Jueves, 20 de junio de 2019

Cuestión de edad

Desde la perspectiva de tener unos años ya encima afirmo que el pensamiento cambia, que el posicionamiento ante el mundo también, y que las cosas ni se hacen ni se dicen de idéntico modo al de hace años. Que eso de la experiencia sí que es un grado y que uno intenta poner en solfa hasta principios que parecían inamovibles tiempo atrás. El escepticismo y el relativismo se anteponen a todo. Al menos me sucede y algunos cercanos coetáneos sé que también.

                [Img #539056] Por eso de siempre me pareció que los de una cierta edad estaban más próximos a la razón que los más jóvenes. O al menos a la hora y el modo de comunicar esas razones. Un juez, un médico, un político-gestor, un profesor, un comerciante, un ganadero, tenían y representaban una edad apropiada para conocer y saber cómo se debería llevar cada asunto, para otorgar credibilidad a sus actos y, desde la experiencia, siempre dar con el matiz y el veredicto adecuado para cada caso. La sociedad entera depositaba su confianza gestora en personas así. Hoy eso no sucede ya. La juventud parece ser un valor constante al alza en nuestra sociedad con prisas. La emergencia. Y al revés sucede con lo que representa vejez y experiencia asociado a decadencia. Lo acabamos de ver en las pasadas elecciones. Lo del cambio generacional precipitado (siempre según mi parecer).

                Excepto Carmena casi único espécimen  jurásico en extinción que se les ha metido de rondón en un principal ayuntamiento, los demás son menores de cincuenta, bien bregados en mítines, pero carentes de brillantes currículos profesionales (acaso por edad), de responsabilidades gestoras de peso y por tanto de experiencia. Hasta en las comunidades de vecinos se rotan cargos, o se eligen en función de quien ofrece experiencia, razones prácticas, mesura, educación, capacidad y no tanto una imagen y una edad. Aquello de que con el pan no se juega. Y un gobierno y un parlamento controlador exige cuando menos de miembros con experiencia en la vida civil y pública. Exige cordura, sensibilidad, capacidad, mesura, experiencia para decidir y aplicar y, en muchos casos, plegarse educadamente ante soluciones más prácticas y aplicables. Podría valernos el ejemplo de la configuración de un parlamento como el de la transición. Mismamente ese.