Lunes, 3 de agosto de 2020

Títeres de Carnaval en Madrid, Conversión de Cuaresma en la Iglesia

[Img #560236]Las fiestas de Carnaval de este año 2016 se han visto enturbiadas en Madrid y en sus alrededores con la representación para niños de unos títeres cuyo contenido parece no sólo inadecuado para ellos, sino altamente ofensivo, pues enaltece al terrorismo y tiende a la sub-versión total del orden establecido (de monjas/brujas, jueces y policías). Los hechos han quedado así:

1. La Policía ha detenido y el juez ha encarcelado a dos personas por enaltecimiento del terrorismo e incitación a la violencia contra brujas/monjas, policías y jueces en un espectáculo infantil de títeres en una plaza de Madrid.

2. El espectáculo incluía escenas en las que un personaje acuchillaba (¿violaba?) a una bruja (o monja), ahorcaba a un juez y mataba a un policía. En una de las últimas escenas, uno de los muñecos portaba una pequeña pancarta, en la que podía leerse 'Gora ALKA-ETA'.

3. Algunos padres de los niños allí presenten dieron aviso a la policía que vino y detuvo a los titiriteros, a los que luego el juez los encarcelado... Por su parte, brujas y monjas siguieron calladas.

4. El Ayuntamiento de Madrid, que organizó y pagó a unos titiriteros, que también contrataba la alcaldesa Botella, por hacer su "trabajo" se sintió ofendido, dijo que no conocía el argumento de los títeres... y se sumó a la denuncia en contra la compañía teatral y de los titiriteros encarcelados.

5. Todo ello ha culminado en una gran bronca nacional , nacional, política (¿quién manda?), social, cultural (¿qué se puede decir en un plano de ficción y farándula?) y religioso en la que estamos inmersos, este Martes de Carnaval (9.2.16) en espera del Miércoles de Ceniza (10.2.16), en espera de conversión, racionalidad y cambio.

6. Pienso que es bueno el Carnal, tiempo de bromas y críticas, aunque siempre han de hacerse con un respeto básico. Pero estos titiriteros de Madrid han pasado el límite y más ante niños, por lo que quiero protestar aquí con toda fuerza, de manera que es bueno que actúen policías y jueces implicados, con la autoridad (que no puede permitir un gora-eta)... Pero, al mismo tiempo, este es un tema para pensar. Mi postal se dividirá en dos partes.

a) Comentar y situar esta noticia de Carnaval, con mi condena razonada de los hechos, en lo que tienen de delito contra niños, contra el Estado de Derecho y contra jueces y policías. Cf. http://www.20minutos.es/noticia/2666581/0/titiriteros-obra-infantil-asesinato-violacion-carte-eta/#xtor=AD-15&xts=467263.

b. Situar en ese fondo el tema de mañana, comienzo de Cuaresma: La Con-versión o meta-noia cristiana , según el evangelio (en este caso el de Mc 1,15, de donde toma la Iglesia su gran palabra: Conviértete y cree en el Evangelio.

Buen día a todos.
 

UN TEMA DE FONDO, ENTRE CARNAVAL Y CUARESMA
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1. Un tema de Carnaval… En las grandes parodias y críticas de Carnaval, desde la Edad Media hasta Goya (por habla de España), el orden público ha bajado la mano y se han realizado todo tipo de críticas contra el orden establecido, para ver las cosas desde el otro lado del cristal. El orden público (económico, social y religioso) las ha debido tolerar, y las tolerado por siglos, pues son un "escape" temporal, que sirve para volver luego a la prosa fuerte de la justicia social. Así se defienden estos dos titiriteros y sus amigos.

2. Pero hay unos límites que no se pueden sobrepasar… y esos titiriteros los han pasado, al menos objetivamente (de internis neque Ecclesia), de forma que la broma y chirigota se ha podido convertir en enaltecimiento del terrorismo (gora alka-eta) y en incitación a la violencia contra tres estamentos “delicados” de la sociedad: las brujas/monjas (¿está al fondo el caso de Santiago?), los jueces y policías (que según la parodia titiritera serían representantes de un estado represivo).

Es muy malo que estos titiriteros hayan pasado esos límites, no sólo en tiempos de nerviosísmo político como el nuestro (en un interregno de poder)… y es sorprendente la reacción de una parte de la sociedad que, en otros casos y circunstancias, habría respondido con una simple sonrisa.

3. El tema más fuerte es el de los niños. Muchos recordamos desde la infancia titiriteros de pueblo (¡aquellos de San Roque de Riomiera en claro franquismo, 1949, con escenas también de crítica social!)…pero estos de Madrid se han pasado. Estos contenidos con ETA incluida y brujas, policías, jueces no son para ofrecer educación infantil, sino todo lo contrario. Ha sido un espectáculo condenable.

4. Tan malo me parece el tema del dinero del Ayuntamiento, por eso han venido críticas. Los titiriteros y los chirigoteros de Carnaval eran gente de pueblo, en los límites de la legalidad… No venían del Ayuntamiento, sino que iban a contrapelo de ayuntamientos, alguaciles y curas. Pero estos de Madrid han sido pagados por un Ayuntamiento... que se dice que "no sabía lo que hacía al contratarles y pagarles para enseñar títeres a los niños". Por eso es lógica la condena de la Alcaldesa (y a la alcaldesa)… El ayuntamiento debe ofrecer otra educación con el dinero público.

5. Está de fondo el tema ETA. Me ha costado entender el sentido del cartel con Gora-Alka-Eta… No había vinculado a Al-Kaeda con Al-Eta. Condeno sin más un cartel de ese tipo, y más para niños… Aunque puede ser que el cartel sea para risa, no para enardecimiento del terrorismo.

6. No se puede poner ante niños (ni ante nadie) el gesto de matar/ahorcar/violar monjas/brujas, policías y jueces… ni ante mayores tampoco, aunque algo parecido hacían en la Edad Media los autos de Carnaval desde Colonia hasta Sevilla. Está mal, sin más, lo hecho. Pero está en un contexto de Carnaval, en el que todos bajaban la guardia y se reían unos de los otros.

7. Y lo peor de todo me parece el volver a levantar el fantasma de las dos Españas, en un momento de interregno como éste. “Una de las dos Españas va a secarte el corazón” decía el poeta al españolito que iba a nacer. Y se ha conseguido. El fantasma está ahí… presentado a lo duro, ante los niños (o así se ha entendido la farándula). Ni en Carnaval se puede levantar ese fantasma, con jaurías dispuestas a enseñar a la primera los dientes.

8. El tema de los titiriteros ha sido grave… y es grave la reacción de algunos medios, con periodistas de raza, que han dicho que les gustaría sacar la escopeta para disparar no contra la farándula (no dejando títere con cabeza), sino contra las cabezas del partido político contrario. Expertos hay en España de ese arte de sacar la espada y matar a títeres y titiriteros, desde la genial escena de Don Quijote con los títeres de Maese Pedro avanzando para agarrar y apresar (violar, matar) a la doncella a las puertas de Zaragoza.

9. Esta escena de los titiriteros necesita reflexión, conversión y “penitencia” en tiempos como estos de Carnaval 2016 y de siempre. Tienen que cambiar los titiriteros, y para eso los tienen en la cárcel (aunque con la cárcel no se arregla quizá mucho…). Pero tanto o más que estos dos titiriteros de barrio importan y deben cambiar los titiriteros de la política y de la sociedad. Esta es la ocasión de la Cuaresma que empieza, ocasión de políticos, pero no sólo de ellos, sino de todos.

10. La iglesia pedirá mañana (Miércoles de Ceniza) la conversión y cambio a todos, empezando por los de la ETA y AlKAEDA, para pasar por monjas y brujas, policías y jueces… Pedirá, sobre todo, la conversión de los políticos, a ver si antes de que acabe Cuaresma hacen un gobierno de justicia y paz para todos (en España y en otros lugares).

11. Como simple teólogo que no entra en la política de barrio, hoy Martes de Carnaval, sólo puedo que ofrecer una reflexión de mañana (Miércoles de Ceniza) sobre las palabras que la Iglesia ofrece a todos los cristianos: Con-vertíos (meta-noeite: cambiad de forma de pensar y ser) y creed en la Buena Noticia (la buena noticia es que no habrá ALKAETA, ni persecución de brujas/monjas, ni violencia y muerte de jueces y policías…). Los titiriteros del Canal de Madrid (hoy en la cárcel) pueden servir para que reflexionemos y cambiemos todos, de una y otra España, para construir juntos la paz. Nos quedan cuarenta días de Cuaresma para ello.

12. En ese contexto, como es mi oficio, saco de mi Comentario de Marcos (Verbo Divino, Estella 2012) la escena de la llamada a la conversión de Jesús en Mc 1, 15.

Y con ello deseo a todos una buena Cuaresma, con correctivos sociales, si hacen falta, y con ideal cristiano:

Con-vertíos (meta-noeite) y creed en el evangelio (Mc 1, 15).

Así dirá mañana el presbítero o celebrante a los que vayan (vayamos) a recibir la Ceniza del comienzo de Cuaresma:

Vino Jesús del Jordán, donde había estado con el Bautista, llegó a Galilea (que puede ser Madrid, el lugar de los titiriteros de España) y comenzó a decir: “Se ha cumplido el tiempo, se ha acercado el Reino de Dios, convertíos y creed en la Buena Noticia”.

Ésta fue la noticia clave (el evangelio) de la escuela de Jesús para niños y mayores (el año 28/29 d.C.), que conserva toda su actualidad en nuestro tiempo (año 2016).

El plazo de la historia profética de anuncio y esperanza se ha cumplido, porque llega el Reino de Dios; ésta es la buena noticia, y en ella se funda la meta-noia, esto es, la conversión o cambio de mente de los hombres. Aquí se centra y define la tarea de la educación cristiana.

Esa palabra (con-versión), que en los idiomas latinos significa cambio o giro (invertir la dirección), se dice en el griego de Mc 1, 15 meta-noia, de meta-noeô, que significa cambio o elevación de pensamiento (nous o mente), en el sentido de superación del pensamiento antiguo, hecho de trampas y engaños, mentiras y cálculos, para lograr de esa manera un pensamiento que esté centrado en Dios, conforme al mensaje de Jesús, es decir, en la línea del amor a Dios y al prójimo, tal como he venido poniendo de relieve a partir de Mc 12, 28-32.

Es evidente que Jesús no ha utilizado (al menos en principio) esa palabra griega, que es muy precisa, como seguiré diciendo, sino otra hebrea o aramea que viene de la raíz de bíblica shûb, que significa volver, retornar, invirtiendo así la dirección del camino. Ésta es una de las palabras y experiencias más ricas de la Biblia Hebrea, cuyo argumento se centra, al menos desde el tiempo del exilio, en el gran pecado del pueblo de Israel y en la necesidad de una conversión, es decir, de un retorno a Dios y a los valores de su alianza.

Significativamente, la palabra que se emplea para hablar de ese retorno a Dios y a la verdad humana es teshûbâ, de shûb, que significa vuelta, el gran retorno, indicando así que Dios llama y que los hombres pueden responderle, volviéndose a él (y volviendo también a la tierra prometida, tras el exilio, para iniciar la nueva etapa, la reconciliación mesiánica, la gran educación para la paz, como supone Is 2, 2-4. Pues bien, desde ese fondo se entiende la palaba inaugural de Mc 1, 15: Ha llegado el Reino de Dios, convertíos y creed en el evangelio...

Esto es lo primero, el punto de partida: “ha llegado el Reino”, es decir: Dios viene, está llamando, de manera que los hombres podemos reconciliarnos, los de un partido y otro, los titiriteros de Madrid, los de la calle/calle y los de la político, las monjas, los jueces, los policías… e incluso los de ETA-KAEDA, que también pueden convertirse.

En la base de toda conversión o cambio humano (antes de toda posible re-educación) sitúa así Marcos (Jesús) la llegada-llamada de Dios, y por eso pide a los hombres que se vuelvan, que inviertan su camino, es decir, que se conviertan. Esa palabra y experiencia de conversión suele traducirse al griego con la palabra strephô, o alguna de sus derivadas, en el sentido de volverse, invertir la dirección, en una perspectiva de conjunto. Pues bien, de un modo muy significativo, Mc 1, 15 y gran parte de la tradición cristiana interpreta la conversión en línea de transformación de la mente, es decir, de de despliegue y creación de un pensamiento distinto, en su sentido radical, utilizando la palabra meta-noein, meta-noia, que es una transformación de la mente o, mejor dicho, de la educación y de forma de pensar.

Ciertamente, la conversión puede incluir un elemento penitencial, de arrepentimiento y dolor por lo anterior, con petición de perdón (como he puesto de relieve en las “obras” de misericordia), pero en sentido original implica un cambio gozoso de mente, el descubrimiento y despliegue de un continente de vida distinto, en la forma de pensar y de ser, para situarnos así de modo nuevo ante nosotros mismos y ante el mundo, superando (desde Dios) el estilo anterior de la vida, la forma de pensar, de vivir y de sentir.

Sin duda alguna, al fondo de esa llamada a la con-versión sigue estando la referencia previa a la inversión de la conducta y camino, con la penitencia, como si Jesús dijera “cambiad y superad vuestra forma de ser”, de manera que podáis orientaros nuevamente hacia Dios y su justicia. Pero en un sentido más profundo y preciso, esa palabra implica un cambio de mentalidad, una transformación del pensamiento, en línea de fe, de educación de Reino, esto es, un paso o salto de vida, al nivel de Dios, que es gratuidad creadora y comunión.

Entendida en ese fondo, la educación cristiana (seguimos antes una escena de Carnaval para niños….)sólo puede entenderse en forma (en clave) de cambio de pensamiento, es decir, de educación, como un nuevo nacimiento. Puede tratarse, sin duda, de una conversión que parece repentina en el sentido de ruptura casi “milagrosa” respecto de todo lo anterior, como se suele pensar, por ejemplo, en el caso de la “conversión” de Pablo, pero no hace falta pensar sólo en eso, sino, en un sentido más amplio, hay que pensar en una nueva educación, un nuevo nacimiento, como he puesto de relieve en las tres primeras partes de este libro.

La educación cristiana implica una verdadera meta-noia, es decir, otra forma de pensar, que se sitúa más allá (meta) del pensamiento ordinario de la vida, que se entiende y despliega en clave de talión (ojo por ojo), y de reparación y sacrificio (hay que pagar lo que se ha hecho, hay que purgar por los males cometidos). Pues bien, la conversión de Jesús, traducida al griego como meta-noia, más allá del pensamiento, implica una educación radical para la gratuidad.

Hagamos una comparación de lenguaje. Se ha dicho que existe una ciencia física (que trata de las realidades cósmicas concretas, de los elementos materiales: tierra y aire, fuego y agua…), que se intercambian entre sí, pues nada se crea, todo se conserva, dentro de un mundo de bienes limitados, donde unos tienen a costa de otros. Pues bien, la misma filosofía ha descubierto un plano y realidad que va más allá de la física, aquello que se ha llamado meta-física, es decir, algo que está más allá de la pura physis (del despliegue cósmico) en línea de transcendencia del ser, como indicaría el título de la obra clásica de Aristóteles: Metafísica, aquello que está más allá de la física.

De un modo semejantes, el evangelio sobrepasa ese nivel ordinario de la nous (mente) y el pensamiento normal (noein, noia), para abrir así nuestra vida, más allá de ese plano, hacia un nivel distinto de realidad que se entiende desde la perspectiva de la meta-noia, que es el supra-pensamiento, propio de la vida y mensaje de Jesús, tal como lo ha formulado Marcos. Esta es la conversión (educación) para el pensamiento de la fe: “Y creed (pisteuete, de pistis: fe) en el evangelio” (Mc 1, 15). Ese más alto pensamiento se sitúa y nos sitúa en un plano de fe.

Según eso, para venir a nuestro tema, se trata de educar para creer, más allá del puro saber. Ciertamente, existe una buena educación para el pensamiento, en la línea de la paideia griega, que consiste en lograr que los hombres y mujeres puedan razonar bien, conforme a los principios de la dialéctica de Platón, la lógica de Aristóteles o la geometría de Euclides. Pero más allá de ese ámbito de pensamiento por razones, conforme a los principios de la equivalencia o talión, donde todo se ajusta en un conjunto o sistema de realidades, se extiende una forma distinta de entender, sentir y vivir, en línea de evangelio, es decir, de “fe”, conforme al mensaje y a la vida de Jesús.

De un modo normal, en perspectiva de razonamiento discursivo, sobre todo desde la Ilustración (siglo XVIII), se tiende a decir que sólo es verdadera educación la que introduce a los hombres y mujeres en el mundo del razonamiento discursivo, interpretado en el fondo a través de la ciencia, como si el pensamiento tratara sólo de organizar lo que hay, en un plano de lucha mutua (o de ajuste) entre las cosas, en un mundo limitado de bienes, de manera que, desde ese fondo, la fe no sería más que un elemento mítico residual, propio de gentes que no saben razonar.

En esa línea habría establecido I. Kant las tres “críticas” del pensamiento racional, en dentro de los límites de la razón pura (de la ética y de un tipo de arte), relegando así la fe al ámbito previo del pensamiento pre-racional, propio de niños o de personas no civilizadas. Pues bien, en contra de eso, el evangelio supone y muestra que la fe no es tipo de pensamiento inferior, sino al contrario más alto, es un meta-noein, un ultra-pensamiento, que nos permite entender por con-naturalidad y por testimonio, por afecto y por confianza personal, superando el nivel de lo que simplemente hay, de lo que hacemos, para situarnos ante la gratuidad pura que es Dios (y ante la gracia que nos viene y nos envuelve desde los demás).

Éste es el lugar, este el contenido de fondo, de la escuela de Jesús, con su educación de fe, pero no en el sentido puramente dogmático que ha tomado alguna vez esa palabra (creer en aquello que no vemos), sino en una línea mucho más profunda y radical de conocimiento por encuentro directo entre personas. Sin duda, los hombres somos “animales racionales”, pero en una perspectiva más honda somos vivientes de fe, pues de la fe (confianza en los padres y educadores) nacemos, y sólo por fe conocemos las más hondas realidades: el sentido de la vida, las personas.

En esa línea, la conversión o trascendimiento racional de Jesús (la meta-noia) que él ofrece y pide no ha de entenderse como vuelta a lo irracional, sino como superación de la pura racionalidad, para así habitar y comportarnos (salvarnos) en un plano superior de realidad, donde se revela lo divino y se hace posible la búsqueda del reino. Se dice que en la escuela de Platón sólo podían matricularse los que sabían geometría, es decir, los que conocían el razonamiento de los números y formas de las cosas. Pues bien, en la escuela de Jesús sólo puede entrar y avanzar de verdad el que vive en un nivel de fe (cf. Hab 2, 1-4; Rom 1, 17; Hbr 10, 38).

Sin esta fe en el don de la vida (es decir, sin esta confianza básica en la realidad, tal como se expresa en el mundo a través del amor, por ejemplo, de los padres) resulta imposible el conocimiento de Jesús. Esa escuela nos introduce por tanto en el camino de la meta-noia, que es apertura al evangelio o buena nueva de la fe, que se expresa en los diversos niveles de la existencia humana, tal como el mismo Jesús lo ha vivido y proclamado, culminando su camino en la cruz, entendida como supremo acto de confianza en Dios. No se trata, pues, de una ingenuidad infantil, sino de un más alto conocimiento y práctica de la vida, como he venido destacando en todo lo anterior.