Viernes, 30 de octubre de 2020

Los golpes suenan: ¿qué hacen las instituciones?

El domingo pasado la policía local de Salamanca intervino en una brutal pelea entre menores que tuvo lugar en la céntrica Plaza de Monterrey. Insisto, todos eran menores y ocurrió poco antes de las dos de la madrugada. Estos hechos se repiten en ciudades más grandes, hay bandas muy estructuradas con reglas claras. Una de ellas, se denomina Los Maras, de procedencia latinoamericana, ésta es de las más crueles y violentas que actúan en España y se extiende por Cataluña, Madrid y Levante. Tampoco les falta oportunidad para reclutar [Img #546383]chicos y chicas españoles atraídos por el gusto al riesgo y al ejercicio del poder sin paliativos. Sus ajustes de cuentas son con otras bandas, como los Ñetas o los Latin King. Pero si algo tienen en común todos ellos, es el uso de las chicas como hembras de su propiedad, cuyo sometimiento y disponibilidad sexual nunca se discute y, mucho menos, se disputa entre otros hombres del grupo. Los grupos nazis están del lado de la pureza extrema y también se sirven de chavales y chavalas, disponen de música propia; de hecho la música denominada “skin-nazi” es una forma de aunar a muchos ultras de fútbol, el cual, no solo es un evento deportivo, sino una justificación para el desahogo de algunas aficiones adictas al racismo, sobre todo, cuando el gol del adversario les indigna y los insultos al jugador son dardos a su persona. Aquí no caben derechos humanos que apelar y, por supuesto, las sanciones son deglutidas por la contabilidad de los Clubes de Fútbol, como si fueran un mal menor. Por otro lado, las Instituciones Locales, Ayuntamientos, o las discutidas Diputaciones Provinciales, parecen pensar que estos temas son más competencias del sistema educativo, o un problema de sus familias. Como si la escuela, o el instituto fuera el comodín tranquilizador para no hacer nada al respecto. Y sólo cuando los golpes desfiguran la cara de un menor, o hay un asesinato, saltan las alarmas. Pero en realidad, es la policía especializada en bandas, o bien los medios de comunicación los que prestan atención a esta barbarie. ¿Por qué no hay planes contra la violencia entre jóvenes? ¿Cuántos Ayuntamientos disponen de una estrategia para contrarrestarla? Y por supuesto, coordinada, porque aquí sí que no vale ponerse una medalla, o asegurarse una foto. Hay ejemplos magníficos contra la violencia. Unos menores cantaron contra el Bullying, su nombre: Factor X Rap. Ellos no hablaban de oídas, lo habían sufrido. Su vídeo alcanzó los 43.000.000 millones de visitas. Que dicho sea de paso, para afrontar este problema en España sólo en el País Vasco existe una oficina especializada, el resto del territorio lo resuelve como puede. Es urgente apropiarse del código de la violencia, descubrir qué es lo que resulta tan atrayente para los jóvenes.  En suma, qué tiene de fascinante para que ésta sea central en los juegos de rol, o que los héroes de cine, resulten más creíbles cuanto más canallas son. No se enamoran, no tienen amigos, sólo enemigos a derribar. Porque de tener sentimientos éstos serían una debilidad imperdonable. ¿Cómo se neutraliza esta pauta social? Es decir, ¿dónde se aprende a mostrar sentimientos ante los demás sin sentirse un “pringado”? Por estas razones, resulta torpe y precaria una respuesta institucional que sólo recurra al control policial, o los encierre en instituciones con medios humanos y presupuestarios insuficientes. Pero si la cosa llega a más, seguro que las responsables políticos se sumaran a las condolencias públicas por el daño causado.