Martes, 27 de octubre de 2020

Corruptelas, corrupciones o corruptazas

Frustración, rabia, repulsa, indignación, vergüenza e impotencia. Muchas son las palabras, los adjetivos, que podía emplear para transmitir a través de estas líneas todo lo que me generan las causas abiertas por corruptelas, corrupciones o corruptazas.

Me estomaga la condición que alguien tiene que tener para con una mano pedir al respetable que le vote mientras con la otra hace el egipcio de manera inmisericorde, es verdaderamente nauseabundo. Una peste que no conoce de colores, ni de diestras ni siniestras. Y de la que, siendo justos, siguen existiendo excepciones libres de contagio.

Pero al actualidad manda, y en pleno puzle presidencial, al Partido Popular le estalla en la jeta su sucursal valenciana. Si ya tenía Rajoy las cosas complicadas, el golpe le aparta aún más no solo del asalto a Moncloa, si no del timón torcido de un partido que pide a gritos pulso firme.

Los suyos intentan aplicar un, permítanme, poco edificante cortafuegos para que esto no afecte en las “negociaciones” ni en un futurible próximo escenario electoral. Intentan tejer una especie de traje de amianto para impedir que las ascuas del latrocinio asciendan, pero hay tantos focos de lumbre que no entiendo como las cosas pueden seguir de la misma manera.

Me solivianta profundamente este nuevo episodio indigno que se une a Púnicas, Gurteles, Barcenas y demás mastuerzadas, sin que aquí nadie ponga orden y fumigue de una santa vez tanta obscenidad.

Porque desde el entendimiento de que garbanzos negros pueden colársele a uno en la olla, lo que me sorprende es que aquí hablamos de pucheros completos, algo que tenía que dar que pensar y sobre todo que actuar.

Y no es que yo tenga la solución, válgame Dios, pero es que ya están tardando en crear o poner en marcha no sé si un órgano de ejecución de justicia interna, o llámenlo como quieran. Que sea efectivo, real y ejecutivo. Ejemplarizante.

Es fundamental marcar pauta y ser los primeros en detectar, denunciar y poner a disposición de las autoridades a quienes hagan de la política delincuencia o autoservicio. Por higiene, por imagen, pero sobre todo por principios. Vamos, todo lo contrario a borrar ordenadores, ofrecer cómodas inmunidades y demás galguerías.

Quizás al leer estas líneas y piensen que soy un iluso, y quizás lo sea. Pero no entiendo que se acabe con nada de esto si no hay una voluntad inequívoca con la desinfección. Porque es complicado que alguien pretenda dirigir mayores empresas si no es capaz de gobernar su corral.  

Y de nada sirven pactos contra la corrupción que no son más que papel mojado, un tosco burladero de la ética que sirve para poco o para nada. Porque por mucho que se firme, se gaste tinta,  estas  pomposidades no van más allá de la foto y la pantalla recurrente para el futuro. Lo que  la corrupción necesita es acción, algo igual de sencillo que de difícil, por lo que parece.

No darse cuenta que el PP corrupto, amoral,  trabaja para la izquierda y para ciudadanos, es no saber qué música suena ahora mismo. Pero quedarse solo en esto no vale. Y es que los líderes patrios, y no tan patrios, de la gaviota tiran de argumentario de preescolar para intentar salvar los muebles diciéndonos eso de que “esto era de antes, que el sistema funciona”, y demás despejes… Pero lo que no asumen es que antes ya estaban la gran mayoría de todos estos que hoy echan balones fuera como si llevaran dos días de servicio. Cepillándose, sin inmutarse, la chaqueta mientras la porquería sigue en la tela,  creyendo que el respetable se chupa el dedo. Ese mismo índice que pretenden que sigamos mirando como necios mientras lo que realmente hay detrás es una luna como la de Valencia de grande.

Pero si las capacidades internas en este tema son cuestionables, la dilación de la justicia en estos casos es preocupante. Gurteles, Bárcenas, Eres, Puyoles, Púnicas, Taulas…

Un retraso con sabor a impunidad para los ciudadanos, que se convierte en un terremoto con múltiples replicas para los interesados, y sobre todo para el sistema. ¿Qué más tiene que ocurrir para que exista una ley específica, ágil y sobre todo contundente? Vamos,  de esas que a cualquiera de estos prendas se les quite la idea de cometer el mínimo desliz. ¿Qué más tenemos que ver, que leer?

Y es que esta lacra unida a una nueva-vieja hornada de profesionales de la flotabilidad, produce un cóctel explosivo que aleja al votante, repele a sus bases y carga de munición, en forma de votos, a los rivales. Pero lo peor es la inacción, la parálisis. Ese descoloque que lo único que nos puede traer son salvadores apátridas y populacheros renegados.

Sé que las cosas ahora en lo político andan por otros derroteros, pero es imprescindible una reforma de la ley. De la electoral, la de partidos, de transparencia en las donaciones y penal en las responsabilidades públicas.

La dedicación a lo común, por sufragio directo o indirecto, quizás sea la única o de las únicas tareas que teniendo que ver con lo de todos, menos responsabilidades legales asume. Al menos al nivel de la responsabilidad, capacidad de acción, jornales y medios a disposición.

Pero bueno, no sé si el burro aprenderá a andar a base de topetazos, pero la cosa creo que ya ha llegado a un punto de no retorno y de esterilización urgente. Y aunque he dado mi opinión sobre esa corrupción ilegal, creo que existe otra legal más subterránea, de foco bajo. Una corruptela moral, ética, que amparada en las leyes a medida, ejecuta decisiones personalísimas sobre las que la decencia reluce por mera ausencia. Esa de barniz lustroso y carcoma antigua.

Los que algunos llaman las formas, y otros creemos que tiene algo más que ver con el hormigón armado y la faz acementada. Pero esa la dejo para otro día…