Viernes, 30 de octubre de 2020

Para no convertirnos en Grecia: un Plan B

Normalmente es el Gobierno en funciones, a través de sus miembros más relevantes, quien nos advierte que más nos vale ser sensatos sino queremos terminar con los mismos problemas que ha atravesado Grecia. Insisten en que lo que más nos conviene es volver a tener un presidente como el Sr. Rajoy, un gran maestro en esquivar tanto debates de televisión, como el Debate de Investidura, como si sólo él supiera el secreto para evitar que nuevas [Img #568569]demandas de austeridad acosen a nuestro país. Decía el recientemente fallecido Humberto Eco, en su obra Apocalípticos e Integrados, que el apocalíptico se especializa en avisar sobre la gran catástrofe a la opinión pública y amenaza a quienes osen cuestionar a la prensa oficial, o a las instituciones, por cuestionar las normas imperantes. En cambio, aquellos sujetos con menos opinión crítica, más dúctiles y precavidos, Eco los denominaría integrados.

Nuestro gobierno en funciones adopta la forma del apocalíptico, pero lamentablemente también algunos veteranos del principal partido de la oposición, que se suman al aviso sobre las tormentas que se avecinan como se desautorice a la política monetaria de la Unión Europea, la cual aún no ha reconocido que con Grecia era imposible pedir un rescate. Una medida que, en sí misma, suponía hundirla en la miseria. Como si fuera posible implementar un programa económico más parecido a una ejecución pública. Es de sentido común que resulta del todo imposible pedir dinero a un país exhausto y, porque cuanto más se le exige, más decreciente es su economía. Hasta los más afanados economistas, como Thomas Piketti, están llamando la atención sobre otros ejemplos de la historia, especialmente sobre el coste de actuar con imprudencia por parte de expertos economistas a la hora de tomar decisiones sin un análisis responsable sobre qué tipos de efectos secundarios sucederían. Este tema convocó en Madrid a grupos ecologistas, feministas, asociaciones del Tercer Sector, de agricultores, o defensores del Estado de Bienestar, entre otros. Y entre esos otros, el exministro de economía griego Varoufakis, quien tuvo la oportunidad de conocer por dentro los engranajes de la Unión Europea, declaró cómo ya le advirtieron que los errores, aunque se reconozcan, no implica corregirlos. Por estos motivos se han reunido, logrando convocar a más de 15.000 personas para ofrecer una alternativa, un Plan B, como lo denominan, una propuesta que no pretende ser una sublevación ante la Unión Europea, sino que se trata de renegociar la deuda de los países de Europa del Sur para evitar desastres como el crecimiento del desempleo, mientras se contabilizan los sistemas de protección como un gasto inútil. Sin embargo, aún no contamos un balance por parte de los analistas europeos,  una evaluación sobre las  decisiones del FMI o del Banco Central Europeo que terminaron siendo un grave error que sólo se ha cebado con la población más vulnerable, porque los capitales y los mercados lejos de asustarles, les favorecen.