Sábado, 21 de septiembre de 2019

El padre de mi amigo

El padre de mi amigo está en la recta final de su vida. Y acumula, además de tanta vejez, una vida de luchador empedernido. Salido hace mil años de la nada (como tantos hombres de ese tiempo), trabajador, emprendedor, fundador de una empresa de cierto nivel y vuelta a desaparecer con los malos tiempos, con trabajadores a su cargo, padre de familia numerosa, y repuesto otra vez en el anonimato inicial en los difíciles tiempos del final de su vida. Encima jugó al fútbol, lo hizo de extremo derecho y (creo) no lo hizo nada mal. Hoy, medio ajeno a casi todo, se está despidiendo del mundo poco a poco.

               [Img #547280]Hoy veía la entrevista de un político (da igual su afiliación ahora, todo confluye en idéntico punto) en la tele que decía que su jornada era atareadísima. Se acostaba tarde y debía madrugar al día siguiente en que tenía varias entrevistas en emisoras de radio, viajes y viajes y mítines. Definía esa actividad como agotadora. Y yo me preguntaba a mi vez qué se preguntaría desde su cabal pensamiento de tiempo atrás, el padre de mi amigo viendo a ese político: ¿pero a eso le saca este algo? Diría. Y es que eso de dedicarse a la política como un oficio serio le parecería un chiste malo. Él, que cada minuto de su vida se habría jugado cada garbanzo sin que nadie le ayudara a salir adelante. Un autónomo vocacional. Un desheredado de la España de la subvención fácil. Eso que ahora se ha dado en llamar un creador de riqueza, un emprendedor, empleador y, en suma, un luchador de la vida a cuerpo pelado. Ahora del todo arruinado, ya muy viejo (infinitamente viejo), al final de tan largo camino, ya no se da cuenta de tanto disparate y no puede criticar. Pero seguro que desde su pragmatismo vocacional se diría: ¿pero es serio dedicarse a algo así? ¿y por eso le dan dinero? Se habría sonreído con ironía y le daría otra calada al sempiterno puro, dándose media vuelta y marchándose con elegancia y las manos en el bolso de su abrigo.