Lunes, 3 de agosto de 2020

Educación del deseo en la escuela

Continúo con la serie de reflexiones sobre la educación del deseo de saber, en esta ocasión en el entorno escolar. Un alegato en favor del cuaderno.

Hay muchos maestros que nos ayudaron en nuestra infancia a volar, a crear, a imaginar… Eran aquellos maestros y maestras que no estaban pegados al libro de texto, a la ficha, a los problemas planteados en el libro. Eran aquellos maestros que utilizaban el teatro leído o representado, la redacción, la investigación en las enciclopedias, en el microscopio o en las excursiones didácticas. Nos ayudaban en la expresión oral aprendiendo y recitando poesías… En definitiva, construían el aprendizaje de cada niño de forma individualizada mediante el uso del cuaderno. El bloc de notas, la carpeta de apuntes y esquemas, llenos de borrones, tachaduras y correcciones, nos ayudaban a revisar cada uno de nuestros escritos para luego mejorarlos.

En las últimas décadas el libro de fichas, la fotocopia, los recuadros vacíos o las líneas en el libro de texto se han vuelto algo común en nuestras aulas y en nuestras tardes de tarea en el hogar. Antes de que llegara el “doble check en azul” al WhatsApp, ya había llegado e instalado en las aulas LOGSE. Muchos maestros nos hemos limitado a poner la palomita del bien junto al ejercicio correcto, y la cruz del mal sobre aquel otro que tenía algo mal. La didáctica del hacer mucho, de completar los temarios y realizar todos los ejercicios nos ha llevado a la pedagogía del WhatsApp: lo rápido, lo instantáneo y poco reflexionado. Dando la vuelta al proverbio latino non multa, sed multum

Creo que, ante las didácticas mediatizadas de la escuela diseñada por el BOE y respaldadas por las editoriales a través de los libros de texto, se ha ido construido un currículo cerrado, obsoleto, muerto que ha llevado a la mediocridad a dos décadas de generaciones. Lo he vivido y lo he aplicado en mis diez años como maestro de primaria.

Sin embargo, en los últimos doce años he cambiado de opción docente y trato, día a día, de aportar medios, gestión y recursos para favorecer la enseñanza contextualizada, es decir, el estudio del contenido curricular allí donde se produce. La ciudad, la “polis”, es el lugar donde se genera, se atesora, se saborea, se transforma el saber, la “sofía”. Y es en la ciudad donde se produce la verdadera “paideia”, el lugar donde la escuela ha de recoger todo lo que esta ofrece para transmitírsela a las nuevas generaciones. [1]

Si hemos de estudiar las plantas, ¿por qué no nos acercamos al parque o cultivar un pequeño huerto escolar? Si hemos de estudiar arte, ¿por qué no acudir a los museos o visitar esos magníficos tesoros de nuestro patrimonio artístico e histórico? Si hemos de conocer la seguridad ciudadana, ¿por qué no ir a ver cómo funcionan los bomberos o la policía, o invitar a un Guardia Civil a que nos cuente su experiencia?

Luego, cada escolar recogerá en su cuaderno, como si de un libro de aventuras se tratara, esas experiencias, y las asimilará, y las interiorizará, y las hará suyas. Así construirá su propio libro de texto a través de sus vivencias reales, que le proyectarán hacia un futuro propio y de servicio a la comunidad. Diseñará su futuro y se descubrirá a sí mismo queriendo cada día saber más, saborear lo aprendido y ser mejor persona.

Sin embargo, la ficha fotocopiada, formatea el cerebro plástico del escolar. La repetición de ejercicios similares, aburre y aborrega. Realizar las tareas todos en el mismo espacio, con los mismos caracteres y el mismo dibujo, no construye sociedades creativas, capaces de dar respuesta a los conflictos diarios.

El cuaderno es propio de cada alumno, se trabaja de manera personal e individual. Es el mismo escolar quien lo diseña y distribuye los espacios según sus necesidades y le ayuda a desarrollar una personalidad segura de sí y capaz de asumir retos.


Notas

[1] La didáctica del SPP. Más información en RODRÍGUEZ SANTOS, J.J. (2015). La prensa de los escolares y estudiantes. Su contribución al patrimonio histórico educativo. Coordinador Dr. José María Hernández Díaz. Ediciones Universidad de Salamanca.

[2] Imágenes de pixabay.com