Lunes, 28 de septiembre de 2020

Carbonerías, una necesidad de antes

Aunque hoy están casi desaparecidas, en el pasado era algo necesario para el vivir de cada día y raro era el pueblo que no contaba con una

Las carbonerías, esos lugares donde antaño se vendía el carbón, y hoy día, casi totalmente desaparecidas, algo necesario para el vivir de cada día y raro era la calle o el pueblo que no contaba con una. Instaladas en algún local o bien bajo una techumbre en la casa donde vivía el vendedor, "El carbonero". Entrar en una carbonera era como entrar en un mundo oscuro donde una nube de polvillo oscuro se respiraba a tu alrededor.

De entre todo aquel polvo salía el carbonero, un hombre que nunca se sabía de que color era exactamente su piel, pues siempre estaba tiznado de negro al igual que sus manos y el delantal que llevaba puesto para no manchar su ropa.

Había en la carbonería, una romana para pesar y una pala con la que cogían el producto que los compradores le pedían. Dentro del establecimiento se apilaban los sacos de carbón, de cisco y de cisco picón. En un rincón amontonaba los desechos como la carbonilla, muy apreciada para que prendieron bien las llamas.

Hoy día sólo queda el recuerdo de aquellos que las conocieron y las vivieron y que saben que lo que en ellas se vendía era primordial en la vida cotidiana.

Y como recuerdo a esos carboneros, esta coplilla popular: "Vaya una gracia,  -  vaya un salero  -  que tiene, madre,  -  mi carbonero."

FOTOGRAFÍA

  • Carbonería de la localidad de Peñaranda. Sin fecha ni autor conocidos.