Jueves, 29 de octubre de 2020

Con la estrategia hemos topado

Demasiado tiempo en el poder convierte a uno en un mecanismo de resistencia en vez de un factor de innovación. Esto escribía José María Aznar en sus memorias políticas en relación a su decisión de no permanecer más de ocho años en el gobierno de España. Y creo que tiene una gran parte de razón, demasiado tiempo manejando hilos desvirtúa intereses y castra empujes.

Y esto, aunque igual tenga poco que ver, me viene a la cabeza precisamente en ahora que no se habla más que de estrategias, posiciones, encuentros y desencuentros. Y es que España sigue en un vilo.

En un qué sé yo sobre el que planea un efluvio, así de primeras,  a engancharse al butacón. Unos porque ya lo tenían y otros porque lo ansían.  Y como dicen que los caminos del señor son insondables, al igual que los de la política, cada cual va trazando el suyo.

Y no crean que lo critico, lo entiendo, debe ser así. Y es que la lucha por imponer programa empieza por hacerse hueco. Y si les cuentan que no es momento de estrategias, no hagan caso. Precisamente estamos en plena partida.

Una en la que  el PP no mueve ficha. Sigue hierático y llorando por las esquinas pidiendo su gobierno de "gran coalición" a la alemana.

Y yo digo no a un gobierno con las dos grandes fuerzas en el, me parece un error para la España de hoy. Porque imagínense el marrón en el que se meten si el PSOE dijera que sí…Y es que sin entrar en eso de la falta de madurez democrática, que haberla hayla,  no le fio ni un suspiro a esa supuesta “entente cordiale”. Sería un fracaso absoluto y estratégicamente colocaría a Podemos, aún más, en posiciones de poder, y me explico.

Un gobierno de concentración, de consenso entre PP y PSOE,  significaría darle la oposición y hacer alternativa de gobierno a Pablo Iglesias. El morado no gobernaría pero pasaría como el único, con el permiso de Rivera, que hace frente al “bunker” de la vieja política, colocándole cómo opción y referente  único frente al mando. Así  que vendernos esa moto  sería hacerle un flaco favor a España aunque por el camino salven algunas posaderas.

Entiendo que en la España de hoy, con tantos reproches, tanta memoria ideológica y tanto interés. Un Rajoy & Sánchez duraría dos telediarios y dejaría una buena autopista para el universo podemita.

Y parafraseando a los chavistas renegados, recuerdo la última vez que el destino, esta vez en forma de lágrima y no de sonrisa, provocó el que hasta ahora ha sido el más nefasto gobierno de la democracia. Y ahora parece que ese mismo destino está tejiendo otra jefatura.

Creo que el PP no debe de arrojar la toalla, pero ante el panorama es el momento para el rearme. Los populares deben hacer borrón y cuenta nueva, y empezar la segunda o tercera refundación de un partido tocado de naftalina, caspa, demasiados intereses personales, intrigas de salón, y como decía Aznar , demasiados mecanismos de resistencia.

Algo que  debe abordar sin demora, a dolor vivo, al no haberlo hecho de manera progresiva.  Ver por una vez más allá de sus narices e intentar rearmar un proyecto sólido para dentro de un par de años. Y de esta manera plantear una alternativa a la altura de lo que la gente demanda y sus cabreadas bases necesitan. Unas bases tan amplias como divididas y vaporizadas.

Porque no voy a entrar en la táctica de verlas pasar de Rajoy, una táctica impropia de quien lidera y pretende seguir haciéndolo. Tan poca proactividad es alarmante, aunque sea para ganar tiempo y fomentar la precipitación de sus contrarios. Que quieren que les diga, no lo veo, me parece amarrategui al máximo. Pero también es cierto que hasta un reloj parado acierta dos veces al día, y  Rajoy algunas veces ha dado hasta la hora.

Ese riesgo rajoniano de erigirse como pilar al que asirse ante un fracaso de Sánchez e Iglesias, no solo es arriesgado. Creo que tiene todas las papeletas de quedarse así, como un pilar. Hierático, frío, impasible y monolítico.

Ahora que para no entrar en la cuestión ya he dicho bastante.

Del otro lado está el ansión de Sánchez por coger el que puede ser su último tren aunque los compañeros de viaje sean los que antes repudiaba y ahora le ningunean, por ser suave.

 La única salvación de este pacto de segundones, legal y hasta democrático,  que fagocitará al centenario socialismo, son sus baronías y demás estrellas invitadas. Aunque en algunos casos es difícil eso de decirle a tu líder que no pacte con quien ellos mantienen gobiernos.

 Pero lo que si hay que reconocerle a Sánchez es su “respeto” por permitir a Rajoy ser el primero en intentar formar gobierno, todo un detalle. Mientras él es incapaz de sentarse, dialogar, aunque sea para discrepar, con quien ha ganado las elecciones. Dudosas credenciales para quien quiere ser presidente…

Y el más listo de la clase sigue haciendo de las suyas llevando la voz cantante, marcando tempos desde la tercera plaza. No me digan que al menos estratégicamente no tiene mérito, lo tiene. Pablo, Pablito, pablete ha conseguido erigirse como baluarte, esperanza y motor de la izquierda en este país. Enarbolando un supuesto cambio, un muro frente a un PP que solo puede llorar en el hombro de Ciudadanos.

Sé que es difícil, imposible, una quimera inalcanzable. Pero si hubiera una sola posibilidad de dialogo, de entendimiento, respetando papeles y con España y los españoles como horizonte, no sería un mal momento para tapar la boca a todos los que piensan que la clase política se sirve más que sirve.

Pero para esto hay que tener una inequívoca voluntad de servicio y un profundo sentimiento hacia el país, España, al que se pretende gobernar. Pero ya saben que si esto de las estrategias no funciona, lo siguiente es volver a las urnas, otra vez… Que pereza.