Jueves, 20 de junio de 2019

Buscar (con) sentido: metáforas

Para la mayoría de la gente, la metáfora es un recurso de la imaginación poética, y los ademanes retóricos, una cuestión de lenguaje extraordinario más que ordinario. Es más, la metáfora se contempla característicamente como un rasgo sólo del lenguaje, cosa de palabras más que de pensamiento o acción.

Por esta razón, la mayoría de la gente piensa que pueden arreglárselas perfectamente sin metáforas. Nosotros hemos llegado a la conclusión de que la metáfora, por el contrario, impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción.

Nuestro sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica.

Lakoff y Johnson

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Fotografía de Chema Madoz (expone en Salamanca hasta el 13 de marzo. Ars Combinatoria > Hospedería Fonseca)

No recuerdo el nombre del autor que hace ya algunos años escribió que explicar las bondades de la lectura entrañaba una gran dificultad, al igual que definir un dolor de muelas a quien nunca lo ha padecido. Lo que está fuera de toda duda, en uno y otro caso, añadía, es que si nos consideramos lectores o hemos tenido la desgracia de padecer un dolor molar, y nos encontramos con alguien que haya vivido estas mismas circunstancias, nos entenderemos casi sin palabras.

Pensaba en la anécdota a raíz de la lectura del libro La lectura poliédrica. Metáforas para hablar de la lectura, escrito al alimón por Jesús Ballaz y Francisco Rincón y publicado por Variopinta Ediciones. La obra pretende acercar las relaciones entre lectura y metáfora a quienes trabajan profesionalmente con aquella (maestros y bibliotecarios, entre otros), sin olvidar al común de los mortales, a esa persona curiosa (todas, o casi todas) que trata de explicarse a sí mismo, de hacerse entender ante los demás, con las dificultades que esto entraña.

La obra tiene una primera parte donde se pone en antecedentes, se avisa al lector, sobre el funcionamiento de la metáfora: no intenta definir la realidad de la que habla en todo su significado, sino destacar un aspecto de su contenido. Cuanto más reducido sea el aspecto que se define, se considerará la metáfora más brillante.

Dicho de forma más contundente, y quizá entrañando cierta paradoja para algunos: teóricamente la metáfora más rica es la que se producen entre realidades sin ningún tipo de coincidencias. Aquella que enhebra realidades que pululan en nuestro subconsciente y que al ligarse, al encontrarse, producen un estallido de significantes. Como sería el caso, citado en el libro, de la acertadísima modernidad líquida, brillante metáfora cuya autoría se debe al sociólogo Zygmunt Bauman, y que define con precisión el tiempo en el que vivimos.

Los autores hablan también sobre su paso por el tiempo, el de la metáfora, su desgaste o permanencia, para adentrase en la creación de una palabra, METÁSFORA, aplicada a la lectura, donde se fusionan dos vocablos, [Img #565525]metástasis y metáfora, queriendo significar con su creación las oportunidades de vislumbrar una realidad a través de otra (la metáfora) y sus posibilidades de expandirse, desplegarse (metástasis): la gran ‘metásfora’ de la lectura es la actividad humana. La que lo abarca todo. La que contamina todas las manifestaciones sobre la lectura y su función.

Comentan también la dimensión antropológica de la lectura, apuntando con acierto que las personas necesitan un lenguaje enriquecido, para ‘empalabrar ‘sus experiencias. Porque  […] sin palabras el hombre queda a la intemperie, está desorientado. Perdura, pero no vive. El motivo es que su hogar está hecho de palabras, en definitiva, de sentido.

No olvidan tampoco comentar la relación de las metáforas con una buena compresión del texto, para terminar explicándonos, en esta primera parte del libro, la dimensión práctica que aporta, al constatar su necesaria presencia, porque ciertos niveles de nuestra realidad no se perciben directamente por los sentidos y necesitan de su conceptualización para que podamos hacerlos nuestros.

La parte central  de la publicación y la más extensa, recoge un trabajo de campo que puede resultar muy útil a las personas familiarizadas con la lectura desde un ámbito profesional, pero también a aquellas otras que deseen tener una visión más amplia sobre esta figura retórica, centrándose en aquellas que hablan del libro y la lectura.

Los autores han recogido, y comentan con profusión, una gavilla de metáforas que se refieren al mundo de la lectura, ordenándolas en diferentes grupos, relacionados con las actividades físicas, mentales, actitudes sociales, necesidades básicas, instrumentos, cerrando con vegetales y espacios creados.

Estos seis grandes grupos se desarrollan de forma concienzuda, buscando afinidades significativas, y siguiendo una ordenación y estructura muy sugerentes para quien decida adentrarse en el tema.

Para hacerse una idea más concreta, quizá convenga hablar de uno de ellos a modo de ejemplo. Así, el que se centra en las actividades mentales se organiza en cinco apartados: la conversación en la lectura; la adivinación, entendida esta como la relación azarosa entre las preguntas y las respuestas que nos ofrecen los libros; el laberinto, por el que a veces camina el lector mientras hace suyas las palabras del autor; la creación compartida, donde se pone de relieve que el lector también crea nuevos significados cuando lee; y la sacudida, ese latigazo que a veces nos ofrecen ciertos libros y que Kafka convierte en acertada metáfora cuando nos dice que un libro debe ser un hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros.

Precisamente, cada uno de estos apartados contiene una sección llamada La metáfora en vivo, donde los autores rescatan para nosotros algunas de ellas, conocidas o no, para ejemplificar el  contenido que nos ofrecen en cada uno de ellos.

La tercera y última parte de la obra, dedica una serie de páginas capituladas para hablar de la lectura como símil de la vida, de su relación con el esfuerzo humano por comprender y comprenderse, asimilando la lectura a una suerte de experiencia rescatada o un exorcismo para evitar los miedos. Vinculando el acto de leer con la libertad, la vida y el viaje, para evidenciar cómo la realidad también está hecha de libros, siendo el lector su intérprete.

El ensayo finaliza con una bibliografía referida a novelas que tratan el tema de la lectura, y ofreciendo algunas pinceladas reflexivas sobre el soporte del texto, la autoría y las transformaciones del lector.

No sé si este libro ayudará a entender mejor un dolor de muelas, pero seguro que a muchos les resultará útil para conocer algo más a fondo las posibilidades, siempre humanas, que ofrece la lectura, como también deja claro la cita que encabeza este texto.

Mientras escribía, he recordado una secuencia cinematográfica de la maravillosa película El cartero y Pablo Neruda, de Michael Radford, basada en una extraordinaria novela de Antonio Skármeta, quien, por cierto, también dirigió una versión cinematográfica de su texto titulada Ardiente paciencia. En ella comprobarán ustedes mismos lo divinamente humano que resulta ser una metáfora:

Rafael Muñoz