Viernes, 7 de agosto de 2020

Ante Bruselas y Lahore. Si no cambiáis, todos igualmente pereceréis

 

 

Así respondió Jesús ante la masacre causada por el Gobernador Pilato, cuando mató en el templo de Jerusalén a un grupo de presuntos terroristas galileos. Los discípulos le preguntaron quién tenía la culpa, y él respondió:

Cambiad de forma de pensar (mata-noêite), pues de lo contrario
todos igualmente pereceréis (moriréis, os mataréis).

El mundo había entrado en una dinámica de violencia imparable (con emperadores y reyes, sacerdotes y juristas…) y Jesús sabía que no había ya remedio: O cambiamos todos, aprendiendo a vivir de otra manera, o todos moriremos.

Esas palabras nos ayudan a entender los últimos acontecimientos. Estamos consternados ante la masacre de Bruselas (22.3.16) y la de Lahore, la tarde de Pascua (24.3.16), dirigida por unos fanáticos musulmanes, en un caso contra un tipo de Europa, en otro caso contra los cristianos de Pakistán.

En nombre de Dios (del Islam), como Pilato lo había hecho en hombre del Dios de Roma, unos perversos han vuelto a derramar sangre humana, creando el terror, para así extender más terror al servicio de su presunta causa.

Sobre ese tema, siguiendo en la línea de otras postales de este blog, quiero ofrecer unas simples reflexiones, comentando la palabra de Jesús: O cambiamos de mente todo, o de lo contrario todos pereceremos, acabaremos matándonos sin remedio, pues la enfermedad de los “talibanes” es como un cáncer que puede extenderse al mundo entero, comenzando por razones religiosas.

1. Razones religiosas

Originalmente, las religiones son una experiencia integral y abierta de comunicación, por la que los miembros del grupo comparten experiencias, ideales y caminos. En ese sentido, las grandes religiones son anti-terroristas, de manera que han nacido o se han reformado cuando ciertas personas carismáticas (fundadores o reformadores) han criticado un tipo de opresión anterior y han ofrecido una experiencia sagrada de paz y libertad a todos

-- así hicieron los hebreos, saliendo del sistema imperial de Egipto,
-- así hizo Jesús criticando a los sacerdotes y escribas de cierto judaísmo,
-- así hizo Buda separándose de los jerarcas de la mística hindú,
-- así hizo Muhammad rompiendo con la oligarquía comercial e ideológica de la Meca...

Por eso queremos que las religiones vuelvan a su origen, viniendo a presentarse como experiencias de comunicación en gratuidad, de paz universal, avalada por el Dios de la paz, para todos los hombres y mujeres:

-- La verdad del judaísmo no está en el triunfo del pueblo judío, sino en la vida de todos los pobres "hebreos" del mundo.

-- La verdad del cristianismo no está en la victoria del Dios de los cristianos, sino en la llegada del Reino de Dios para todos los pobres y excluidos de la tierra, sean o no cristianos.

-- Finalmente, el triunfo del Islam no está en la victoria de una determinada comunidad musulmana, sino en la revelación de la Verdad y de la Vida de Dios para todos los hombres.

Un buen cristiano debe querer el triunfo del auténtico Islam y un buen musulmán el triunfo del auténtico cristiano... y un buen judío el triunfo de todos, es decir, la llegada del tiempo mesiánico de la reconciliación y del diálogo, es decir, del baile de Dios.

Una sin-razón de muerte

Pues bien, en contra de eso (dejando ahora a un lado otros argumentos relacionados con judíos y cristianos), unos grupos de integristas (fundamentalistas) musulmanes siguen matando a cristianos.

No les llamo bárbaros, pues los bárbaros en general no hacían eso; ni les llamo primitivos, los primitivos no actuaban tampoco de esa forma. Les llamo simplemente insensatos, locos y perversos, religiosos corrompidos.

Esos mal llamados musulmanes de ISIS o de otros grupos “talibanes” que raptan y matan cristianos por serlo (en África), o ponen bombas contra gente de paz en Bruselas o Lahore, en Mosul o Alepo, no son simplemente malos sino mucho peores, son locos pervertidos de una religión que ellos pervierten.

Ésos no son musulmanes de verdad, son otra cosa. No son peligrosos para el cristianismo, son nefastos para el Islam, que puede perder toda su credibilidad humana y religiosa si no responde con firmeza y prontitud.

No basta la respuesta política o militar. Hay que empezar por una gran protesta

Ciertamente, en un plano de pura política, hay que responder de un modo consecuente apelando a los servicios de seguridad de los estados, con la policía. Pero como cristiano que soy, apelando al Espíritu del Sermón de la Montaña (que es perdonar a los enemigos, orar por ellos, no juzgar…), apelando a los principios superiores de la religión, quiero seguir proponiendo (más allá de la respuesta política) un camino distinto (como vengo haciendo en este blog).

No quiero una cruzada militar, pero sí una gran protesta:

-- Quiero que empiecen protestando los cientos de miles (de millones) de musulmanes amigos de paz, respetuosos, tolerantes. Si no lo hacen, si no protestan con una sola voz, si no condenan desde su Corán y su experiencia sagrada a los locos malvados de Bruselas y Lahore, terminaré pensando que el Islam entero está enfermo de muerte, de forma que tendría los días contados, como religión, como proyecto de vida humana.

-- Quiero que protestemos los cristianos, no sólo de palabra, sino con el ejemplo, mostrando nuestra solidaridad absoluta con las víctimas de Bruselas y Lahore (por poner estos dos ejemplos últimos), insistiendo en el compromiso de solidaridad evangélica (económica, social, religiosa)... con los asesinados y con todos los hombres y mujeres del mundo.

-- Quiero que proteste la cultura de occidente, pero que lo haga desde su raíz humanista, superando sus conexiones impositivas… Que cambie si puede, que se ponga al servicio de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad... no del dinero, ni de la propia supremacía de occidente. .

Quiero... Podría decir mucho más, en la línea de lo que vengo diciendo en mis libros, y en este pequeño blog, quiero añadir unas pequeñas reflexiones.

El tema no es de hoy, viene de ayer, de toda nuestra historia. Si no somos capaces de reinterpretar y recrear nuestros textos sagrados (Biblia y Corán), si no retomamos las auténticas raíces humanistas (solidarias, sagradas) del misterio humano y religioso no seremos capaces de invertir el efecto terrorista de nuestras religiones (y en especial, en este momento, de algunos grupos musulmanes).

Pasado duro, una gran intolerancia, empezando por los cristianos

En mis dos obras de conjunto (Gran Diccionario de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1015 y Diccionario de las tres Religiones, en colaboración con A. Aya, Verbo Divino, Estella 2009) he introducido más de cincuenta entradas sobre el tema de la guerra y de la paz en las religiones bíblicas y monoteístas. En ese contexto puedo recordar algunos datos: . Entiendo un poco pues he seguido la gran iconoclastia occidental, entre cuyos momentos desarrollaré quizá otro día algunos de estos:

‒ Muchos cristianos antiguos destruyeron las imágenes de los dioses griegos y romanos, las quemaron, las rompieron a conciencia (siglos IV-VII d.C.)…, llegando a perseguir a los paganos, matándoles incluso, para obligarles a hacerse cristianos.

‒ Muchos cristianos se mataron durante siglos entre sí, especialmente en las guerras de religión europeas del siglo XVI-XVII, con actos de gran terror, de una parte y de otra.

‒ Muchos cristianos utilizaron métodos de violencia para extender la “fe” y, sobre todo, el dominio de occidente, oprimiendo a indios, esclavizando a “negros” (con la “preciosa” colaboración de los comerciantes musulmanes, desde el Congo hasta Zanzibar, desde América hasta Asía), hasta entrado el siglo XX.

Por referirnos a este país (España) bastará recordar que ayer mismo (en la guerra del 1936-1939) algunos llamados de “izquierdas” destruyeron iglesias y quemaron decenas de Santos de Madera… y mataron a miles de cristianos santos, diciendo que eran contrarios a la libertad e igualdad de todos… y que otros, llamados cristianos, persiguieron y mataron a miles de “rojos” (izquierdistas, socialistas, marxistas)…

‒ No hará falta añadir que un tipo de política y economía “occidental y capitalista” (motivada en gran parte por estados y países llamados cristianos) han creado grandes injusticias, de las que vivimos, en África y América, lo mismo que en Asía (y en especial en países de tradición musulmana) .

Sólo a comienzos del siglo XIX comenzó a extenderse, por influjo de la nueva conciencia racional (tolerante) y también por una forma mejor de entender el cristianismo una mayor tolerancia… pero es una tolerancia propia de los ricos y los poderosos que quieren (queremos) proteger nuestros privilegios (nuestra riqueza). Pues bien, esa respuesta, desde el poder de los privilegiados, que dicen tener razón y quieren defender su modo de vida (que dicen que es el bueno y justo) resulta insuficiente.

En la raíz del monoteísmo. De la violencia israelita antigua a la violencia musulmana

En la raíz del monoteísmo (especialmente del judío y del musulmán) sigue estando el ejemplo de violencia original de la historia israelita, en cuyo principio hay germen de dura intolerancia

Destruir todos los dioses, matar idólatras. La religión de Israel nació y creció a partir de varias fuentes, pero una de ellas (quizá la más importante) se expresó en forma de pacto iconoclasta y terrorista, con el compromiso de “combatir a los paganos” y destruir sus dioses. Así les dice Yahvé, su Dios:

Cuando marche mi ángel ante ti y te introduzca en la tierra del amorreo, del hitita y ferezeo... no adores a sus dioses ni les sirvas, no fabriques lugares de culto como los suyos, sino que has de destruir sus lugares de culto, y derribar también sus piedras sagradas quemando y destruyendo todos sus dioses (Ex 23, 23-24).
Estas palabras forman parte de un pacto sacral y/o social del pueblo que se expresa en otros muchos textos como Ex 34,10-11; Jc 2,1-5; Dt 7 y 20. Estos israelitas fueron iconoclastas en sentido radical:

‒ Quisieron matar a los “paganos”, adoradores de ídolos, destruyeron sus ídolos sagrados, pensando que de esa forma abrían un camino de libertad y de verdad sobre la tierra, porque los ídolos destruyen a los hombres, sólo el Dios verdadero les “salva”.

Los nuevos iconoclastas talibanes (de Isis, de la Gran Yihad), matadores de cristianos y de gentes de otro tipo de religión, y destructores de los “dioses paganos” (por más que estén recluidos en museos y ya nadie les adore) son malos seguidores de aquellos israelitas antiguos.

En principio, un modelo de islamismo talibán es como el judío antiguo. Tiene un elemento exterior de lucha contra los idólatras y de destrucción de los ídolos… Pero puede tener también otro que creo que es más importante de lucha contra la “idolatría interior”... y éste es el que debe cultivarse, para bien de la humanidad

a. El modelo externo aparece ya en Muhammad, que mandó destruir los ídolos de la Caaba o “santuario” de la Meca. Desde entonces, en principio, los musulmanes tienen que “destruir” los ídolos de los santuarios de las tierras que ellos ocupan (aunque han respetado muchas veces por tradición los signos e iconos de muchos santuarios cristianos). Pues bien, cuando se llega al extremo, no se trata ya de destruir los ídolos… sino también a los idólatras, a los blasfemos... a los distinto, como en Bruselas o Lahore.

b. El Islam verdadero ha descubierto que el verdadero y más hondo de los ídolos es el interior, de manera que la jihad o “lucha religiosa” no se centra en la destrucción de imágenes externas de dioses, ni en el asesinato de “idólatras” de Bruselas o de Lahore, sino en la superación de una violencia y maldad interior. En esa línea, el musulmán debería ser consecuente, y destruir sólo sus “ídolos interiores”… Pero las actitudes son complejas, y hay musulmanes empeñados en hacer que triunfe su verdad a través de la violencia.

Si no cambiáis de pensar, dice Jesús, todos vosotros (judíos y musulmanes, cristianos y ateos o agnósticos) igualmente pereceréis.

Una conversión para todos. En el Fundamento, más allá del fundamentalismo

Quiero que los musulmanes sean “ellos mismos”, que hagan su camino de fidelidad, desde el Corán… No quiero que sean sin más como nosotros los occidentales. Pero si no descubren y desarrollan su gran germen de paz y reconciliación islámica, y si no lo hacen pronto, desde abajo, desde la fe humilde y fuerte, caerán destruidos por la ola de violencia de la historia, en manos de un puro capital sin Dios… y de una sacralidad sin alma ni conciencia, sin respeto humano y sin aceptación de la búsqueda conjunta de la verdad.

En esa línea, quiero que los musulmanes vayan a su fundamento místico. Lo que llamamos normalmente “fundamentalismo”, tanto en el plano de la cultura como de la política y de la religión, nace de la ausencia de un buen fundamento. Quien tiene un buen fundamento, quien cree de verdad en lo que cree no es nunca fundamentalista, sino un hombre de principios, que sabe respetar la fe de otras personas.

‒ En esa línea añado (para ir a lo concreto) que un judío de fundamento nunca ha sido ni será fundamentalista en el sentido estrecho del término, sino todo lo contrario. Por eso quiero que el judío vaya a la raíz y fundamento de su experiencia social y religiosa, en el sentido fuerte del término: Cuanto más “crea” en su misión mesiánica (ser fermento de comunión para todos los pueblos), cuanto más fundamentado esté menos fundamentalista será en sentido negativo. Un judío que rechaza a los demás, que niega el valor de los otros pueblos (a los que debe ofrecer su testimonio) deja de ser judío.

‒ Un cristiano de fundamento deja de ser cristiano en el momento en que se hace fundamentalista, en el sentido estrecho del término. Un cristiano que deja de amar a los enemigos (a los distintos en cuanto distintos), queriendo imponer su verdad a los otros, deja de ser cristiano. Por eso, no quiero que el cristiano renuncie a su verdad “absoluta” y crea que en el fondo todo da lo mismo, pues su verdad “absoluta” (si se quiere utilizar, a pesar de todo, ese término) es lque el debe dar su vida por los demás (para que los otros tengan vida), como muestra el símbolo-dogma de Cristo.

‒ Un musulmán de fundamento deja de ser musulmán si quiere imponer su fe a los otros: Deja de creer en el Dios de la Paz (Shalam, Islam) para creer en sí mismo, en una palabra petrificada. Por eso, no quiero que el musulmán abandone su fe más profunda (en el sentido de radical), sino que profundice en ella, descubriendo en la radicalidad de Dios (¡Dios clemente y misericordioso!) el principio de toda apertura a los demás. En ese sentido, lo “absoluto” (en cuanto fundante) deja de ser absoluto-separado y se convierte en principio de comunicación.

Las religiones, experiencias del “fundamento”

1. Hay que distinguir entre búsqueda de lo fundamental (radicalidad) y fundamentalismo. Como en otros casos (aunque no siempre), la terminación “-ismo” suele tener un matiz peyorativo. En ese sentido, un fundamentalista es aquel que sólo valora lo suyo, excluyendo lo de todos los demás. Pues bien, en contra de eso, aquel que busca lo fundamental (radical) de una religión no es fundamental-ista "condenable", sino que puede ofrecer un testimonio ejemplar de hondura religiosa y de comunión. En esa línea, el buen fundamentalismo es hoy más necesario que nunca.

2. El diálogo de religiones no debe hacerse negando las particularidades de cada una y conservando un cómodo común denominador (que sería una racionalidad difusa), sino intentando que cada religión busque y desarrolle sus valores más hondos: el judaísmo la promesa mesiánica, el cristianismo la encarnación de Dios en la historia, el Islam la trascendencia de Dios… Allí donde un judío, un cristiano o un musulmán buscan de forma intensa sus raíces pueden no sólo encontrarse, sino dialogar de un modo fecundo al servicio de la humanidad. Un buen fundamentalista es siempre un hombre de comunión, pues busca en lo más propio aquello que le permite dialogar mejor con los demás.

3. El riesgo está en la búsqueda y cultivo de un aspecto marginal de cada religión, no en línea de “experiencia fundamental”, sino de puro fundamental-ismo… Cuando una religión olvida su centro (su núcleo inspirador) y se deja prender por aspectos marginales de su historia se vuelve fundamental-ista. En ese sentido, ser fundamentalista es perder el “fundamento”, es olvidar la esencia. Por eso, el mejor antídoto contra al fundamentalismo es buscar y cultivar el fundamento de cada religión, en apertura hacia las otras, al servicio de la revelación del misterio de Dios, que es la plenitud de lo humano.

En esta línea, debemos aprender a pensar “de otra manera”, a responder y vivir de otra manera… Pues de lo contrario todos igualmente pereceremos:

a. El falso fundamentalismo talibán de algunos musulmanes va en contra de la auténtica raíz del Islam. Si los musulmanes del mundo no ven eso, si no se hacen radicalmente pacifistas perecerán todos, como religión, y pondrán en riesgo la misma vida humana sobre el mundo.

b. El falso fundamentalismo de algunos judíos va en contra de la verdadera raíz del judaísmo universal de Abraham (¡en ti serán benditas todas las naciones…!). Si algunos judíos del Estado de Israel (y de fuera del Estado de Israel) no lo entienden pondrán en riesgo la vida de los hombres sobre el mundo, acabarán ellos como religión, y podrán hacer que acabemos todos.

c. Hay también un falso fundamentalismo cristiano, hecho de seguridad propia y de imperialismo social y político, cultural, militar e incluso religioso. Si no lo entendemos así, si no respondemos al Jesús de Lc 13 que nos dice “cambiad de mente, de lo contrario todos moriréis…” corremos el riesgo de poner una bomba de relojería sobre este mundo, como sabía Jesús.

Ciertamente, las masacres de Bruselas y de Lahore exigen en un plano una respuesta policial… Per si nos quedamos sólo en ella terminaremos matándonos todos, como sabía Jesús. O aprendemos a pensar y vivir de otra manera o tenemos los días contados sobre este viejo mundo.

Creer en Dios significa en este plano creer que podemos cambiar, apostando por un cambio radical de mente y de conducta.