Jueves, 22 de agosto de 2019

El borsalino y la teta

[Img #533491]Hay tanto y tan variado para comentar que uno se pierde entre los temas. Y va y elige dos de dispar calado y trascendencia. El primero me llevaba rondando la cabeza (nunca mejor dicho) algún tiempo. Y les pregunto ¿se dan cuenta del nuevo remake en la aparición de los borsalinos? Sobre todo en futbolistas y actores. Que van con él a todos lados. Y algunos con la visera hasta en la cama (muchísimo más antiestética, donde va usted a parar) y encima puesta del revés. Se cubren la cabeza en cualquier acto por cotidiano o relevante que este sea. Que le entregan un premio, allí que van cubiertos. Que dan una rueda de prensa o semiconferencia pública, también. Y eso cuando menos, a los que venimos de otras épocas y costumbres pues nos parece total falta de tacto y educación. Mantenerse tocados en espacios cerrados y ante auditorios no es educado. Impensable para nuestros abuelos que lo llevaron en tiempos con total naturalidad. También artistas plásticos y cinematográficos andan por esas modas. Y en estos me pregunto si no será (el borsalino o la gorra) una especie de tapón para no dejar evaporar valiosas ideas sobre la creación que estos genios atesoran. O simple moda, que pueda ser eso lo más probablemente.

            Y la reivindicación de la teta (o con la teta), pues otra moda. Que vamos de activistas femeninas (y de artistas también), pues a tirar de teta para mayor visibilidad y factor clave de protesta. La teta como objeto. Como elemento principal y reivindicador de lo femenino. Que hay que resaltar la función de la maternidad, otra vez teta al canto como clave reivindicadora. Y ese no es en estos tiempos, cuando menos, el uso natural de órgano tan femenino y tan unido a la función maternal. Hace años las madres se cargaban de hijos y de trabajos en casa, en la calle y el campo y tenían que ir con el hijo más pequeño a cuestas y darle comida (la única que había) a las horas que se podía. Hoy en día esas costumbres se han erradicado para bien de la madre y del hijo. Hay espacios, tiempos, y sustitutivos varios en alimentación, para que ese proceso ya no obligue a la madre a enseñar a los de enfrente tales parcelas corporales. De todos modos, como son modas, habrá madres que enseñen lo que les de la real gana y donde les de la real gana y encima se muestren tan ufanas de hacerlo. Son tiempos así.