Martes, 18 de diciembre de 2018

Vencerse a uno mismo

Una vez más, y con permiso de ustedes, comparto parte de mis vivencias, y una vez más, tiene que ver con mi afición a correr, a las carreras populares. La de ayer no era la primera, era la segunda, la segunda vez que he corrido un maratón, 42.195 metros de una lucha con uno mismo, déjenme que les cuente…

…en un principio la mañana era fresca en Sevilla. Nos levantamos pronto, nerviosos, como el que se va a examinar, nos juntamos vestidos para la ocasión, contentos de llevar en la espalda el nombre de Salamanca, un grupo de buena gente con buenas intenciones. Para uno de nosotros era su primera vez, lo que aumentaba su nerviosismo y emoción, porque como para todo en esta vida, sólo hay una primera vez; para otro, era el día de la frustración, muy bien llevada por cierto, de haberse preparado durante meses y lesionarse en los días previos; para el resto, la segunda o tercera, pero como ocurre con las grandes ocasiones, cada una es una experiencia única

La temperatura fue subiendo, como el ambiente. Los primeros kilómetros en compañía de amigos, los siguientes en soledad entre miles de corredores de todas partes del mundo.

Y es ahí, en esa soledad de multitudes donde empieza la lucha con uno mismo, y no contra el cansancio físico, sino contra los pensamientos que te dicen “¿qué pintas tu aquí?”, “¿para qué haces esto?”, “esta es la última”,…, ¿les suena?, porque no hace falta correr un maratón para luchar contra estos pensamientos, quizás sean demasiados comunes, pero no somos tan conscientes.

Empieza la lucha: “sé que me va a costar, que no va a ser fácil, pero lo voy a hacer”

Gracias a las sonrisas de la gente que más quiero y he querido que han hecho los kilómetros más duros por mí, por las palabras de aliento de los que asistían como público que han sido empujones de ánimo, y luego llega y te vences, y la victoria hace que las lágrimas broten, y te llevas el beneficio de saber que estabas ahí porque podías hacerlo, porque has luchado duramente para ello, porque han sido muchos los sacrificios propios y compartidos, y esto es la vida misma, ¿no cree?