Jueves, 24 de octubre de 2019

San Sebastián, historia y fe

Hace más de cien años, en la tarde del 19 de enero de 1812, el pueblo mirobrigense, invadido por las tropas francesas, recurrió a su poderoso protector San Sebastián y, procesionándolo, por calles humeantes y sangrientas, se logró que Lord Wellingtong, más tarde Duque de Ciudad Rodrigo, impusiera orden y disciplina, castigara ejemplarmente a los maleantes y él mismo, en reparación por los ultrajes, depositara a los pies del santo sus atributos jerárquicos (sombrero, espada, bastón y fajín) y concediera al santo el título de “Capitán General”.

[Img #536978]Desde 1813, el Pueblo, el Ayuntamiento y el Clero vienen festejando esta efemérides de fe y de historia. Más tarde, en 1856, el Señor, por medio del santo, liberó al pueblo de una epidemia de peste y el Ayuntamiento promovió, desde entonces, un novenario en su honor, primero en el templo de San Cristóbal, y, desde 1859, en la misma Catedral. En 1997, con la adhesión del Cabildo Catedralicio, del Ayuntamiento, de la cofradía, y de todo el pueblo, se confirma a San Sebastián como patrono de Ciudad Rodrigo.

Este es el sentido de esta celebración que nos une hoy y aquí a todos, sin que se rompa la tradición; es mucho más que un mero acontecimiento social: es un símbolo de historia y de fe, de agradecimiento y de compromiso. Una celebración que mira al ayer, refuerza el presente y abre al futuro. Un acto de fraternidad cristiana y de solidaridad ciudadana.

Otros años, como venía siendo tradicional, el Obispo que os habla, manifestaba unas claves o pautas para seguir caminando, al menos durante un año más, como ciudadanos y cristianos de este noble y muy leal pueblo mirobrigense.

No lo voy a hacer, por respeto a quienes no comparten nuestras creencias y han tenido la deferencia de participar en esta celebración. Pero sí me atrevo, en estos momentos socio-políticos – difíciles, inciertos y retadores – a recordar una especie de “Bienaventuranzas”, inspiradas en el recientemente fallecido y popular Cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuân, prisionero muchos años, como sabéis, en los campos de concentración comunistas de Vietnam. Sin ninguna otra pretensión, pueden ayudarnos a crecer juntos, como mirobrigenses-civitatenses, porque afectan no sólo a quienes ostentan el poder o son políticos de profesión, sino a todos los ciudadanos. Son palabras en clave o dimensión “ética”, que es lo propio de la Iglesia:

  1. Bienaventurados quienes tiene unan profunda y elevada conciencia de su responsabilidad como servidores del bien común.
  2. Bienaventurados quienes, por su personalidad y por sus obras, son dignos de credibilidad.
  3. Bienaventurados quienes trabajan como promotores y hacedores de lo comunitario y no sólo de sus propios intereses o los de los suyos.
  4. Bienaventurados quienes mantienen fidelidad y coherencia entre lo que creen y lo que viven, entre sus palabras y sus acciones.
  5. Bienaventurados quienes buscan siempre caminos de unidad y de paz, haciendo posible el desarrollo integral de las personas y de los pueblos. 
  6. Bienaventurados quienes están siempre comprometidos en la mejora de los cambios sociales, y lo hacen luchando contra el engaño y la corrupción moral, sin justificar como bueno a lo que es malo; respetando la dimesión religiosa y espiritual de las persomas, estableciendo prioridades solidarias en su acciones, y favoreciendo siempre a los más pobres y excluidos.
  7. Bienaventurados quienes escuchan al pueblo, antes, durante y después de las elecciones; quienes escuchan su propia conciencia; quienes escuchan a los más indefensos y desprotegidos; y quienes no estás cerrados a escuchar a Dios en su corazón.
  8. Bienaventurados, finalmente quienes no tienen miedo a la verdad; porque, como expresaba San Juan Pablo II, «¡la verdad no necesita de votos… Se defiende por sí misma!».

Hasta aquí, las inspiradas y sinceras palabras del cardenal Van Thuan., que, subrayo, no son políticas sino éticas. Como obispo de todos, deseo concluir con un recuerdo y con una petición al Santo.

El recuerdo, me viene dado de la mano de Gandhi: “El hombre se destruye por la política sin principios, por la riqueza sin esfuerzo, por la inteligencia sin sabiduría, por los negocios sin moral, por la ciencia sin humanidad, por la religión sin fe y por el amor sin donación ni misericordia”.

Y, la petición, en forma de oración, dice así:

“San Sebastián, patrono de Ciudad Rodrigo,

que en esto tiempos de búsquedas e incertidumbres,

como en la experiencia de los discípulos de Emaús,

sepamos acogernos y escucharnos unos a otros,  

sepamos celebrar la presencia de Jesús

en medio de nosotros,

y anunciar su Buena Nueva,

especialmente entre los más necesitados.

Que, como en un nuevo Pentecostés,

nos renovemos, como cristianos y ciudadanos,

a la luz del Evangelio,

y así encontremos nuevos impulsos para vivir y amar

a nuestras familias, a nuestras gentes,

y a esta tierra que compartimos.

¡Santa María, Estrella de la Esperanza, santos y santas patronos, acompañadnos en un caminar siempre con futuro, donde se unan la concordia y la paz, el trabajo y el progreso, los valores auténticos y el respeto a la vida desde su inicio hasta su final! Que no nos falte la bendición de Dios y la vuestra. Y que nuestros difuntos gocen ya de la paz y la luz eternas. Amén.

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo