirse un fin de semana o durante unas vacaciones? Como nadie les ha enseñado a producir gozos activos desde dentro, creadoramente, todo tienen que comprarlo fuera. Incurren en el fallo denunciado hace ya siglos por un sabio taoísta: El error de los hombres es intentar alegrar su corazón por medio de las cosas, cuando lo que debemos hacer es alegrar las cosas con nuestro corazón. Feliz regresos de vacaciones.