Miércoles, 26 de febrero de 2020

Guerra y paz por una piedra: Templo, Mezquita, Roca de Cristo

Hablé ayer de la piedra de Pedro y la Roca de la Iglesia, comentando el texto de Jesús (Mateo 16, 16-19). Alguien me ha dicho que baje a la tierra, es decir, a la "piedra" de Jerusalén, que es una roca muy discutida, y así lo haré evocando el templo y/o mezquita de Jerusalén, con la Roca de Cristo, según Pedro.

-- Esta misma semana algunos integristas musulmanes han tomado la Roca de la Roca de Jerusalén , a la que Jesús alude, han querido atrincherarse a su vida, y han vuelto a surgir los disturbios en la ciudad y entre las religiones.

-- Los judíos han dicho que la roca es suya, y esperan el momento de tomarla de nueva, para hacerla signo de un sionismo universal, centrado en la Roca de Sión; mientras tanto, los soldados han tomado le explanada del templo/mezquita de la Roca.

Los musulmanes, no sólo los de Isis, están dispuestos a defender su Roca, con la Mezquita que allí se construyó para cubrirla..., y muchos han jurado inmolar sus vidas (en Estambul o Nueva York) hasta conseguirlo.

Miles de voluntarios musulmanes han querido tomar la La Mezquita de la Roca... (inmolarse por una roca desnuda, cubierto por la más bella mezquita del mundo).
Cientos de soldados judíos han respondido tomando la explanada con las armas "mejores" del mundo... El tema es claro: ¡Guerra por una Roca!

El tema es, pues, la roca... que Jesús evocó cuando dijo "sobre esta roca" edificaré mi iglesia. Es evidente que está aludiendo a la Roca de Jerusalén, pero no se refiere ya directamente a esa "roca" (ciudad, templo, pedrusco), sino a la doctrina de la comunión universal fundada en el Sermón de la Montaña, que no está ya en Jerusalén, sino en Galilea.

Por la Roca del Templo/Mezquita de Jerusalén puede llegar la guerra final de la historia... Por la Roca del mensaje de Jesús puede y debe venir la paz sobe la tierra...Se trata de entender, de vivir, de crear "iglesia", es decir, comunión de creyentes que en el fondo buscan lo mismo...

(Y en el fondo un tipo de turismo de capitalismo universal, al que da lo mismo templo, mezquita o roca..., sólo el triunfo propio y el dinero).

Imágenes:
La Roca del antiguo Templo de Jerusalén, con la Mezquita de la roca y su soldado...Lugar de máxima riqueza y conflicto religioso...Tema desarrollado en varias perspectivas en Diccionario de las Tres Religiones

‒ Sobre esta Roca de Jerusalén (epi tautê tê petra).

Es evidente que esta palabra, pronunciada en Cesarea de Felipe, en el contexto de la subida a Jerusalén (16, 21), está evocando la roca simbólica y real sobre la que se había edificado el templo judío de Jerusalén.

-- La Roca judía de Jerusalén. Era, según la tradición, la roca fundacional del mundo (la piedra sobre la que Dios había creado el universo), la gran peña del Monte Moria donde Abraham había querido sacrificar a su hijo Isaac (Gen 22), era la roca firme de la presencia de Dios sobre la ciudad sagrada, para el mundo entero.

En la destrucción del año 70 dC (toma de la ciudad por los romanos) esa roca había perdido su aureola sacral, de manera que yacía abandonada, incapaz de vincular a los creyentes y de recibir los sacrificios de reparación por el mundo entero.

-- Jerusalén musulmana, también la Roca. Pues bien, en el siglo VII dC, los musulmanes construyeron sobre ese mismo lugar la Mezquita de la Roca, queriendo recuperar su sacralidad para el Islam.

Era la roca del sacrificio de Isaac/Ismael..., roca primera, antes de la fundación del judaísmo. La Roca del Islam, junto a la piedra santa de la Caaba de la Meca.
Era la roca desde la que Muhammad subió al cielo, uniendo así tierra y cielo...
Era la roca anti-cristiana... por las inscripciones anti-trinitarias sesgadas que allí se colocaron, condenando a los cristianos por "asociadores", pues habían olvidado y pervertido la verdad de Dios.

La roca de la Iglesia cristiana... destruído el templo y roca antigua de Jerusalén

Pues bien, del modo más solemne posible, hacia el 85 dC, el Jesús de Mateo afirma que la roca fundacional de la vida humana no es ya la del templo de Jerusalén, sino la confesión de Pedro .

‒ Jesús dice "edificaré (oikodomêsô)... sobra la nueva roca Es claro que esta palabra está evocando la discusión de Jesús (y de los primeros cristianos) sobre la destrucción y reconstrucción del templo de Jerusalén. El testimonio conservado más antiguo es el de Mc 14, 58 donde los testigos del juicio ante el Sanedrín acusan a Jesús de haber dicho: “Yo destruiré este templo edificaré por manos humanas (jeiropoiêton) y a los tres días construiré (con el mismo oikodomêsô) otro no edificado por manos humanas”.

En el fondo de esas palabras resuena la gran acusación de Esteban, cuando condena el templo de Jerusalén como “idolatría”, porque Dios no habita en templos construidos por los hombres (Hch 7, 48).

Mateo no ha querido entrar en esa polémica, no condena el templo de Jerusalén como idolatría, pero afirma que Jesús “puede destruirlo” (hacer que se destruya) y construirlo en tres días (26, 61: kai dia. triwn hêmerwn oivkodomêai).

El evangelio de Juan ha interpretado esta “construcción mesiánica” de Jesús en forma cristológica, diciendo que “se refería al templo de su cuerpo” (Jn 2, 21), que resucitaría al tercer día. Pues bien, dentro de su lógica, Mateo aplica esta palabra de Jesús al “templo de la Iglesia”. Nos hallamos pues en un contexto pascual y eclesial. A Jesús le condenan porque, de un modo directo o indirecto ha elevado su profecía en contra del templo de Jerusalén (como había hecho en otro tiempo Jeremías; cf. Jer 9, 11; cf. también Mt 21, 14).

Pues bien, del modo más solemne, retomando el motivo de la Roca de su mensaje (asumido en la confesión mesiánica de Pedro), Jesús afirma que edificará algo nuevo, retomando así el motivo de 7, 24-27 y especialmente el de 21, 42 (la piedra desechada, convertida en cabeza de ángulo del nuevo edificio de Dios): Allí donde las autoridades de Jerusalén destruyen su templo edifica Dios uno nuevo.

Mi iglesia (mou tên ekklêsian; 16, 18).

Ésta es la palabra clave, que aparece aquí por sorpresa, siendo sin embargo la más esperada.

Digo que aparece por sorpresa pues, aunque Pablo la utiliza constantemente para referirse a cada comunidad cristiana, no aparece en ningún otro lugar de los evangelios, indicándonos así que Jesús anunció y preparó la llegada del Reino de Dios, no la iglesia en concreto.

Y sin embargo, es la palabra más esperada, la única que podía emplearse aquí, desde la perspectiva de Mateo y del surgimiento de la comunidad cristiana.
En principio, la palabra iglesia (ekklhsia) tiene un carácter profano más que religioso. Ciertamente, puede aludir a la asamblea de los israelitas reunidos, desde el principio de su camino por el desierto, con el mismo sentido que tiene la palabra hebrea qehal (cf. Dt 31,30; 32,1; Js 8,35; 9, 8; Jc 21, 8).

En principio tiene un sentido muy parecido al de palabra sinagoga, que significa también “reunión” o asamblea, con la que en algún momento se identifica (cf. Sant 2, 2), pero con un matiz distinto, que es en principio de tipo “civil”, má que estrictamente religioso. Proviene de enkklêtos, es decir, de alguien que ha sido elegido, llamado (del verbo enkkalew, que es llamar para, convocar). Por eso, en sentido estricto, la iglesia es una reunión (asamblea) de personas libres, convocadas de manera pública, para así reunirse y resolver sus problemas .

‒ Una palabra plural y singular. En ese sentido, la palabra iglesia pudo aplicarse en principio a la comunidad cristiana de Jerusalén, que se sintió heredera de la primera asamblea (qahal, LXX ekklêsia) de los israelitas caminando hacia la tierra prometida.

Pero pronto, conforme a las cartas de Pablo, cada reunión de cristianos recibe el hombre de Iglesia, de forma que la palabra se utiliza en plural (pues hay muy muchas ekklhsiai o iglesia: cf. Hch 15:41; 1 Cor 7, 17; 2 Cor 8,19; Ap 1,4; 3,6), pues cada comunidad reunida en nombre de Jesús es una iglesia, como sabe también Mt 18, 15-20. Sólo en un momento tardío, que se expresa de un modo muy significativo en las cartas post-paulinas (Col y Ef) se vuelve determinante el sentido singular de la palabra, de manera que la Iglesia aparece como una realidad única, que se define como “cuerpo de Cristo” (Col 1, 24).

‒ Efesios y Mateo, una misma tradición de fondo.

Ése es el sentido principal del término en Efesios, donde se dice que Cristo es cabeza de toda la iglesia (Ef 1, 22). Cristo y la única Iglesia aparecen así unidos, como expresión suprema de la gloria de Dios (Ef 3, 21). En esa línea se puede afirmar que la Iglesia constituye la esposa de Cristo (a él sometida), de forma que ambos constituyen la revelación suprema de Dios sobre la tierra (Ef 5, 24).

Pues bien, desde el mismo fondo de la tradición paulina (Col y Ef) se entiende nuestro texto donde el mismo Jesús dice que edificará “su iglesia”, es decir, su nueva comunidad que, por el contexto, ha de entenderse como verdad profunda y plenitud de aquello que se hallaba iniciado (simbolizado) por el templo de Jerusalén. Cristo no ha venido a reconstruir el templo de Jerusalén, ni a mantener sin más un tipo de judaísmo centrado en la ley, sino a convocar y construir su propia iglesia, es decir, su comunidad universal, conforme a los principios del Sermón de la Montaña (7, 24-27), a través de sus enviados pascuales (29, 16-20).

Entendida así esta promesa (sobre esa roca construiré mi iglesia) constituye el centro y compendio del evangelio de Mateo, en una línea que puede y debe compararse a la de las cartas postpaulinas (Col y Ef). Ésta es en Mateo una promesa de futuro dentro de la misma dinámica del evangelio: Jesús anuncia así que su vida será un proceso de “entrega personal” al servicio de la construcción de su Iglesia, un proceso que empezará inmediatamente (en 16, 21: se inicia el camino hacia Jerusalén) y quedará ratificado en los grandes pasajes de controversia de Jesús con el templo (21, 12-22; 21, 42; 24, 2; 26, 61 y 27, 51), para culminar en el mandato misionero, que es mandato de fundación de Iglesia (28, 16-20)

Sentido de conjunto, la Roca de la Iglesia.

Dentro de la tradición católica, suele decirse que las dos palabras (Petros y Petra) son en Mateo equivalentes, pues han perdido los matices del griego antiguo y significan en los dos casos lo mismo Piedra/Roca. En esa línea se añade que Mateo ha querido hacer un pequeño juego de palabras, poniendo en un caso Petros (en masculino) y en el otro Petra (en femenino), pero sabiendo que el sentido de ambas es el mismo, de manera que no habría dificultad ninguna en decir que el mismo Simón es a la vez Petros y Petra, piedra del camino y roca, de tal modo que el sentido de la promesa de Jesús sería: Tu eres Pedro/Piedra y sobre esa Piedra (que eres tú, Pedro) edificaré mi Iglesia.

Pero la mayoría de los exegetas (sin diferencia de confesión entre católicos, ortodoxos o protestantes), pensamos, por razones históricas, filológicas e incluso teológicas, que Mateo ha querido (ha debido) utilizar las dos palabras con matices distintos, para indicar así la diferencia y vinculación entre Petros/Piedra y Petra/Roca de la iglesia. Él sabe que no tiene sentido edificar la Casa/Iglesia sobre una piedra del camino, es decir, sobre guijarros que impiden el crecimiento de la planta (13, 5, 20) y pueden ser arrastrados por el agua del torrente (cf. Mt 7, 24-27). Pero él sabe también que Simón, llamado Pedro/Piedra, está relacionado con Petra/Roca de la Iglesia de tal forma que ni las puertas/poderes del infierno podrán prevalecer sobre ella o derribarla .

Éste es un pasaje que ha de verse no sólo de manera aislada, sino en comparación con otras tradiciones, como las como Gal 2, 9 donde Santiago, Kephas/Pedro y Juan aparecen como “columnas” del edificio de la Iglesia de Jerusalén, y sobre todo insistiendo en la comparación con Ef 2-3, donde se afirma que la Iglesia ha sido edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (2, 20-22), conforme a la revelación que el mismo Pablo ha recibido (3, 2-3), de tal forma que él (Pablo), el más pequeño de todos los santos (creyentes) ha recibido la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza inescrutable de Cristo. Desde ese fondo, y conforme a todo lo anterior, podemos afirmar que este pasaje vincula dos signos y funciones pero sin identificarlas.

‒ Tú eres petros (sin artículo).

Ésta palabra se dirige directamente a Simón Barjona, pero no en una línea personal fuerte, como en Mt 14, 28; 16, 22 ; 17, 4; 18, 21; 19, 27; 30, 35…, donde se le llama Ho Petros, (o` Pe,troj ), El Pedro, con artículo, mientras que aquí aparece sin artículo. En esa línea, en sentido estricto, este pasaje podría traducirse tú eres una piedra, un guijarro del camino, algo con lo que uno puede tropezarse (escandalizarse) y caer (16, 23: piedra satánica). Si se olvida esta acepción básica del término carece de sentido todo lo que sigue, se pierde la paradoja central de la escena y de todo el cristianismo.

‒ Y sobre esta Roca (sobre esta Petra (epi. tautê| tê petra). A diferencia de la anterior, esta palabra aparece de manera estrictamente personal e individualizada, con artículo definido. Es evidente que esta Petra/Roca, fundamento de la Iglesia, se relaciona con Petros/piedra (que es el mismo Simón Baryona), pero sin identificarse, de manera que ambos términos (Petros/Piedra y Petra/Roca) son relativamente independientes, aunque no pueda separarse de un modo total, como suponen las palabras siguientes (te daré las llames; lo que ates, lo que desates…) se refieren a Simón Pedro, en cuanto vinculado a la roca de la Iglesia.

‒ Desde una perspectiva narrativa, en la línea de todo el comentario anterior, “esta roca” no se refiere a Pedro en cuanto “piedra”, sino a la confesión de fe que el Padre de Jesús le ha revelado. A pesar de ser una piedra del camino, Pedro ha recibido una revelación de Dios y sobre ellas (sobre la palabra revelada por Dios y confesada por Pedro) edificará Jesús su Iglesia. No la edificará, por tanto, sobre la persona-Pedro sino sobre su confesión de fe. Esta relación entre Pedro/Piedra y la Roca de la fe (revelada precisamente a Pedro y confesada por Pedro) sobre la que Jesús edificará su iglesia constituye el centro teológico del Evangelio de Mateo, su mayor aportación a la historia cristiana .