Sábado, 21 de septiembre de 2019

'El nombre de la rosa' y otras historias

 19/febrero/viernes

[Img #572038]Muere Umberto Eco. A los 84 años. Siento pena. Cuando yo estudiaba periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, de 1972 a 1977, este italiano sabio era una referencia para todos los que nos iniciábamos en el oficio de informar. Brillante semiólogo, Eco no dejó de ser nunca también una voz autorizada y crítica de los medios de comunicación. Su libro “Apocalípticos e integrados” fue de lectura obligatoria. Era un gran experto en los vericuetos de la manipulación y la mentira para influir en la sociedad. Veía la noticia y el entretenimiento desde la intrahistoria de los hechos: quién estaba detrás de los mass media, qué poder económico y político los dirigía con el único fin de proteger sus intereses, más allá de los derechos de los lectores, oyentes o telespectadores.

    En aquel tiempo fue a pronunciar en Barcelona una conferencia, a la que asistí ensimismado, porque era un ariete del humanismo. Aseguró que con la ingente cantidad de personas que estábamos estudiando Ciencias de la Información en España en aquel tiempo habría periodistas para toda Europa hasta el año 2000. Tenía razón. Aquel mismo día debí cambiar de orientación profesional, pero no le hice caso. Entonces había tres facultades donde se estudiaba periodismo. Ahora hay más de cincuenta. O sea, hay periodistas hasta el año 3000.

    Umberto Eco creció tanto que llegó a convertirse, cuatrocientos años después, en un hombre del Renacimiento italiano. Tocó  infinidad de palos del saber y la cultura, pasando de ser  ensayista y filósofo de reconocido prestigio a novelista de éxito. Sólo de “El nombre de la rosa” llegó a vender 30 millones de ejemplares, siendo llevada también al cine con notable acierto. Para escribir esta historia se inspiró en el Monasterio de Silos. “El péndulo de Faucoult” o “Baudolino” son otras de sus títulos.

    Este filósofo se merece que se le ponga al lado de los grandes nombres de las letras y el pensamiento italianos. El último libro que le leí  fue hace unos meses: “Entre mentira e ironía”. En esta obra Eco descubre cómo la mentira se esconde tras todo tipo de ropajes, al tiempo de reivindicar la importancia del humor, la ironía y el sentido cómico para entender la vida. De ese libro recupero una frase que define a este sabio: “San Germano tiene éxito a causa de su reserva, no de sus ostentaciones”. 

    Fue Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2000 y nos deja una ingente obra para entender la vida y el mundo. En el cielo del buen periodismo, de la comunicación de la verdad, le espera su compatriota Indro Montanelli. Podrán comentar, desde la certeza del descreimiento, la mentira que se esconde detrás de los medios de comunicación actuales: “berlusconis”, “condesdegodó” o “polancos”, por ejemplo.

 

20/febrero/domingo

  

     Viaje a Zamora. Asisto a una fiesta sorpresa del 50 cumpleaños de la mujer de mi amigo Antonio Valorio. Encuentro entrañable, conversaciones abiertas y cruzadas y saludos a conocidos y desconocidos. Es lo que tiene este tipo de reuniones. Vas de un lado para otro, con la copa y el canapé en las manos, ensayando la sonrisa y las buenas formas. Lo más importante, lógicamente, la homenajeada, María López, que se llevó un susto entrañable. Día luminoso, de sol invernal.

 

    A mediodía se conoce la sentencia del juicio por el asesinato de Isabel Carrasco. El Jurado Popular entiende que las tres mujeres enjuiciadas son culpables del asesinato. Sorpresa con la  policía Raquel Gago. Se esperaba más benevolencia con ella. Pero no, por 7 votos de 9, es condenada a 15 años de cárcel. No conozco en profundidad su participación en el crimen, pero yo hubiera estado con los dos que estuvieron en contra. Por la noche, en las imágenes en televisión, vemos que la policía no tiene consuelo y llora abrazada a su abogado, que se muestra  desconcertado ante una sentencia que no esperaba. El juez en unos días dirá su palabra. Y, en su momento, otras instancias judiciales. La ley en España siempre tarda mucho en llegar a un final. Aunque en este caso, de momento, y tal vez por la gravedad del asunto, la Justicia, siempre lenta, está yendo bastante rápida.

 

21/febrero/domingo

 

   Tranquilidad. Paseo con Rumbo. Sol. Lectura. Estoy ahora con cuatro diarios a la vez. Es el reventón del vago. Quiero en cuatro días saber lo que no he aprendido en sesenta años. Terminé, de momento, con Pániker, y me concentro ahora con los Diarios de Toltoi, los de Gil de Biedma y de Elvira Lindo, que ha publicado “Noches sin dormir”, algunos de sus experiencias vitales en New York. Todos muy distintos, muy diferentes, pero todos muy interesantes. Por supuesto, Tolstoi es de otra galaxia.

   Violeta me dice que leyó mi último “Picoteo” y que siempre saco a relucir comidas, que cambie. Le digo que un diario es lo que es, la vida que es, y si asisto a saraos de este tipo es lo que hay. Y que además Josep Pla en su “Cuaderno gris” cuenta muchas más comidas que yo. Y que si el lo hacía, y era un maestro ¿por qué no puedo yo imitarle?

 

23/febrero/martes

 

  Esta fecha siempre es especial. Hoy hace 35 años del Golpe de Estado de Tejero. Bueno, de Tejero como cabeza visible. Hubo otras inicialmente invisibles, como el general Armada y decenas de militares que después salieron a la luz de las sombras y fueron juzgados. Escucho decir en la radio a unos tertulianos que ya se sabe todo de aquel día. Yo no estoy seguro. Todo, todo, imposible. Para conocer más en profundidad aquella barbaridad que pudo volver a cambiar la historia de España leí en su día “Anatomía de un instante”, de Javier Cercas. Obra extraordinaria que da cuenta minuto a minuto lo que estaba haciendo cada personaje implicado en el golpe los días antes, incluso los meses antes, y también mientras el teniente coronel Tejero tenía como rehenes a los diputados en el Congreso. Es un libro que no es una novela, pero es una novela, es una crónica-reportaje y no es una crónica-reportaje, o sea, es una mezcla, muy original, de enfocar un tema abrupto, difícil y lleno de enigmas. Descubre mucho. Pero la pregunta de por qué el Rey Juan Carlos I tardó tanto en salir en TVE para condenar el golpe sigue en pie. También, por el contrario, que fue el Rey quien nos sacó de aquel atolladero. ¿Sabemos algo de las tramas económicas que hubo detrás? Creo que no, o muy poco. Lo que no se podrá es olvidar son los disparos en el hemiciclo, aunque sin muertos, y la actitud valiente de Adolfo Suárez, del Teniente General Gutiérrez Mellado, Vicepresidente del Gobierno, y de Santiago Carrillo. Suárez fue la dignidad que nos dignificó a todos, Gutiérrez Mellado la valentía y el coraje que nos hizo valiente a todos y Carrillo la fuerza mental, tranquila y sosegada, que no se dejó arredrar, lo que contribuyó para reconciliarnos más y mejor con el pasado convulso.

   Hoy la historia podemos contarla así porque la vimos por TVE. La noche del 23 al 24 de febrero se conoció como “la noche de los transistores”. Y fue verdad. Pero sin las imágenes de TVE hoy la crónica de los hechos sería distinta. No es lo mismo oír que ver, no es lo mismo que te lo digan que lo compruebes con tus propios ojos. El golpe lo pararon los medios de comunicación, pero muy especialmente las imágenes de TVE. Y esas imágenes pudieron verse porque hubo una persona, un realizador de TVE, que consiguió que las cámaras siguieran encendidas un rato, a pesar de la actitud amenazante sobre el cameraman de los números de la Guardia Civil que entraron con Tejero. Ese realizador fue Antonio Marín, un histórico de TVE con el que yo trabajé tiempo más tarde. A todos los trabajadores de TVE que estuvieron allí aquel día hay que agradecerles siempre su comportamiento ejemplar.

    Aquel 23-F yo acababa de cumplir 28 años. Vivía en Barcelona y me enteré de lo que estaba pasando en un bar-restaurante que se llamaba Duró, al lado de La Pedrera de Gaudí, junto al Paseo de Gracia. Allí varios amigos teníamos alquilado un despacho como redacción para una revista de atletismo, “Atletas”, que se distribuía por toda España. Carlos Martín, una referencia en el periodismo deportivo catalán, era el director, y yo el redactor-jefe. Salimos a tomar un café y en la televisión vimos las imágenes de Tejero, pistola en mano, los disparos al techo, cuando los diputados se metieron debajo de los “pupitres” y la actitud gallarda de Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo. ¿Qué estaba pasando? Recuerdo que pensé: no puede ser, esto no puede pasar, no saldrá adelante esta locura. Y así fue, pero la tarde, la noche y la mañana del día siguiente fueron horas muy largas. A la primera persona que dejaron salir del Congreso de los Diputados fue a Anna Balletbò, socialista catalana que estaba embarazada de gemelos. Yo vivía en una casa suya que le tenía alquilada. Ronda Guinardó 126-130.

   Mi amigo Jesús Pérez López, desde que estudiáramos juntos en el instituto Claudio Moyano, era diputado de UCD por Zamora y vivió desde dentro aquellas horas interminables. Era el diputado más joven; fue elegido cuando tenía tan sólo 22 años. Siempre recuerda aquel día con la emoción y la sensación de haber vivido una situación histórica especial. Lleva clavado en el alma el comportamiento de los demócratas, que desde dentro del hemiciclo, y desde fuera, lograron terminar con aquella pesadilla. Decía Borges que en español la palabra pesadilla no es reflejo del contenido que tiene, y puede que tuviera razón. Pesadilla suena a poco, a escaso, a nimio, a diminutivo, y aquello fue mucho peor que un mal sueño. Jesús Pérez López tiene guardado aún el calor del abrazo que le dio a Suárez y a Gutiérrez Mellado cuando terminó todo.

   A Gutiérrez Mellado le entrevisté un tiempo después en Murcia. Yo trabajaba como redactor de TVE en el Centro Territorial y el Ayuntamiento le dedicó una calle. Aquel día de invierno de 1983 nevó en Murcia, lo que era toda una noticia. Pero lo fue mucho más la visita de Gutiérrez Mellado, a quien entonces le acompañaba siempre la aureola de su valentía, de su temeridad incluso, cuando Tejero le puso la zancadilla y quiso tirarlo al suelo, pero no lo consiguió. Me concedió una entrevista en exclusiva, la que guardo con la ilusión del periodista joven al lado de un personaje histórico. Humilde, sencillo y austero, como buen militar, le quitó importancia a su comportamiento en el Congreso el 23-F y se mostró feliz porque Murcia le dedicara una calle. Cuando años más tarde falleció en un accidente de tráfico lo sentí profundamente.

   Con Adolfo Suárez asistí a más de una rueda de prensa, y siempre me produjo la misma sensación: la de una persona llena de carisma, atrayente, líder. Siempre con la sonrisa en la boca, nunca tuvo una palabra fea para el adversario político. Sólo he tenido la misma sensación, la de encontrarme con una persona especial en el mundo político: con Felipe González. Asistí a varias ruedas de prensa suyas, estuve en numerosos de sus mítines electorales y seguí alguno de los congresos de su partido. Otra dimensión.

    No sé si el tiempo pasado fue mejor, pero lo parece, viendo lo que se ve ahora: mucha mediocridad y escaso sentido del Estado. No sé si volverá a nacer gente como Adolfo Suárez y Felipe González. Debería, porque España siempre necesitará a personas de esa talla.

 

24/febrero/miércoles 

 

    Por la mañana tengo cita con el dentista. Un amigo. Pero nunca un dentista lo es cuando estás entregado a sus manos. En el momento que escuché en la sala de espera el ruido del artilugio taladrador que empleaba con otro paciente se me encogió el cuerpo. Ya sobre la camilla, y los focos encima que me deslumbraban, fui un hombre muerto. Los dentistas lo hacen a propósito: quieren dejarte paralizado mientras quieren convencerte de que el dolor no existe. Un buen dentista primero es un psicólogo.

   Con la anestesia que me dejó insensible media boca, fui a Margen, mi librería preferida. Había pedido dos libros de Salvador Pániker y ya me habían enviado en un sms diciendo que los tenían allí. “El Cuaderno amarillo” y “Diario de otoño”. Tengo lectura, retroprogresiva, universal y catalana a la vez, para bastante tiempo. 

   

    El PSOE y Ciudadanos firman un acuerdo. ¿Con qué objetivo? Porque no servirá para que Pedro Sánchez sea investido presidente del Gobierno. 90 diputados del PSOE y 40 de C´s suman sólo 130. Muy lejos de la mayoría necesaria. 66 páginas de acuerdo que el PP califica de “brindis al sol”. El PP no contribuirá a hacer presidente a Sánchez de ninguna de las maneras, ni aunque un tsunami arrasara España. Los dirigentes de “Podemos”, algo por el estilo: le dicen no a Sánchez porque “el acuerdo sirve para satisfacer al Ibex 35”¿Qué buscan Sánchez y Rivera? ¿Miran a nuevas elecciones y esto les favorece? Me equivoqué. Aseguré que Sánchez dejaría tirado a “C´s” y se iría con “Podemos”. Pues no.

 

   Veo en televisión un reportaje que recuerda que hace 35 años se inició la “movida madrileña”. Un movimiento musical transgresor de gran alcance cultural y social, paralelo al entusiasmo de la libertad estrenada con la Transición. Mirado con los ojos de ahora sigue generándome una sensación entrañable.

   La movida fue un movimiento castizo que protagonizaron muchos grupos como Kaka de Luxe, Alaska y Dinarama, Alaska y los Pegamoides, Gabinete Caligari, Hombres G, Objetivo Birmania, Los toreros muertos, Nacha Pop, Los Secretos, Burning, Radio Futura, Mecano o Tino Casal. Canciones como “Embrujada”, “La chica de ayer”, “Déjame”, “Enamorado de la moda juvenil”, “Hoy no me puedo levantar” o ¿Qué hace una chica como tu en un sitio como este?” fueron músicas que se escuchaban y bailaban en toda España. Porque la “movida madrileña” pasó a ser “la movida de España”.

   El alcalde de Madrid,  Enrique Tierno Galván, un hombre pegado a la calle a través de históricos bandos, o presente en muchos actos ciudadanos, apoyó siempre a estos jóvenes artistas, en algunos casos geniales. También recibieron el aprecio de  intelectuales y escritores, como Francisco Umbral, quien acudía con frecuencia a la sala Joy Eslava, un lugar emblemático de “la movida”. Cuando yo me desplazaba en aquel tiempo desde Barcelona, donde vivía, a Madrid, siempre iba a Joy Eslava. Me fascinaba aquel lugar por  la estética del local, por las caras de alegría de la gente,  variopinta, abierta y libre y, sobre todo, por aquella música envolvente, propia y nuestra, que nos hacía ser únicos y originales incluso en Europa.

    Joy Eslava, en la calle Arenal, fue un lugar emblemático de la “movida madrileña”. No en vano además, se inauguró la noche del 24 de febrero de 1981. O sea, el día que terminó el Golpe de Espato de Tejero y demás compinches y conmilitones.    

 

    Por la noche veo una entrevista de Bertín Osborne a Iker Casillas en su programa, de gran éxito, “En tu casa o en la mía”. En este caso el cantante-empresario-presentador va a Oporto, donde vive el gran portero de fútbol. Casillas, una leyenda del Real Madrid y de la Selección Española de Fútbol, ahora defiende los colores del club portugués. La casa de Casillas y su mujer, la periodista Sara Carbonero, está en la desembocadura del río Duero. Imagen espectacular que me devuelve a mi juventud. Al terminar 5º de bachillerato hice mi primer viaje fuera de España, en autocar, por supuesto, y fue a Portugal. Con otros compañeros del colegio de los Jesuitas de Zamora hicimos noche en Oporto. Fue allí donde por primera vez descubrí el mar, el Océano Atlántico, donde el Duero entrega sus aguas. La imagen de hace 47 años la he vuelto a ver en televisión con cierta emoción, la que mezcla el corazón de entonces con la memoria de ahora.

    Hay hechos y circunstancias que no se olvidan nunca. Tampoco que aquella noche dormí sobre una fila de sillas, puestas con el respaldo de forma alternativa a cada lado, para que me impidieran caer al suelo. Fue toda la hospitalidad que nos brindaron en un colegio de la Congregación de San Ignacio de Loyola.

     El mar, la mar. Oporto. Gracias Casillas.