Martes, 25 de febrero de 2020

... el lobo bueno

Esta misma semana ha sido exterminado el último grupo de lobos que quedaba en Euskadi, en una batida realizada, en Karrantza, con la autorización oportuna de la Diputación Foral de Bizkaia. Durante la cacería, y gracias a que no se había establecido ningún cupo en el número de individuos a cazar, fueron abatidos tres lobos, los últimos del único grupo que tenían establecido su territorio en Euskadi. La escusa para dicha batida, como en todos los sitios, era que, en las últimas semanas, se habían registrado varios ataques hacia rebaños de ganado. Y, por mucho que, según la propia Diputación “se hayan seguido las indicaciones establecidas en la legislación vigente y se ha respetado el criterio foral de mantener el equilibrio entre la protección de la cabaña ganadera y la gestión de una especie no cinegética”, no deja de poner de manifiesto nuestra total falta de empatía, hasta el exterminio de hecho, con una especie única.

Quizá tiene que ver con el hecho de que, hace más de un año, los colectivos naturalistas solicitaron por escrito al Gobierno Vasco la inclusión del lobo en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas, siendo ignorado hasta el momento, y sabiendo que este desatino podría ocurrir. Y no es el único sitio donde se han propuesto exterminarlos: el año pasado, el diputado regional del PP, Luis Venta Cueli, prometió que, si su partido ganaba las elecciones, eliminaría la especie de Asturias, dejándolos cazar libremente: amor a la naturaleza en estado salvaje, y con el apelativo salvaje es evidente que no me refiero al lobo. Ya hice mención a la figura del alimañero, que sigue vigente en Castilla y León, pero a quien han cambiado el nombre por un eufemismo para civilizar la barbarie: “Especialista en Control de Predadores” [http://bit.ly/1Uvx0Ll]. Y ahí seguimos.

Una creencia que está demasiado arraigada en ciertos colectivos, es que los animales salvajes son competidores directos de los intereses humanos, siendo considerados alimañas, que hay que exterminar, o mantener a raya. Y el lobo, por su posición en las cadenas tróficas, representa como ningún otro animal, esa visión de competidor. De nada sirve destacar su papel esencial asignado en el ecosistema, pues mantiene el equilibrio natural, porque ataca a los individuos enfermos, o más débiles, evitando la proliferación de enfermedades. De nada sirve aclarar que hablamos de una especie única en el mundo, el lobo ibérico, que, cuando sea exterminada, nuestros descendiente nos dirán que en qué coño estábamos pensando para erradicarla.

ONG’s animalistas y conservacionistas están trabajando para variar esa concepción, luchando contra el poderosísimo lobby de caza, que no solo incluyen a los cazadores, sino a los grandes empresarios del sector cinegético. Y estos no están dispuestos a perder el dinero invertido, reclamando sus beneficios. Y están representados en todos los Consejos, Juntas y demás órganos públicos, que deciden sobre la muerte de cualquier animal, sin que, de momento, tenga constancia de ninguna representación de quienes abogamos por la defensa de la naturaleza. No hace falta retrotraernos hasta la película de “La Escopeta Nacional”, de Berlanga, para darse cuenta que es en cacerías de alto copete, rifles y escopetas mediante, donde se toman muchas de las decisiones que nos atañen a todos… aunque no se nos tenga en cuenta.