Lunes, 3 de agosto de 2020

Id y traed un poco de laurel

Enero, y 28, día de Santo Tomás de Aquino...

"El que quiera saber, que vaya a Salamanca...", se oye todavía por los ecos de la Historia.

Y aquí que nos mandan a sus vástagos los patriarcas familiares desde hace 800 años. A por el laurel ése de las aulas, a por los brillos de la orla, a por el oro que ritintinea en la boca de los demás cuando se nombra al licenciado, a la profesora, a los de la alta cátedra, a la  conspicúa doctora..., que buscan sin pretenderlo, aquello de don Miguel de "...di tú que he sido". 

Y son,fueron, y serán por Salamanca, que esos son muchos mármoles, tú.

"Salamanca la blanca, quién te mantiene..., sino cuatro estudiantitos que van y vienen..." canta el tuno en cualquier noche de multiplicadas lunas llenas hasta las tantas.

Hoy me acuerdo del estudiante , el que entretiene bártulos con nueva picaresca por acá o por la Alcalá de Cervantes, por la Pucela castellana o por lo compostelano, por los madriles de mil fortunas académicas o por...

Yo, que aún no he superado el examen de la Enciclopedia Álvarez, os brindo este homenaje, desde la, como diría un cronista añejo: "Sin par Salamanca".

Pero da la casualidad, toda juguetona y nada casual, que aquí todo se nos ofrece a pares: dos catedrales, dos universisades; los dos tiempos de lo que eras y lo que serás, las dos épocas también, que son en la que estás y en la que recuerdan los vítores; y las dos realidades que son en la que se vive el humano cuerpo, y en la que nos sueña la melada arenisca de los monumentos,y, para terminar -que esto se va haciendo largo- un lugar donde como en pocos conocerás la simetría rota del valor estudiantil del tú y yo juntos: ¡El mundo nuestro!

Venga, estudiante, aúpa, que te animo a que no descuídes la labranza halconera y calista de tus estudios, que será la cosecha huertana y melibea de tu futuro, pues, como dice el admirado maestro José Antonio Marina de blanco y educacional libro: ¡Vosotros sois la nueva riqueza de las naciones! 

Y ahora me gustaría entonar el  Gaudeamus Igitur, pero no me tienen hoy su afine mis cuerdas, así que cantaré aquello que una señora me dijo -una vez que me andaba yo por Cuenca de visita- al decirle que era charro, y recordar ella su juventud estudiantil: "Dice mi padre que estudio en Salamanca, pero yo paso allá los días embelesando con mi carita como la nieve de blanca."

Vale.