Jueves, 3 de diciembre de 2020

Poética del instante

 

 

 

 

 

 

La imagen que procede de la captura de un instante es fecunda en la medida en que ésta se constituye por sí misma una evocación de ese instante subjetivo y vivo.

 

“Si a un instante le digo alguna vez: ¡Detente, eres tan bello”…

Fausto. Johann Wolfgang Von Goethe.

 

 

 

 

Brilla la noche,

es brillante la luna,

constante en la mirada,

sobre el valle cautivo

que vigilan los párpados

eternamente abiertos;

brillante,

como las náyades del río,

que solitario crece en la montaña.

 

Por el cielo amplio

la melodía extensa de la luz,

por la que  flota el alma,

que vive en cada nota,

embelesada y única.

 

Los árboles,

en pie,

vigilan el viento

que agita sus flores,

las pasiones sublimes

que animan al mundo,

al renacer los pétalos

de la paz dulce

que vive íntimamente 

unida  a un ciego embrujo

mágico y eterno.

 

Junto a las chimeneas

que convierten el fuego

en gloria coronada,

la costumbre

de la casa, con olor a romero

y a manzanas maduras,

de la tibia soledad,

donde el silencio crece

con el fuego encendido.

 

 

 

 

 

Hay instantes difíciles de adjetivar. Se resisten al sentido, a la lógica discursiva que los quisiera sujetar a concepto, al Tiempo mismo del que son substancia. Parecen suspender el flujo mismo del Universo, poner a la Vida en un paréntesis o deslumbrar con su fulgor al corazón humano.

 

 

Aquel que contempla su entorno para evocar, para discurrir sobre sí mismo, para pensarse en su ahora, transforma esa experiencia en el acto de (re)crear ese instante, lo poético. Surge entonces la imagen,  y de ella, las diferentes maneras de dialogar con esta nueva imagen, imagen construida para quedarse también en el tiempo y fuera de él, para ser instante, registro de un presente concreto y, a la vez, promesa de atemporalidad.

 

 

Lo cotidiano, la memoria, la evocación, el acto de poetizar, son todas experiencias temporales de los instantes: elementos que se encuentran distantes en el espacio y tiempo del mundo concreto, para coexistir, para acontecer, en el mundo poético, el espacio y tiempo propio de la imagen poética, el instante.

 

La fotografía, puede apreciarse, como realismo y como forma de mirar: la captura fulminante es  un estado de éxtasis breve, suceso y memoria, historia y casualidad, estilo y sentir  personal  en el que la mirada dialoga con el preciso instante, a partir de una perspectiva, y de una conmoción.  Fotografiar lo cotidiano, puede parecer  muchas veces fotografiar obviedades de cada día.  Pero ¿Qué es lo obvio? Fotografiar no es describir: La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma dice Susan Sontag en “La fotografía (breve suma)”.

 

La imagen que procede de la captura de un instante es fecunda en la medida en que ésta se constituye por sí misma una evocación de ese instante subjetivo y vivo.

Existe un punto muerto durante el día en el cual convergen la luz y la obscuridad. Basta mirar los tonos rojizos y morados que, como acuarela de Monet, matizan el cielo al atardecer, para darse una idea de la bella ambivalencia que acontece en el mundo. Ese inefable fenómeno de la naturaleza, ese justo interludio en donde no es de día ni de noche, resguarda un maravilloso secreto, el misterio del instante poético:

 

…lo que tienen de ‘vasto’ la noche y la claridad no debe sugerirnos una visión espacial. La noche y la luz no se evocan por su extensión, por su infinito, sino por su unidad. La noche no es un espacio, es una amenaza de eternidad. Noche y luz son instantes inmóviles, instantes oscuros o luminosos, alegres o tristes, oscuros y luminosos, alegres y tristes”