Jueves, 20 de junio de 2019

Viva el 78

Ya lo manifesté alguna vez anteriormente. Yo estoy con la Constitución de 1978. Son treinta y ocho años con esa constitución y ya le tiene uno un cariño y un respeto. Costó parirla. Eso lo sé. Lo viví. Y por eso me parece válida. Porque aún es joven. Porque la nación ha cambiado modos, pero en el fondo no es tan diferente de antes. No quiero cambio porque no hay un clamor popular que lo pida. Ese posible murmullo que se oye viene de un sector [Img #558143]inconforme nacionalista y de quien desea hacerle el juego a ese sector pretendidamente sin costes al resto del estado. No quiero se cambie nada porque en realidad nunca la hemos aplicado en su conjunto. En lo que respecta a todos y cada uno de los puntos calientes. Lo que quiero ahora es se aplique en los momentos, lugares y necesidades en que se deba. Ese sí es el meollo del asunto. No hay claridad alguna en su aplicación. Y no hay claridad por temor a una correcta aplicación. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Esta nación (nación de naciones que dicen algunas terminologías ridículas) no necesita de marcos constitucionales más débiles, más a la medida (medida de quién), tiene ya un marco que invita a convivir entre marañas autonómicas (en manifiesta desigualdad, eso sí) y leyes que amparan sobradamente. Así que deseo (como otros muchos) una correcta aplicación de sus parámetros legales. Nunca nos atrevimos a aplicarla completamente. Hagámoslo ahora.

            Una nación seria no cambia constituciones cada treinta o cuarenta años. No debe hacerlo. Así nunca encontraremos el marco estable, mejor consensuado y más justo que éste de ahora. Las leyes a medida (a medida de quién) no suelen ser justas, equitativas ni respetables y respetadas. Y en momentos tan confusos políticamente, menos aún. Los experimentos, en la casa de cada partido (algunos falta les hace) de puertas adentro y con gaseosa, no vaya a ser que les explote el asunto.