Lunes, 3 de agosto de 2020

El Evangelio de la Vida Religiosa

Glenn-Quist-the-planter-2-456x380.jpgTermina el Año de la Vida Consagrada (2015), con un gran Congreso y Encuentro que se celebra en Roma (28 enero – 2 febrero).

Con esta ocasión quiero ofrecer unas reflexiones sobre el fundamento y sentido de la vida religiosa desde el evangelio. Este año termina, la Vida Religiosa no sólo permanece sino que ha de ofrecer un testimonio más fuerte de profecía cristiana.

Han salido noticias y valoraciones en los medios, entre ellas la de M. Gelabert (RD 31.1.2016) y la de P. Félix García (http://www.revistavidanueva.mx/content/el-profeta-de-la-esperanza ).

Yo mismo escribí en otros tiempos dos libros sobre ella, que aun siguen rodando (Esquema Teológico de la Vida Religiosa, Sígueme, Salamanca, y Tratado de Vida Religiosa, Claretianas, Madrid), que aún siguen rodando por ahí. He participado y participo en encuentros y talleres de vida religiosa, y no he dejado de reflexionar sobre ella.

Dejé de ser religioso mercedario de claustro hace unos años, pero lo sigo siendo de corazón y empeño, y sigo convencido de que la vida religiosa tiene una función muy importante en la Iglesia y en la sociedad.

Las notas que siguen forman parte de una reflexión pausada que sigo realizando sobre el tema. Es algo larga, y general. Así la ofrezco, como fundamento evangélico (cristiano) de la vida religiosa.

La primera imagen esta tomada de la página web del Monasterio de Sobrado, Galicia (mail.google.com/mail/u/0/?tab=wm#inbox/152992a2b2a44299 ), al que me une una antigua amistad. La segunda ha sido el logotipo del Año de la Vida Consagrada 2015. Buen día a todos, en especial a los amigos y amigas de la vida religiosa.

El evangelio de la vida religiosa

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El Vaticano II quiso interpretar la vida religiosa a la luz del mensaje y de la pascua de Jesús y de esa forma la define como una señal preclara del Reino de los cielos (PC 1). En este aspecto, podemos afirmar que ella pertenece de manera indiscutible no sólo a la "vida y santidad" de la iglesia sino también al mismo "corazón del evangelio", como presupone el párrafo final de LG 44. En esta misma línea debemos citar las palabras centrales de ese número:

Porque al no tener el pueblo de Dios una ciudadanía permanente en este mundo, sino que busca la futura, el estado religioso, que deja a sus seguidores más libres frente a los cuidados terrenos, manifiesta mejor ante todos los creyente los bienes celestiales (presentes incluso en esta vida) y sobre todo da un testimonio de la vida nueva y eterna conseguida por la redención de Cristo y preanuncia la resurrección futura y la gloria del Reino celestial. Y de esta forma imita más de cerca y representa perpetuamente en la iglesia aquella forma de vida que el Hijo de Dios escogió al venir al mundo para cumplir la voluntad del Padre (LG 44)

Conforme a esa visión del Vaticano, queremos tratar de la finalidad y carisma de la vida religiosa dentro de la iglesia. Para ello volvemos a situarla en el centro del mensaje y vida de Jesús, para arraigarla luego en el camino pascual de la iglesia, conforme al esquema que sigue: desarrollamos los siguientes puntos:

Mensaje de Jesús. La vida religiosa sigue anclada en el mensaje de Jesús que anuncia el Reino para todos los hombres.
Acción de Jesús. La vida religiosa quiere expresar en el mundo el sentido de la vida de Jesús; en ese aspecto interpretamos su acción como hondura total de su vida y de su entrega hasta la muerte.
La experiencia de la pascua. Los religiosos quieren ser testigos de la resurrección de Cristo dentro de este mundo. Ciertamente, viven con los demás, sufren con todos; pero son testigos de una realidad más alta, del don ya recibido del Reino de los cielos.
Signo eclesial. La vida religiosa pertenece al mismo corazón de la iglesia; por eso expresa un elemento común de la vida cristiana.
Fin y carisma. Conforme a todo esto, la vida religiosa es vida carismática que se debe actualizar a lo largo del tiempo.

1. MENSAJE DE JESÚS

El Dios del Antiguo Testamento se define como aquel que pone en marcha el camino de la historia, conforme a la palabra originaria que dirige a Abraham: "Vete de tu tierra y de tu patria... a la tierra que yo te mostraré. Bendeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra" (Gen 12, 13). La palabra de Dios arranca al hombre del pasado, de su vinculación sagrada con la tierra, poniéndole en camino hacia el futuro de su verdadera humanidad, que se define en términos de bendición universal. Desde ahora resulta significativa la división de los hombres.

Por un lado está Abraham, es decir, el pueblo de Israel que es portador de la promesa, como pueblo consagrado a Dios en el camino de la historia.
Por otro están las gentes que se ponen en contacto con el Dios de salvación a través del pueblo israelita. De esta forma se inicia una dialéctica de universalismo y particularismo de llamada abierta a todos y elección de pocos que culmina en la iglesia de Jesús y, de algún modo, en la misma vida religiosa, como luego indicaremos.

Esta misma perspectiva se conserva y profundiza a través de los profetas. Ellos han ido descubriendo las señales de Dios a lo largo de la historia israelita, en un proceso lleno de dolor, de fracaso y esperanza. Saben que la ausencia de Dios es destrucción y muerte para el hombre. Pero al mismo tiempo, saben que Dios vuelve a los hombres, para trazar una historia de amor y plenitud en medio de las ruinas del pasado. Por eso han ido precisando los rasgos futuros del Reino como presencia transformante y creadora de dios que culmina la historia de los hombres. Este serpa un Reino del ungido que actúa con los dones del Espíritu de Dios (Is 11); es Reino del pueblo renovado que recibe un Espíritu de Vida sobre el valle de los huesos secos, dispersados, muertos (Ez 37).
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Sobre ese fondo se sitúa el mensaje y vida de Jesús. Para encuadrarlo con mayor exactitud tenemos que citar a Juan Bautista. Juan es apocalíptico: asomado a los caminos de la historia israelita ha descubierto que esa historia se termina: han fracasado los proyectos salvadores de Dios para los hombres; el mismo pueblo de Israel ha terminado y ya no puede existir Reino del mesías sobre el mundo. Por eso no queda más salida que el gran juicio: Dios se acerca para decidir en forma justiciera el ritmo y el sentido de la historia.

Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo... El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en le granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga (Mt 3, 10-12)

Estas palabras del Bautista nos sitúan ante un tipo de vida religiosa concebida